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Carlos Robles

Ni a quien irle

Las instituciones, por su bien y la imagen que deben y están obligadas a conservar, tienen que extremar sus medidas precautorias por cuanto hace a la contratación de su personal, aunque hay que dejarlo bien asentado, es difícil la tarea porque no faltan los que abusen de la confianza que se les brinda y se meten en actividades delictivas en las que nada tiene que ver la institución en donde se le o les dio la oportunidad de laborar.

Mi Columna

Ni a quien irle

Por Carlos Robles Nava

Las instituciones, por su bien y la imagen que deben y están obligadas a conservar, tienen que extremar sus medidas precautorias por cuanto hace a la contratación de su personal, aunque hay que dejarlo bien asentado, es difícil la tarea porque no faltan los que abusen de la confianza que se les brinda y se meten en actividades delictivas en las que nada tiene que ver la institución en donde se le o les dio la oportunidad de laborar.

Viene al caso lo anterior por la detención la semana pasada en Ciudad Acuña, Coahuila, de dos sujetos a quienes se les encontró mariguana en 45 paquetes con un peso de varios kilos, además de una arma.

Uno de los dos, precisamente Miguel Ángel Pacheco Gutiérrez, pretendió evitar su detención diciendo que labora en la Comisión de Derechos Humanos en Coahuila, lo que efectivamente es cierto, para su mala fortuna, ya que los elementos policiacos estatales que lo interceptaron junto con su cómplice de andadas fuera de la ley, de nombre César Gustavo Guerra Rodríguez, no hicieron caso al “charolazo” que estaba aventando Miguel Ángel y procedieron a su revisión y encontraron la droga de los 45 paquetes de mariguana.

Pacheco Gutiérrez lleva siete meses laborando o llevaba, pues ante su complicada situación ilícita se desconoce cómo vaya a proceder la Comisión de Derechos Humanos del Estado, que definitivamente es la más perjudicada con este tipo de sujetos quien pensó y dio por hecho que decir dónde trabaja seguiría en su “segundo turno o chamba” o sea de traficante de drogas que es un hecho que debe dejarle mejores ganancias que ser simple notificador de la C.D.H.E, institución que para los coahuilenses merece todos los respetos.

Hay que resaltar la agudeza o “colmillo” de los agentes policiacos estatales que percibieron la sospechosa movilidad que llevaban Miguel Ángel Pacheco Gutiérrez y su cómplice o viceversa, César Gustavo Guerra Rodríguez, especialmente el que los polis no se “tibiaron” ni se amedrentaron en lo mínimo cuando Miguel Ángel les soltó el petate del muerto con “trabajo en la Comisión de Derechos Humanos”.

Antiguamente el famoso “charolazo” era el “pasaporte” o “pase libre” para infinidad de delincuentes, pues no faltaban quienes una vez que eran detenidos por delitos leves o mayores, inmediatamente sacaban la credencial y el o los policías no solo lo dejaban libre, sino hasta pedían disculpas.

Los tiempos y, que bueno, han cambiado radicalmente y ahora aunque digan que son hijos del más encumbrado funcionario público, en la mayoría de las ocasiones, aunque por desgracia no faltan todavía las contadas excepciones, en que el “charolazo” no funciona gracias al entrenamiento y capacitación que reciben los nuevos guardianas de seguridad pública.

Es positivo que ahora todos seamos “todos coludos o todos rabones” incluyendo a quienes nos dedicamos a la información, pues en el pasado fuimos de los más apapachados, lo reconozco, cambiando diametralmente las cosas cuando se trata de algún compañero de teclas, radio o televisión que al aventar su “charola” de reportero, sale no peor, sino como dijo el vecino, “pior”, pues además de ser interrogado y no pasar por alto el incidente que haya cometido, la frase común y obligada de los policías, es “pues, aunque seas periodista. Ustedes son los que más nos critican, así es que hay con permiso porque vamos a revisarte”.

De muestra hay casos fehacientes de lo dicho por este columnista, por lo que todos debemos andar derechitos y apegados a la ley.(www.intersip.org)