Friday, 19/10/2018 | 8:53 UTC-5
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Un día antes de nunca

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OPINIÓN

Por Guillermo Robles Ramírez

Un día antes de nunca

GUILLERMO ROBLES RAMIREZ

El transporte público viene siendo un mal de muchos pero necesario a la vez porque mucha gente depende de ello, y sin embargo de sus incrementos que siempre se les autoriza siguen siendo las mismas unidades en mal estado y sus mismos conductores que manejan atrabancados, retando a los automovilistas y rompiendo todos los reglamentos de tránsito.

Durante años las concesiones de trasporte público han tenido una serie de anomalías que no salen a luz pública por obvias razones y tampoco serán exhibidas en una solicitud de transparencia porque muchas de ellas se sabe muy poco de cuáles fueron otorgadas por relaciones de compadrazgo o políticas, de amistad o de pago por favores o “cuotas”,  permitiendo  que solo un grupo de familias se enriquecieran de manera fácil sin ponerle atención a las necesidades y crecimiento de las ciudades, provocando nada más contaminación, accidentes, y caos.

Existe muy poca información de quiénes son los dueños de estas concesiones, cuántas tienen por familia, durante cuánto tiempo han prevalecido con dichos permisos creando un caciquismo porque no se sabe hasta cuántas unidades están circulando en cada ciudad.

Tampoco se sabe con exactitud si se encuentran operando todas aquellas concesiones porque es muy común que algunos las renten o vendan hasta por internet no siendo extraño si algún día las vemos anunciadas en la página de internet “Mercado Libre”.

Para ellos, el transporte público nunca será un buen negocio, siendo imposible vivir cobrando entre 9 a 11 pesos en Saltillo, pero hay otras partes como en Monterrey, NL, hasta 15 pesos, pero pensando racionalmente, negocio que no es negocio simplemente se cierra, no hay que ser muy inteligente, pero tan obvio su rentabilidad que las rutas nunca son planeadas estratégicamente sino son creadas conforme van creciendo las necesidades de la población o como se les van ocurriendo a los concesionarios, es decir, todo se hace conforme a como se va moviendo la gente colateral a sus trabajos.

También la duración de las concesiones tiene un tiempo de vigencia sin embargo se ha hecho de ellas vitalicias dejándolas hereditarias a la misma familia, sin hacer un ajuste o una revisión actualizando la información y aplicando la ley.

Aunque este medio de trasporte muy necesario para la gente, está obligado a muchas cosas pero nadie los obliga a tener que pintarse de algún color que los identifique con la razón social, número de placas, símbolos decorativos que identifiquen la organización o concesionario  a la que pertenecen, también están obligados a poner a la vista tarifas y prohibiciones como el “no escupir”, no viajar en el estribo”, “no fumar”, así como los teléfonos y direcciones de atención o quejas para los usuarios.

Ni subiendo las tarifas o cambiando las unidades se va a mejorar el servicio porque también tenemos el problema de la actitud de los choferes, aunque existe un reglamento para ellos, pero nunca se cumple y ni las autoridades las hacen cumplir.

Este problema es de fondo, y estructural donde se requiere una logística comenzando con nuevas reformas de reglamento de tránsito, así como la depuración de las concesiones recogiendo todas aquellas que tienen familias que por años las han tenido y nunca han hecho algo pegado a conforme a ley.

Saltillo está a la vanguardia en muchas cosas, pero en lo referente al transporte público, lo más que se ha logrado es haber incorporado el sistema de prepago con tarjetas plastificadas, sin embargo, para lograr la modernización y competitividad está tan cerca como un día antes de nunca. (Premio Estatal de Periodismo 2011 y 2013) www.intersip.org