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Carlos Robles

Son fuereños ¿y qué?

Algunas autoridades policiacas municipales de Coahuila, el alza de robos en las respectivas comunidades de esos jefes de los guardianes del orden, pretenden restar importancia al grado de expresar que la inseguridad que se vive con el pretexto y argumento de que son ladrones de “fuera”, es decir no radican en Coahuila, sino vienen de otras Entidades del país, recalcando en defensa por su impotencia de reducirlos, que no es nueva esa circunstancia, pues de siempre ha sido así.

Mi Columna

Son fuereños ¿y qué?

Por Carlos Robles Nava

Algunas autoridades policiacas municipales de Coahuila, el alza de robos en las respectivas comunidades de esos jefes de los guardianes del orden, pretenden restar importancia al grado de expresar que la inseguridad que se vive con el pretexto y argumento de que son ladrones de “fuera”, es decir no radican en Coahuila, sino vienen de otras Entidades del país, recalcando en defensa por su impotencia de reducirlos, que no es nueva esa circunstancia, pues de siempre ha sido así.

Al menos este es el razonamiento y pretexto del Director de Policía Municipal de Saltillo, el mayor Clemente Yáñez Carrillo, al dar una explicación a los saltillenses particulares o dedicados al comercio, del porqué tantos latrocinios en los últimos meses.

En sus declaraciones, agregó que el origen de esos rateros es Chihuahua y Nuevo León, rematando que esa situación no es nueva y que se sigue dando a nivel local.

Don Clemente, dijo en una entrevista de prensa: “Hay indicios que nos hacen presumir que es gente que viene de allá, principalmente de los robos violentos que se dan a negocios por las características como lo llevan a cabo, y principalmente por las señas de los vehículos que usan”.

Para consuelo de los saltillenses capitalinos, la máxima autoridad en materia policiaca de la ciudad capital, añadió que “todo el tiempo, ha sido así, hemos detectado que vienen de Parral, Chihuahua, una hora, delinquen y se van, igual de Monterrey, pero eso ha sido permanente, no de ahora”, recalcó.

Al menos, don Clemente quiso decirnos a quienes residimos en Saltillo, que hay que aguantar los robos y ser víctimas de los maleantes porque “siempre ha sido así” o bien, porque los rateros son “foráneos”, es difícil o imposible evitar que vengan a Coahuila, al menos a su capital a cometer sus fechorías.

Deja Yáñez Carrillo, la interrogante de que en la ciudad origen de donde vienen estas inmundas y miserables ratas de dos patas, tienen mejor vigilancia que les impide cometer sus raterías y que aquí en Saltillo, las autoridades policiacas son más dejadas o tarugas, para no decirles más feo anteponiendo la silabas de pen de…. que aquí en la tierra del sarape y el membrillo, es territorio propio para cometer cuanta fechoría se viene a la mente.

El que nuestro “máximo” jefe policiaco, nos diga que siempre se ha tenido esta incidencia delictiva, deja desarmados y sin esperanza y confianza de los habitantes saltillenses de una posible mejoría.

Mientras que en otros municipios sus autoridades locales hacen afirmaciones de que la delincuencia está disminuyendo, como tal lo ha hecho públicamente Torreón a través de su jefe policiaco, Adelaído Flores o bien de Monclova, el coronel Victorino Reséndiz, que dan a conocer cifras sobre bajas importantes en robos callejeros, de viviendas, de bancos, etc., aquí en Saltillo, las cosas son al revés, pero sobre todo muy “alentadoras y esperanzadoras” de acuerdo al jefe policiaco, que no subliminalmente, sino de manera directa le dice a la comunidad capitalina coahuilense, “aguántense porque no hay de otra” o hay que cambiar de residencia a Parral, Chihuahua o Nuevo León, en donde los ratas buscan oportunidades a su alrededor, porque en casa propia es difícil cometer hurtos porque allí en su residencia, la policía nos los deja.

Después de esto, es preferible que el mayor Clemente Yáñez Carrillo cierre la boca y con sus expresiones hacer más difícil la ya desesperante situación que viven los saltillenses que ya se cansaron de encomendarse a las once  mil vírgenes y dejar de encomendarse y quitar de sus bocas, el “Jesús mío, ampárame”, porque no hay para cuando lo hagan nuestras autoridades policiacas.

Ah, pos´ta bueno.(www.intersip.org)