Monday, 22/4/2019 | 12:08 UTC-5
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Reflexión de los viejos

Cuántas reflexiones nos trae la muerte y su víspera, que a veces dura lustros y a veces días, pero siempre es una antesala que a todos nos somete a un enfrentamiento directo con nuestro destino inexorable. No hay salida.

OPINIÓN

Por Guillermo Robles Ramírez

Reflexión de los viejos

             Cuántas reflexiones nos trae la muerte y su víspera, que a veces dura lustros y a veces días, pero siempre es una antesala que a todos nos somete a un enfrentamiento directo con nuestro destino inexorable. No hay salida.

            Qué reflexiones vienen a la mente de nuestros ancianos, sabedores de su débil condición humana que con el tiempo se deteriora más y más. Bastante debe de tener uno con éstos pensamientos visitándonos hora tras hora como para que además debamos preocuparnos por nuestra calidad de vida.

            ¿Es la calidad de vida en la vejez responsabilidad de cada quien en su juventud?, ¿Acaso es nuestra vejez responsabilidad de los jóvenes cercanos que dejamos como nuestra descendencia?, ¿Quién debe cuidar de un viejo? Porque el viejo ya tiene suficiente con sus pensamientos.

            Muchos han intentado dar respuesta a estas preguntas y no hay más conclusión de que cada caso tiene su propia solución. A unos les vendrá la vejez acompañados de sus seres queridos que los aman y atienden bien, con comodidades, buena salud y lucidez mental hasta el último suspiro, otros más deben soportar sus últimos días en casa con los suyos, que lo ignoran. En los casos más tristes están los viejos que terminan solos sin nada ni nadie que vele por su bienestar.

            Esta tristísima condición, de la que posiblemente muchos lectores puedan tener experiencias, es algo que nos debe preocupar. Porque al igual que la muerte, la vejez es algo para lo que pocos nos preparamos. Desde los más encumbrados hasta quienes van al día; todos tiene las mismas probabilidades de llegar a ese momento de la vida en que las habilidades físicas se merman y en muchos caos la lucidez se va apagando, hasta sumirse en la negrura del olvido.

            Si bien habrá los bienaventurados que cuenten con una familia que les de abrigo y sustento al final de su camino por este mundo, otros no tendrán tanta suerte y en el mejor de los casos deberán ser extraños los que vean por ellos.

            Tampoco se puede negar que hoy en día hay instituciones dedicadas a la atención de nuestros viejos. ¿No es verdad que los viejos de nadie son en realidad asunto de todos? Por supuesto estas instituciones son públicas, no podía ser de otra manera.

            Agosto dedicado como el único mes del año para los ancianos en donde cada vez son olvidados pero lo peor del caso hasta endosadas a la sociedad sin rostro y sin nombre sino simplemente a una institución gubernamental que cada vez se encuentra más en su decadencia como son los albergues del DIF.

            Cualquiera que se entera de la condición ajena es participe de ella en sus emociones y, cumplamos o no, esas emociones son el lenguaje con el que nuestra conciencia nos llama  a la acción.

             Problema que no debemos dejar pasar como algo efímero porque recordemos que México ya no es considerado como un país joven en donde más allá de las campañas publicitarias de la planeación familiar la misma pobreza y la imposición por parte de las autoridades de implantar un dispositivo de control natal a la juventud ha hecho que el número de personas de la tercera edad va hacia un incremento en donde muy pocos han planeado porque se la han pasado más tiempo preocupados trabajando para salir adelante y en donde en una sociedad machista es lo que menos se piensa dejándolo todo hasta lo último.

             Como algo que nunca llegaremos a contar porque se le apuesta a la muerte y a lo “valemadrista” en donde todo se soluciona con un “ya veré que hago”, pero cuando llega el momento y son echados o abandonados por sus mismos familiares y rechazados por sus propios hijos y nietos hasta entonces es cuando se tiene más conciencia, pero una conciencia llena de sentimientos encontrados con la impotencia de poder valerse por sí mismos.

            Necesitamos velar por los viejos, pero también por nuestro futuro, porque para allá vamos sin freno, pero tampoco ni cambio de rumbo porque es parte de nuestro ciclo de la vida. (Premio Estatal de Periodismo 2011 y 2013) www.intersip.org

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