Saturday, 20/10/2018 | 13:37 UTC-5
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Entre “Coyotes” y “Gaviotas”

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OPINIÓN

Por Guillermo Robles Ramírez

Entre “Coyotes” y “Gaviotas”

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            Hace dos días salió publicado una nota informativa en la que dan a conocer que empresas de Asia van a invertir en Coahuila, en la producción de la candelilla además de las nacionales y aquellas que pertenecen a nuestra entidad.

            Todo con la intención de evitar el coyotaje que se está dando en Ramos Arizpe, en la que aseguran la integración de una asociación de candelilleros e ixtleros que actualmente están haciendo exportación de este producto de manera directa con empresas japonesas.

            Asegura el dirigente de la CNC en Coahuila que actualmente se están gestionando la regularización de permisos para la exportación y el interés por parte de la Secretaría de Relaciones Exteriores en apoyar en lo que se pueda.

            La noticia es recibida de muy buen agrado ya que en sí, la vida en el desierto es una lucha permanente por la sobrevivencia, ni siquiera la flora es ajena a ella. Albarcadas, lechugillas, mezquites, huizaches y cactáceas desaniman con espinas amenazantes a sus potenciales depredadores.

            La candelilla carece de ellas, siendo en el desierto de Coahuila donde crece esta planta llamada así por su apariencia con sus tallos largos y rectos recubriéndose precisamente con cera, dándole ese aspecto de una vela, de una candela, de una vela pequeña. Así logra conservar la humedad durante largos periodos.

            Sin embargo, los campesinos candelilleros no sólo luchan contra las inclemencias climatológicas como el frío y calor, sino también contra el acecho mortal de la víbora de cascabel, las prolongadas sequías, las grandes distancias, los infames caminos de tierra comprimida y calentada con el sol que pareciera como si estuvieran caminando sobre brasas, y contra la falta de servicios, sino que también tienen que soportar la acción devastadora de una fauna insaciable e inextinguible: los coyotes y las gaviotas.

            Los primeros, especímenes que medran en todos los campos candelilleros, y aún fuera de ellos. Como el cerote, que es la moneda de uso corriente, los productores lo truecan como en los tiempos inmemorables, del ser humano, por alimentos, gasolina, aceite y muy ocasionalmente por vino o cerveza.

            Las gaviotas, o sean los segundos, han hecho su nido en las propias empresas que se han encargado de con un gasto administrativo inconcebible, nóminas estratosféricas, informes “maquillados” y amenazas, de explotar inmisericordemente a sus propios socios, es decir, a miles de candelilleros de Coahuila y cuatro estados más.

            Los próximos cinco meses de mayo a septiembre, el calor es insoportable en la zona candelillera. Con el sol del mediodía todo el horizonte reverbera. Y a esa hora muchos candelilleros apenas van de regreso al rancho. El productor, a la falta de un vehículo, recorre varios kilómetros a pie o en burro para llegar hasta la candelilla.

            Cortar este arbusto es un trabajo de lo más agobiante; se arranca a mano limpia, pues no hay herramientas para ello. Pero si el corte es en verdad una labor extenuante, quemar la candelilla para extraer el cerote es un verdadero suplicio.

            Coahuila, Chihuahua, Durango, Nuevo León y Zacatecas son los estados candelilleros por excelencia en la República Mexicana. De los veinticuatro municipios productores, trece pertenecen a nuestra entidad: Acuña, Ocampo, Cuatrociénegas, Sierra Mojada, Castaños, Ramos Arizpe, Parras, General Cepeda, San Pedro, Saltillo, Francisco I. Madero, Torreón, y Viesca.

            Esta cera tiene 87 aplicaciones distintas y con una gran demanda en el mercado internacional y nacional. Japón la utiliza para tintas especiales de sistema de computación. Estados Unidos la emplea en la industria farmacéutica. México y varios países sudamericanos la consumen principalmente en la industria chiclera, de lustradores y cosméticos.

            Esto lo ignoran los candelilleros, como casi todos desconocen la aritmética elemental. De ello se aprovechan muchos empresarios para enviarles informes maquillados sobre la operación administrativa y financiera de las empresas en la que figuran como socios los ejidos o líderes ejidales para hermetizar aún más el negocio y pagar por abajo de las suculentas ganancias.

            Aunque estén separados de las cabeceras municipales, no dejan de ser coahuilenses que producen el 85% de toda la cera de la cual más del 60% se vende en el mercado internacional.

            Mientras unos se hacen ricos, otros están en la miseria y el abandono de sus últimos días, guardando el mínimo aliento para seguir laborando por muy pocos pesos. Si como sociedad no nos unimos junto con los candelilleros para cuidarlos de las “gaviotas”, es decir, de los grandes corporativos, de sus intereses y de los coahuilenses porque no deja de ser patrimonio nuestra vida vegetal.

            México, ancestralmente ha sido un país noble y hospitalario, pero también sumiso y lleno de corruptelas que, pese a las decenas y decenas de años transcurridos, no se despabila ni logra quitarse de encima el pie de las empresas nacionales y extranjeras que se enriquecen a costa de los humildes candelilleros, que en condiciones paupérrimas habitan las desiertas y áridas tierras de Coahuila. (Premio Estatal de Periodismo 2011 y 2013) www.intersip.org

 

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