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Guillermo Robles

Nuestro legado, ahogado en vicio

“Juventud que demuestra gallardía, que abre un panorama vislumbrante, que refleja la bóveda sombría y que tiñe de alegría su semblante”, esto es un verso del poema titulado “Juventud de Ensueño” por el autor Prof. Bernardo David Velásquez Figueroa y así existirán muchos otros poemas hermosos haciendo referencia a la juventud.

OPINIÓN

Por Guillermo Robles Ramírez

Nuestro legado, ahogado en vicio

“Juventud que demuestra gallardía, que abre un panorama vislumbrante, que refleja la bóveda sombría y que tiñe de alegría su semblante”, esto es un verso del poema titulado “Juventud de Ensueño” por el autor Prof. Bernardo David Velásquez Figueroa y así existirán muchos otros poemas hermosos haciendo referencia a la juventud.

            Pero la realidad y como lo expresaría cualquier poeta “la juventud, divino tesoro”, que no sabemos cuidar porque cada vez a lo que todos le apostamos a las nuevas generaciones  camina con gigantescos pasos hacia la tumba, víctima de la drogadicción y el alcoholismo en los 38 municipios de Coahuila.

            Incluso en ciudadanos considerados la crema y nata se dan algunos casos de refinados gustos por la drogas, siendo una de las más populares y ocupa el primer lugar después del cigarro de tabaco, la marihuana o hachís, cocaína, crack, alucinógenos como LSD, PCP, éxtasis, entre otros que conforme avanzan los días existen nuevas formas o derivados en presentaciones llamativos para la misma juventud convirtiéndolos en un producto «IN», tal como lo dice la chaviza o los dizque menos dañinos como la droga auditiva o visual que de algo si se puede estar seguro, que son cosas no sanas para esa juventud que tanto decidimos cuidar y que será nuestro legado.

            Quienes manejan o los capos que controlan el mundo de las drogas han utilizado desde tiempos inmemorables a niños de 8 y 9 años como burreros.

             Luego enfilan su ilícito y turbia actividad hacia  la juventud que cursa sus estudios de primaria y secundaria.

            Las drogas llegan hacia la juventud primeramente vía regalo y luego cuando ha traspasado las fronteras de la adicción son vendidas a alto costo.

            La ley orgánica señala que para combatir la drogadicción es necesario que se coordinen los gobiernos federal, estatal y municipal, que después de décadas se logró hacer un comando único entre las tres.

            La Procuraduría General de la República, mediante operativos y programas es la que debe marcar la pauta para exterminar a las grandes mafias y terminar a fondo con esa problemática de tipo social y no tirarlo al cesto las denuncias o que es lo mismo en el justo de los pecadores.

            Hay quienes consideran que los tres niveles de gobierno, mediante talleres de cultura, educación y empleo, podrán erradicar el problema del consumo de drogas.

            Mientras en Saltillo, Torreón, Monclova, Piedras Negras, Sabinas y Ciudad Acuña, la mayor parte es controlada o vigilada por las Agencias Federales para atacar los problemas de la venta y tráfico de drogas.

            Obviamente que dichas drogas siempre van acompañadas por el licor que en las últimas décadas en Saltillo, está ahogando en licor y cerveza y todo iniciando desde la nefasta administración de Rosendo Villarreal Dávila se vendieron concesiones de cerveza y licor como si fuera «pan y circo» en la época de Julio Cesar.

            A todos esos negocios denominados giros negros, que pasaron a ser en la modernidad «lugares turísticos nocturnos», se les puso en bandeja de plata la concesión de operar parte del día y noche, y los funcionarios de aquella época se colocaron gafas o lentes oscuros y su ojos no vieron a los que violaban los horarios de apertura y cierre, sin mencionar los clandestinos que todo mundo sabían dónde estaban menos las autoridades más que los «polis» que se acordaban para pedir su cuota nocturna para el dizque café o refresco.

            Aquella bonita época de vicio cuando Rosendo Villarreal y sus colaboradores se empacharon de billetes cuando terminó su gestión dejando a Saltillo hundido entre un mar de licor y cerveza.

            Por el alcoholismo se generaron problemas y enfermedades en las más de 350 colonias de la periferia en donde los giros negros se establecieron incluso a unos metros de escuelas y templos.

            Para eso sirve la actividad pública para adoptar aquellos que incapaz de manejar negocios familiares son arrojados al mundo de la política que en la actualidad tienen riqueza suficiente motivos de estar siempre envueltos en escándalos y en señalamientos de corrupción, pero lo peor del caso es que dejaron a los coahuilenses ahogados en licor y cerveza tarea que les ha costado mucho tiempo y dinero a las administraciones siguientes tener que limpiar. (Premio Estatal de Periodismo 2011 y 2013) www.intersip.org