Wednesday, 14/11/2018 | 3:02 UTC-6
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El guarda espalda mexicano

El guarda espalda mexicano

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            OPINIÓN

            Por Guillermo Robles Ramírez

            El guarda espalda mexicano

GUILLERMO ROBLES RAMIREZ

No existe ni la menor duda que en México sin importar el nivel socio económico y tampoco el Estado el tema de la seguridad se ha convertido en la primera necesidad de los mexicanos, dejando atrás la salud y el trabajo.

Los altos índices de inseguridad en nuestro país han obligado a que cualquier persona sin importar su ocupación invierta en su seguridad, existe desde lo más básico como instalación de rejas a ventanales y puertas, levantar muros, bardeado y reforzar con vidrios, picos de fierro hasta cercos eléctricos, cámaras de seguridad, perros en las azoteas entre otros muchos más.

            Cualquier persona busca seguridad por su propia cuenta de tal forma que lo que antes era un lujo hoy se convierte en una necesidad básica. Antes se pensaba que los más vulnerables eran aquellos de la clase alta por razones obvias, es decir, tener más dinero, sin embargo, ahora los niveles de pobreza son indicadores reflejados en su aumento en el crimen organizado y otros que apenas inician como todo amateur imitando a los grandes que secuestran a una familia promedio, es decir, clase baja para pedir rescates hasta de 5 mil o 10 mil pesos, en los conocidos secuestros exprés.

            Pero solo aquellos de la clase social alta son quienes recurren cada día más a la necesidad de tener además de un transporte bien blindado, el uso de un guardaespaldas.

            Empero, aunque hay un mundo detrás de una persona que decide dedicar su vida al cuidado de otros y refiriéndome no como en la clásica película “El Guardaespaldas”, interpretado por el actor Kevin Costner dándole vida al personaje “Frank Farmer”, quien cuida a la cantante “Rachel Marrón”, quedando inmortalizado como un clásico romántico estadounidense.

             Contrario a la trama fílmica en la realidad estas personas arriesgan su propia seguridad y a su familia por salvaguardar los intereses de quien lo contrata, se convierte en la prioridad de vida de un custodio.

            La profesión de guardaespaldas quedó en un mito en donde actualmente y por desgracia se ha “prostituido” mucho convirtiéndolos en verdaderos escoltas de latón, elementos mal improvisados, mal pagados y sin prestaciones de ley en donde ninguna autoridad sabe con exactitud cuántos de ellos hay, es decir, sin ningún registro ya que cada vez, tanto ex-policías y ex-militares o aquellos elementos de seguridad que no han pasado la prueba de confiabilidad se unen a este gremio o son contratados por empresas “dizque” de seguridad.

            Ahí está un nicho que nadie ha podido llenar sin tener conocimiento sustentado pero tal perece que la lógica nos lleva también a pensar que es un negocio que nadie le quiere entrar por considerarse un foco rojo; es decir, tanto como para atentados o semillero de corrupción, aunque ante la creciente necesidad no solo de una persona que cuide y proteja la vida de otro, sino de escoltas aptos, que demuestren un nivel de capacidad de protección y cuidado, es más que evidente la falta de un lugar que cuente con cursos que desarrollen inteligencia y suspicacia de una persona para ser el mejor guardaespaldas de quien lo contrata.

            Mientras tanto este mercado lo están cubriendo compañías estadounidenses que ofrecen el servicio de capacitación especial para quienes son considerados personas potenciales a sufrir un atentado o secuestro.

            Todo esto ya que cada vez se repite la misma historia en donde aquellos guarda espaldas que son contratados y se les deposita la confianza de una vida son traicionados siempre salen ilesos fracasando en su misión sin poder evitar el secuestro, o bien muchos de ellos son secuestrados, es decir, los guarda espaldas junto con la victima principal para ser encontrados después ya sea ejecutados o aparecen “dizque” torturados y sin memoria de nada, aplicando ahora si el dicho de: “no estaba muerto, andaba de parranda”.  (Premio Estatal de Periodismo 2011 y 2013) www.intersip.org