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Carlos Robles

Es chiquero y chiclero

He visitado varios centros históricos que hay en distintas ciudades del país, empero y, por desgracia, el más “cochinón” no solo de todo tipo de inmundicias, sino también por el “chiclerío” en el piso a lo largo de sus calles, es el de Saltillo.

Mi columna

Es chiquero y chiclero

Por Carlos Robles Nava

He visitado varios centros históricos que hay en distintas ciudades del país, empero y, por desgracia, el más “cochinón” no solo de todo tipo de inmundicias, sino también por el “chiclerío” en el piso a lo largo de sus calles, es el de Saltillo.

Cuento entre los visitados los de las ciudades capitales de Zacatecas, Morelia, Querétaro, Durango, Nuevo León, San Luis Potosí, Guanajuato, Jalisco, Nayarit, Aguascalientes, Chihuahua y de otras ciudades reconocidas por su designación de “pueblo mágico”, como San Miguel de Allende, entre otros.

Quienes por trabajo e igual para acudir de compras a lo que se conoció por años el “primer cuadro de la ciudad”, ahora designados y calificados como centros históricos, somos testigos del basurero que amenace a diario, pero de manera preferente los fines de semana o sea los viernes y sábados de cada semana.

Gran cantidad de papeles y desperdicios, así como botellas vacías de cerveza y vino en las puertas o marquesinas de las tiendas, no faltan y no se diga a lo largo de las banquetas de lo que los saltillenses y quienes vivimos en estas calles de la capital coahuilense, decimos es el centro histórico.

A esto hay que agregar que la mayoría de los comerciantes de ese sector no colaboran para que sus empleados mantengan limpias las banquetas, apoyándose con la trillada e injusta frase de “páeso pago mis impuestos”, con el agregado de que ellos mismos colocan sus bolsas con harta cantidad de basura que en muchos de los casos es desparramada a lo largo de las arterias tanto por animales en busque de desperdicios de alimentos, como gente marginada que busca “algo” que pueda servirle para cubrir su cuerpo o pies y también para apaciguar algo el hambre que una vez rotas o abiertas las bolsas quedan desparramada basura y desperdicios de todo.

El centro histórico de Saltillo no solo quienes lo recorremos por esparcimiento o necesidad, lo hemos convertido con nuestros desperdicios en todo un chiquero o sea una “marranera”, con el agravante como si fuese poco el tener que soportar el acumulamiento de basura, en un simple “chiclerío” ante la exagerada cantidad de chicles que con toda simpleza se arrojan y pisan en las banquetas del maltratado y mal querido “primer cuadro de la ciudad” o ese remedo o simulación de centro histórico que tenemos quienes habitamos la ciudad sarapera.

En otros centros históricos del resto de la República, la limpieza y pulcritud de sus banquetas es porque se han instituido sanciones económicas a quienes arrojen chicles sobre las banquetas e igual a quienes a su paso van dejando su basura esparcida por las arterias, no ocultando su falta ya no de cultura porque para la mayoría de los mexicanos es un cero a la izquierda, sino por consideración y como una mínima aportación para que los municipios no tengan que mal gastar dinero público para sustituir las obligaciones que como ciudadanos tenemos, se acepte o no, todos los que somos parte de una comunidad.

Debemos entender que no es solo tarea de las autoridades municipales de cada ciudad que tiene centro histórico, sino de todos los que sean habitantes radicados en esas ciudades o paseantes ocasionales o recurrentes.(www.intersip.org)