Sunday, 17/12/2017 | 15:48 UTC-6
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No son adornos

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No son adornos

Por Carlos Robles Nava

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En mí época, por cierto, ya ha llovido bastante, el famoso y supuesto examen de manejo para tener derecho a la expedición de una licenciase para conducir automóvil o camioneta, era tan simplote que daba risa.

Todo consistía en la oficina donde otorgaban esos documentos, pararse frente a una pantalla que asemejaba una pantalla de televisión y aparecían cuatro o seis preguntas con figuras alusivas y entre ellas: Si hay un hidrante contra incendios, debe estacionarse o no; para dar vuelta a la izquierda o derecho, debe encender la direccional respectiva, sino o no; si en un crucero el semáforo está encendido en rojo, debe avanzar o no; y si ve que viene detrás de usted una ambulancia con sirena y luz roja marcando que va una emergencia, debe darle el paso, sí o no.

Desconozco en la actualidad en qué consiste el examen, sin embargo, doy por hecho que no ha cambiado nada, pues de diez, solo dos y se me hacen demasiado los conductores que aplican algunas reglas preventivas para evitar un percance, el resto seguimos manejando como “burros sin mecate”, es decir, como Dios nos da a entender, disculpando la comparación por los asnos.

Por no decir que todos los conductores de unidades motrices sea coche, camioneta, etc., pero si en su gran mayoría no utilizamos los direccionales para virar en un crucero ni tampoco para pasar de un carril a otro, siendo lo peor que cuando el automovilista que viene detrás reclama, se hace tremendo mitote e inclusive ha sido motivo de enfrentamientos directos.

Es un tanto extraño y raro, ver a un conductor encender su direccional para marcar anticipando  hacia donde se dirige y de eso podemos darnos cuenta cuando vamos circulando por cualquier sector de la ciudad.

Esta anomalía, aunque diría falta de cultura vial de la generalidad de los conductores de unidades motrices, refleja además de nuestra poca educación vial, la apatía e indiferencia de las autoridades locales que a través de sus elementos viales o de tránsito, conocidos en el muy pasado como “tamarindos”, por el color del uniforme, no están cumpliendo con sus obligaciones.

Esta ausencia ha ocasionado desde hace tiempo, percances en los que quienes no usan los direccionales rechazan reconocer su responsabilidad, lo que resulta peor, pues las autoridades de tránsito lo primero que hacen es amenazar con llegar los vehículos al “corralón” y no deslindando culpas para no meterse en problemas y hasta intereses que hay con las agencias de seguros.

Hay necesidad que para que los conductores motrices se eduquen se proceda aplicando sanciones económicas que es lo que más puede doler a cualesquier ciudadano, tan es así que en estas tierras mexicas para no pagar una multa, “inventamos” o proliferamos las “mordidas”, el “moche” y para no andar con rodeos, la extorsión.

Cuando hacemos comparaciones de que en los Estados Unidos, Canadá y otras naciones del mundo, si hay cultura en educación vial y son pocos y me atrevo a decirlo que contaríamos con los dedos de una sola mano y sobraría, los incumplidos.

Cuál ha sido la fórmula de que allá sí cumplen los conductores y lo razono de manera práctica, “porque aplican el garrote que es la multa económica, sin perdonar a nadie”. (www.intersip.org)

 

 

 

 

 

 

 

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