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Ni con un pétalo de rosa

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Ni con un pétalo de rosa

Por Carlos Robles Nava

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Hay dos oficios o profesiones que siempre he admirado y si lo hice en épocas del pasado, ahora mi reconocimiento es mayor, pues para mí son trabajos muy difíciles y me refiero al ser maestra o maestro y a las y los que se dedican a vender, libros negocios por negocio o casa por casa.

Debo admitir que todos los trabajos son difíciles, al menos no conozco uno solo que sea placentero y fácil, sin embargo, en particular en el caso de las o los maestros y promotores de ventas de libros, para estos últimos cada vez son más difíciles sus ventas debido a que entre más tecnología tengamos hay la opción de ya no comprar ciertos libros como enciclopedias y otros..

En mis tiempos de escolapio de primaria, al margen de que todavía no se inventaba ni surgía la novedad de los derechos humanos, la o el maestro podía dar a la alumna o alumno un buen “guamazo” con la palma de una mano ya sea en la cabeza, en el hombro o bien castigar con una regla de madera que le llamábamos metro.

Cuando la o el maestro se hartaba de las “chiquilladas” o “mensadas” de los tiempos idos como una segunda madre o padre, nos daban jalones de oreja, nos colocaban en una esquina del salón por indisciplinados o “burros”, nos sacaban del salón y mantenían en el patio como ejemplo para el resto de los escolares del plantel donde se estudiaban.

En incontables casos, al menos fue a mí en lo personal, mi madre de vez en vez se apersonaba con la o el profesor en turno de primaria y tras preguntar cómo andaba en los estudios, la inmediata recomendación o aprobación directa era “si se porta mal, péguele, usted es su segunda madre o padre”, aunque recuerdo que en esos tiempos no proliferaba el sexo masculino en el medio magisterial al menos a su servidor jamás le tocó un maestro.

Pasaron los años, nacen los famosos derechos humanos y ahora, a un menor de primaria no se le puede ni siquiera alzar la mano o hacérsele un extrañamiento fuerte y peor con gritos.

Ignoro si eso es bueno o malo, pero veo muchas injusticias que se cometen en los centros educativos de estudios primarios porque ahora a las y los maestros no se les puede reclamar nada, así que a los chavales les vale sorbete ser insolentes con su “magister”, pues para eso están los derechos humanos.

Por el lado de quienes se dedican a vender libros, recuerdo a un muy buen amigo que por años se dedicó a esa actividad, aunque lo conocí trabajando para noticieros radiofónicos y al dejar este trabajo se metió a la para mi difícil chamba como es el vender libros en un México actividad donde no hay  mucha cultura para la lectura.

Cada que me visitaba y tras escuchar toda una letanía para venderme una enciclopedia, preferentemente, le preguntaba: “Oye Oscar, para mí es muy difícil vender libros. Me contestaba tranquilamente, “fíjate que no, carnal, pues a veces vendes y otras no”.

En realidad no sé qué me quería decir con su filosofía, pero jamás deje de admirar y reconocerlo como un buen vendedor, pues no había visita en la que no me vendiera a los “plácidos y amplios plazos” pagos mensuales.

Hace meses leí una nota informativa en la que a la profesora Carolina, de la escuela primaria “Efraín Huerta”, del Municipio de Chimalhuacán, del Estado de México, la despidieron por llamar “imbéciles” y “retrasados” a sus alumnos, así como “chingaos, por qué no aprenden o qué chingaos están murmurando”.

Ahora con la modernidad en que vivimos y que no hay un niño que no cargue su celular, no falto uno de su grupo que la grabe o filme en el momento de los gritos insultantes para unos y para otros no, comparados a las palabrotas como ahora se dirigen no los menores masculinos, sino las chavitas de primaria y no se diga secundaria y preparatoria que en su léxico no faltan las palabras de “oye guey o gueya”, “no chingues manita”, “pártele la madre amiga”, etc.

En el caso de la maestra Carolina, las mamás y papás se quejaron y cesaron a la “mal hablada” maestra.

Con o sin razón en comparación a los tiempos idos, ahora ni con un pétalo de rosa puede tocarse a una niña o niño de primaria, porque los de secundaria o preparatoria se las cobran afuera e igual, con o sin razón, está despareciendo la lectura en libros, pues para eso surgió el internet. ¿No?. (www.intersip.org)

 

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