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Guillermo Robles

La otra “Zona de Tolerancia”

“Dura hasta que se acaba” y “todo por servir se acaba”, son entre otras frases que acompañan a viejo refrán popular, y eso fue lo que le pasó a la Ciudad Sanitaria de Saltillo desde hace varios años.

OPINIÓN

Por Guillermo Robles Ramírez

La otra “Zona de Tolerancia”

              “Dura hasta que se acaba” y “todo por servir se acaba”, son entre otras frases que acompañan a viejo refrán popular, y eso fue lo que le pasó a la Ciudad Sanitaria de Saltillo desde hace varios años.

            Construida y diseñada para regular un mal necesario de la sociedad, con más de 40 años de servicio, la Zona de Tolerancia fue construida en un principio al igual que el de cualquier ciudad que cuenta con cerco sanitario lejos del área urbana para regular la prostitución, es decir, en éste lugar se permite libremente ejercer la profesión más antigua del mundo, pero bajo vigilancia de la autoridad municipal.

            Ubicada en el sur oriente de Saltillo, al final del bulevar Hidalgo y de la colonia con el mismo nombre, la Ciudad Sanitaria permitió que la actividad de la prostitución se ejerciera con mucho control o por lo menos con el suficiente para guardar las formas sociales y no permitir que las “mujeres malas” invadieran las calles a su antojo como pasa en otras cabeceras municipales en donde a la falta o cierre de éstos se proliferan entre las calles de la ciudad.

            Con el peso de los años, la situación fue cambiando y poco a poco la mancha urbana se acercó a este sitio peligroso, exponiendo a familias cada vez más a los vicios que implica un sector dedicado a ese negocio, pues hay que recordar que la prostitución no se ejerce nunca si no va acompañada de una buena dosis de alcohol.

            Tristemente el descontrol urbano permitió que algunas colonias se instalaran a pocos metros de este sector sin que ninguna autoridad pudiera intervenir, y ahora es posible ver una escuela de primaria a escasos 200 metros de la puerta principal de acceso a éste complejo del vicio, lo cual expone a los niños y a las madres de familia a recibir insultos de parroquianos a la cualquier hora del día o por lo menos a la hora que entran los niños a la escuela.

            Pero como todo, hasta lo permitido tiene un límite y de acuerdo a la nueva reglamentación estatal tanto en las Zonas de Tolerancia, bares, cantinas o lugar público en donde exista la venta de bebidas embriagantes el horario límite para su venta es hasta las 2 de la madrugada, en donde en particular este sector del placer sexual antes de la nueva reglamentación estatal, las autoridades actuaban con “tolerancia” y como tal tenían que durar unas horas extras para que los bares cerraran y desalojaran a su último parroquiano, lo cual esto no sucedía ya que iniciaba un nuevo día y en algunos lugares se podía escuchar la música de alguna radiola en los bares, pues al fin y al cabo, nadie se daba cuenta de ese pecadillo.

            La Zona de Tolerancia había sobrevivido el “bomb” de los “table dance” a la cual acudían la mayoría de la clientela de dinero, pero sobre todo jóvenes acudían ahí. Posteriormente se prohibieron en la entidad en donde su tiro de gracia fue la homologación de los horarios para antros y venta de bebidas embriagantes, provocando la migración de sexo servidoras a lugares donde pudieran continuar con sus servicios.

            Ante éstos principales problemas para la Ciudad Sanitaria y para los políticos así como para la ciudadanía considerados como regulaciones la cada vez más extinta Zona de Tolerancia empieza a pasar de moda y la latente silenciosa preocupación de que se llevara a cabo la prostitución sin control no solo de los vecinos del sector sur oriente de la ciudad, sino de otras áreas de la ciudad como el primer cuadro ya proliferan en los bares y cantinas que también operan libremente bajo la tolerancia de las autoridades o demasiados apegados a la ley de no poder detener a ninguna sexo servidora que trabaja ahí o en sus alrededores hasta no atraparla de manera infraganti, exhibiéndose el intercambio monetario por placer, es decir, en el momento exacto de la prostitución.

            El nuevo sector del vicio ahora se acerca a sectores residenciales, primer cuadro de la ciudad, centrales de autobuses entre otros. En éste nuevo sector del vicio, la clientela ha aumentado poco a poco, ahora hay más gente disfrutando de los placeres prohibidos en el norte de la ciudad, pero siendo peor la situación en las noches es fácil ver a prostitutas y homosexuales ofreciendo sus servicios en la vía pública, frente a la mirada indiferente de la autoridad porque los mismos patrulleros hacen como que no ven nada y permiten que se desarrolle esta actividad.

            Pero la vida nocturna no solamente es lo único que puede salir ante lo prohibido, sino corrompe a cualquiera porque también los taxistas hacen de las suyas, y a bordo de sus unidades se consigue todo tipo de placeres, desde servicios de mujeres y homosexuales anunciados en páginas de Internet llevados hasta la puerta de domicilios, departamentos, hoteles y moteles, así como también de cerveza y droga, pues al fin y al cabo ésta actividad es difícil de detectar y nadie puede revisar cada auto que ofrece el servicio de renta en la ciudad.

            Mientras éste problema no se tome como algo real, que existe y puede verse, la sociedad continuará buscando los placeres de la noche, en un sector sin control, sin vigilancia que existe, pero que pocos han querido ver. (Premio Estatal de Periodismo 2011 y 2013) www.intersip.org