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Carlos Robles

Un cáncer milenario

Por desgracia para la humanidad, hay cánceres que jamás tendrán cura por más que los “atiendan” y todo lo que se gaste en el intento y esfuerzo por erradicarlos, siempre quedarán rezagos y vuelven a retoñar.

Mi Columna

Un cáncer milenario

Por Carlos Robles Nava

Por desgracia para la humanidad, hay cánceres que jamás tendrán cura por más que los “atiendan” y todo lo que se gaste en el intento y esfuerzo por erradicarlos, siempre quedarán rezagos y vuelven a retoñar.

Al menos en México, no conozco una cárcel o penitenciaria o en los igual llamados Centros de Rehabilitación Social (CERESOS), donde no existan mafias, abusos, prostitución, insalubridad, chantajes, etc.

Puedo jactarme de conocer la mayoría de las ergástulas de Coahuila, incluyendo las llamadas Penitenciarias a excepción de la Federal que se encuentra en Monclova, pues he estado en ellas, aclarando, que afuera de sus barrotes y por razones de trabajo periodístico.

Durante cuatro años en Torreón cubrí la información de las fuentes policiacas y posteriormente seguí entrando y saliendo laboralmente en esos mal llamados CERESOS en el curso de los casi 58 años que cumplo en mayo de este año de andar en el traqueteo de la reporteada.

En días pasados, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, denunció públicamente la situación que encontró en las cárceles de mujeres del país, que es lo mismo en las de varones, tras realizar visitas en 77 de las 102 prisiones existentes en la República Mexicana y en las que se alberga a 12 mil 690 reclusos.

Señala que existen constantes violaciones a los derechos humanos, abusos sexuales, extorsiones y hacinamiento, prostitución carente de higiene, pésima alimentación, mal trato, los autogobiernos o sea que la autoridad en el interior de esos lugares cierto grupo de reclusas o reclusos.

El dictamen de la Comisión, remarca los privilegios de algunas pocas y algunos pocos internos que disponen en sus celdas de televisores, servibar, boiler, pisos y muros de material de lujo, teléfonos privados, celulares, cuotas en visitas conyugales, etc.

Recomienda la C.N.D.H., a los gobiernos estatales y federal, se subsanen esas deficiencias, más no dice conque recursos económicos contarán esos gobiernos para remediar los señalamientos, cuando en realidad enfrentan en sus entidades con múltiples y viejas carencias como escuelas, agua potable, luz, viviendas, etc.

De este cáncer no hay país que se haya escapado hasta el momento y como muestra en días pasados en los medios de comunicación de los Estados Unidos, se exhibió la imagen fotográfica de un joven de 18 años de edad, preso en una cárcel en Georgia, de la Unión Americana, tras ser golpeado y atado con una correa y atrás de dicho joven maltratado aparecen dos reos fortachones que fueron sus victimarios, porque aunque duela decirlo en el interior de las ergástula se impone la fuerza encima de los débiles.

La fotografía que ha dado la vuelta al mundo fue tomada con un celular introducido de contrabando al Centro Correccional de Formación Burruss. ¿ Cómo metieron el celular en un penal de EEUU que se jactan es de los más estrictos y vigilados ?.

Y, no es que las reclusas y reclusos no tengan derecho de tener mejor calidad de vida, después de que en su mayoría cometieron delitos de diferentes niveles, desde leves, regulares y hasta de lo más bestial que pueda tenerse memoria, en fin.

Por desgracia ese cáncer carcelario tiene historia milenaria no solo en México, sino hasta en los países más desarrollados, donde podrán tener celdas limpias, no haber apilamiento o hacinamiento de reos y donde no se tengan otros males que inundan las penitenciarías de nuestro País, pero no se escapan de la promiscuidad de internas e internos; de la compra de derechos para tener una mejor vida tras las rejas; de las extorsiones cuando no son de las y los mismos reclusos, lo son de los celadores o vigilantes; del tráfico de drogas y otras calamidades que viven estas y estos desafortunados que fallaron a las leyes.

Cuando se tiene acceso a las penitenciarías, se aprende que con “dinero baila el chango”, lamentablemente y que podrá haber limpias en determinado tiempo, pero que vuelven a retoñar este maligno cáncer predestinado para todas las cárceles del mundo, sin que eso suene a consuelo para México, pues es una realidad. (www.intersip)