Saturday, 16/12/2017 | 12:56 UTC-6
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Ricos, gracias a los pobres

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Ricos, gracias a los pobres

Por Carlos Robles Nava

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Durante largos años, en México han existido y vivido muy bien, infinidad de organismos, grupos, asociaciones, etc., que con el pretexto de que luchan a favor y en protección de los pobres, se han  enriquecido y una muestra la tenemos en la ya casi treintona Organización Nacional de Protección del Patrimonio Familiar, más conocida como ONAPPAFA.

Según la filosofía pregonada por ONAPPAFA, asegura que la organización se sostiene con aportaciones voluntarias de quienes acuden en búsqueda de “asesoramiento”, pero sobretodo de protección para impedir la requisa de los vehículos “chocolates, chuecos” o ilegales al ser introducido de los Estados Unidos a México sin  pagar los impuestos fijados por la Secretaría de Hacienda.

ONAPPAFA enseño el camino a imitadores para dar nacimiento en todo el País a más “protectores” del patrimonio familiar, aprovechándose de la apatía e indiferencia que originalmente tuvo el gobierno federal para hacer el decomiso de esos vehículos metidos de contrabando, calculándose que en esos treinta y tantos años han entrado a México sin pago de impuestos, más de tres millones de unidades motrices.

Y aunque lo niegue oficialmente Hacienda, en ese negocio también se enriqueció una gran cantidad de los entonces agentes aduanales, ahora conocidos como agentes fiscales que igual le han entrado al “cochupo” o “mordida” para dar paso libre a los vehículos “chocolates”.

Por años, los gobiernos de los Estados de cualesquier filiación partidista fueron partícipes y responsables a que México se convirtiera en el basurero trasero de los Estados Unidos al permitir la entrada de tanta chatarra que vinieron a elevar los niveles de contaminación ya de por sí altos en nuestro país.

Estas autoridades se protegieron y “escudaron” eternamente con el pretexto de que los adquirientes de esa chatarra eran mexicanos pobres y que con la introducción sin pagar impuestos, se beneficiarían.

Empero, quienes en esa disimulación al abrir las puertas fronterizas fueron los “ganones” primero los agentes aduanes y después los llamados fiscales y ha sido hasta en los últimos cuatro a cinco años en que han pretendido hacer la requisa de los “chuecos”, lo que no ha tenido el éxito esperado, pues son demasiado los retenes y brigadas desplazadas para hacer el decomiso, que la cantidad de unidades motrices enviadas a los corralones fiscales.

Bajo la sombra de esas organizaciones “protectoras” del patrimonio familiar, surgieron presta nombres de ONAPPAFA y otros grupos menos importantes que se encargaron de comprar y traer a México los “chuecos o chocolates” convirtiéndose esta evasión de impuestos en un gran negocio para pocos.

Roberto Díaz García, Administrador Fiscal General del Estado y sobre quien ha caído la responsabilidad de poner coto al contrabando vehicular, ha rendido buenos resultados, pero éstos no han sido suficientes considerando la gran cantidad de unidades extranjeras introducidas ilegalmente, estima en millones de pesos las “ganancias” conseguidas por los “onappafos” e imitadores.

Mientras no haya una participación en el decomiso de cada gobierno estatal del país, el problema seguirá a mayor o menor cuantía, siendo la gran perdedora además de las arcas públicas, la industria automotriz nacional. (www.intersip.org)

 

 

 

 

 

 

 

 

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