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Un derecho utópico

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            OPINIÓN

Por Guillermo Robles Ramírez

Un derecho utópico

GUILLERMO ROBLES RAMIREZ

            Entre todas las profesiones y trabajos en el país existe uno en que todos saben que existe, pero a su vez nadie quiere voltear a ver, o mucho menos considerarlo como una labor, menospreciando su actividad por el simple hecho de considerarse como algo que no tiene chiste, o hasta lo que es peor una obligación.

Sin embargo, sin dejar de ser un trabajo dentro de la informalidad en donde todavía al año pasado representaba aproximadamente en México el 60 por ciento de la fuerza productiva, el sector del hogar es considerado el menos reconocido en todos los sentidos.

Para comenzar en nuestro país el trabajo doméstico no tiene un reconocimiento legal porque se le considera como una opción para las personas que no tienen estudios, ni experiencia en cualquier otra actividad.

Solo como un dato más, los aproximadamente arriba de los dos millones de trabajadores del hogar, siendo el 95 por ciento mujeres, realizan su trabajo en la informalidad y sin derechos laborales, por consiguiente no tienen prestaciones y casi ninguna ha recibido una liquidación al ser despedida, y aquellas pocas personas que han tenido suerte es considerado como un favor por parte del patrón o patrona, ya que no tienen forma de documentar o comprobar que trabajaron en una casa por determinados días o años.

            Muchas personas que dedican su trabajo en labores domésticas en el país ejercen dicho trabajo en millones de hogares mexicanos para poder llevar el sustento mínimo a su familia.

            Una gran parte de estas personas lo hacen de manera voluntaria, aunque también existen aquellos casos en donde llegan menores de edad sobre todo del sexo femenino, niñas que son arrebatadas por sus propios padres para entregarlas a familias adineradas con la falsa creencia de que tendrán una mejor calidad de vida mandándolas con sus únicas pertenencias abrazadas en el regazo que la mayoría de las veces simplemente caben en una caja de cartón.

            Aun así, esas pobres niñas separadas del seno familiar lo que les ofrezcan va más allá de lo imaginable, como es tres comidas, televisión con cable, radio, abundante agua limpia, los placeres del baño diario terminan por desdibujar cualquier añoranza con la familia.

Ese tipo de trabajo doméstico no se da a través de una agencia de colocaciones ni mucho menos, las redes son mucho más frágiles y pasan de generación en generación como hilos conductores. Ir a buscar una muchacha para el servicio es toda una aventura que inicia en la carretera y termina en intrincados caminos de tierra y lodo en el mundo huasteco o al pie de una cuesta intransitable donde hay que seguir a pie hasta el jacal.

En ambas situaciones o cualquiera que sea en donde estas personas realizan labores domésticas, no cuentan en el país con derechos laborales y mucho menos con sus prestaciones como son el derecho a la salud o registro al IMSS.

En México después de tres años en donde la Organización Internacional del Trabajo publicado en el 2011 el Convenio 189 sobre las trabajadoras y los trabajadores domésticos el Gobierno Federal se compromete una vez más a aprobar en el pleno del Senado, la obligatoriedad de otorgarles prestaciones sociales a las personas quienes realizan trabajos en los hogares.

Pero como siempre eso quedó ahí plasmado en un papel porque a la fecha si tiene el derecho a demandar, sin embargo, nunca prospera de manera favorable para la trabajadora del hogar y más tratándose de menores de edad.

En México desafortunadamente se ve este oficio, no como un trabajo sino en su mayoría es visto como una obligación de la mujer en donde se le desconoce cualquier tipo de mérito.

Ni a quién echarle la culpa porque por años ha sido una parte de la ideología mexicana en donde desde niñas se les enseña que una de las obligaciones de las mujeres es hacerse cargo de la limpieza de la casa, aun cuando éstas trabajen, solo por el simple hecho de ser mujer se les impone como toda una “obligación” de una mujer casada.

los quehaceres de las mujeres que por el simple hecho de ser unas nenas se les imponen “obligaciones de toda una mujer”. Todavía en la actualidad este tipo de cultura les es impuesta en donde tal parece que la misión en la vida se trata el procrear hijos, atender a tu esposo, limpiar la casa, comida y todo aquel trabajo doméstico sin ninguna remuneración.

            Cualquier abogado dirá que ahí están plasmado las modificaciones laborales para este trabajo informal, y lo mismo dirán las autoridades federales, sin embargo, para poderse acreditar sus derechos, es bajo la misma condición que todos: comprobar la relación de trabajo, tiempo y despido.

            Una ley a la que el Gobierno Mexicano, modificó por señalamientos de Tratados Internacionales, y condiciones que se requería para ser considerado un país a la vanguardia, pero sobre todo en donde no existiera la discriminación en todos los sentidos, que se puede resumir todo como un derecho utópico que existe para limpiar los pecados sociales y políticos. (Premio Estatal de Periodismo 2011 y 2013) www.intesip.org