Wednesday, 26/9/2018 | 15:05 UTC-5
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Se ahogan de alcohol

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            OPINIÓN

Por Guillermo Robles Ramírez

Se ahogan de alcohol

GUILLERMO ROBLES RAMIREZ

            Como es de costumbre cada fin de semana es bien recibido las bebidas alcohólicas y la perfecta justificación para muchos jóvenes y adultos de poder ingerir alcohol por el simple hecho de ser días de descanso.

            En forma clandestina se vende con el vecino o en aquellas tienditas hechas de cartón y madera que nada más cuelga el anuncio de la compañía cervecera. En aquellos lugares remotos de la ciudad, en donde solo la tierra se levanta con el mínimo viento que sopla en los cálidos campos.

            Es un secreto a gritos en donde la venta excesiva de bebidas embriagantes en las comunidades rurales y, tampoco es algo oculto el alto consumo de alcohol que persiste en todos esos lugares en los que sin hacer distinción se da en todas esas comunidades de alrededor de las entidades federativas.

            En esos lugares, la venta de etílicos es un verdadero negocio, lo mismo da que cuente con permiso o que no, porque la compra es pareja y sobre todo por la misma complejidad para que una autoridad pueda trasladarse sobre terracería y con falta de alumbrado público, por estar lejos de las cabeceras municipales.

            Las autoridades no desconocen el problema, lo reconocen y están conscientes de que existe la venta clandestina de alcohol, la violación a los horarios establecidos entre y fines de semana incluidos los domingos. Adicionalmente, las empresas cerveceras distribuyen sin consideración y ni control. Pero su mercancía nunca falta en los establecimientos que tiene muy bien contactados.

            El campo sufrirá de la pobreza, de la falta de recursos para su adecuada alimentación y vestuario, entre otras necesidades, pero el poco dinero del que disponen para ello, lo invierten en alcohol.

            Su venta excesiva causa problemas con jóvenes y niños de primaria, afectando también a los adolescentes ingieren alcohol, que ni trabajan, ni van a las escuelas; dedicados únicamente a la vagancia.

            La mayor parte de los ejidos, sin excepción alguna no cuentan con los permisos para la venta de alcohol, por la sencilla razón de considerarse comunidades con escasos recursos, y lejos de las autoridades municipales.

            En todos los estanquillos o casas donde se venden bebidas alcohólicas en el campo, su situación es clandestina formando parte de un contubernio por parte de las cervecerías que secretamente sostienen y mantienen relaciones comerciales.

            Son fáciles de localizar ya que, a simple vista de cualquier ejido cercano a la ciudad, lucen a simple vista las marcas comerciales de cerveza y cuya justificación es de tratarse de un negocio familiar o se trata simplemente de un anuncio promocional negando la venta de la cerveza cuando los moradores del ejido saben bien que ahí es donde se venden.

            Difícil su control por estar lejos de las cabeceras municipales y por ser pocos pobladores a que todos se conocen existe esa familiaridad y confianza que no es de extrañar que los adultos mandan a los niños a que la compren.

            El alcohol no es el único problema en los ejidos del país sino los otros matices que adquieren comunidades formadas de 120 hasta 180 familias pues no falta el famoso negocio sin nombre, ni identificación, que vende cerveza y que a su vez se convierte en un prostíbulo clandestino.

            Cada ejido tiene una historia que contar y una justificación para las autoridades sin embargo así es el panorama del abuso del alcohol en los campos de nuestro país.

            Comunidades en donde es agobiador el poco ingreso que perciben, producto de su actividad agropecuaria, tendrán que sortear el gasto desmedido que hacen en la compra de cerveza y otras bebidas embriagantes.

            Quien resulta más perjudicado por este fenómeno que sucede en los campos de México, son las familias campesinas, que cada vez se suman más en condiciones de pobreza y ahora parece que son anclados por el vicio, ahogándose en el mar de las dificultades que cotidianamente enfrenta en el medio tan adverso en que el que se desarrollan, mientras las limitaciones de la logística y capacidad que tienen las cabeceras municipales observan cómo se ahoga el campo y no precisamente de agua.  (Premio Estatal de Periodismo 2011y 2013, Presea Trayectoria “Antonio Estrada Salazar” 2018) www.intersip.org