Wednesday, 14/11/2018 | 2:28 UTC-6
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Tiempo y causa perdida para México

Tiempo y causa perdida para México

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            OPINIÓN

Por Guillermo Robles Ramírez

            Tiempo y causa perdida para México

GUILLERMO ROBLES RAMIREZ

En los últimos años al menos en nuestro país está tomando fuerza una tendencia entre los jóvenes de tratar de imitar a sus ídolos de música, y series estadounidenses, así como aquellas personas que de alguna manera convirtieron una de sus redes sociales en algo viral para posteriormente lanzarse a la fama.

Tanto como mujeres y hombres adolescentes, pero incluso hasta menores de edad entre 12 y 17 años quieren imitar a quienes admiran en donde se quieren vestir como ellos, hablar como ellos, arremedar las expresiones de otros y ser en resumen modelos no solo para pasarela sino en selfi en sus redes sociales.

Ese será al menos una fantasía para los jóvenes mexicanos, porque muy a pesar de la existencia del desorden alimenticio para poder adelgazar, sigue superando lo contrario no solo en adolescentes, sino también en niños y adultos.

            En la actualidad ocupamos los primeros lugares con el problema de salud por obesidad. Se tienen menores de 8 años de edad hasta de 15 años que padecen de obesidad. Esto ha forzado al IMSS a crear programas para combatir el sobrepeso y obesidad.

            Las recomendaciones por parte de las diferentes autoridades de salud son llevar a cabo una dieta alta en fibra, verduras, frutas y legumbres siendo esto último lo más importante, ya que ahí radica el 60 por ciento de su éxito y el cuarenta en la activación física.

            Sin embargo, para poder llevar a cabo ese programa alimenticio, su costo es muy elevado, resultando más económico comprar carne y refresco en lugar de sustituirlo con agua de sabor y endulzarlo con azúcar o cualquier otro sustituto.

            Muy a pesar de que se han hecho campañas para una cultura de buenos alimentos y activación física, no se puede negar que existe un país con 53.4 millones de pobres, representando esto un 43.6 por ciento de la población nacional.

            Está muy claro que la pobreza va agarrada de la mano de la desnutrición tanto en niños, jóvenes, adultos y personas de la tercera edad, en donde el mal hábito es consumir comida alta en grasas.

            Si a eso le atribuimos el incremento del comercio informal a la falta de empleos, lo más fácil e inmediato es poner negocios de comida chatarra en donde cada vez nos vemos más invadidos de ellos, comenzando en las afueras de las escuelas, hospitales, e instituciones de gobierno. Pero también ya empiezan a invadir en el primer cuadro de las principales ciudades de México.

            Las recomendaciones de cualquier nutriólogo aparentemente se ven fáciles, pero resultan muy caras; sin considerar los honorarios. Empero, ha nacido de manera silenciosa una nueva forma de hábitos alimenticios que cada vez se arraiga más en nuestra cultura de alimentos en donde la batalla en apariencia la está ganando la industria de productos chatarra que ha invadido desde la tiendita de la colonia, hasta cadenas de supermercados resultando imposible por parte de gobierno  poder combatirlos porque ofrecen productos que están al alcance de los bolsillos de los mexicanos haciendo rendir los alimentos para una familia numerosa o en condiciones de pobreza.

            El objetivo principal para muchos mexicanos que se encuentran dentro de las estadísticas de la pobreza es muy simple: comer cualquier cosa para engañar al estómago.

            Está fuera de control del gobierno, poder solucionar esta situación que se agudiza cada vez más, porque la misma mercadotecnia de las grandes compañías han creado una demanda indispensable de esos productos y aunque la población tiene el conocimiento la ingesta de estos productos se tiene bajo valores nutritivos o nocivos para su salud, aún así los compran y consumen.

            Un ejemplo de ello sucede con los refrescos oscuros también conocido como de “cola”, en las que suelen ser más económicos contra los costos de preparar aguas de sabor, porque para comenzar tiene que ser embotellada y purificada, más el costo del saborizante, más el costo del azúcar y con eso se supera al final el costo de un refresco.

            No importa los impuestos extraordinarios impuestos a las compañías refresqueras, así como cualquier otro producto ya que nadie se pregunta y lo que es peor nadie sabe a dónde va parar esa recaudación extra, pero de algo sí es seguro, es decir, no se aplica en programas reales para bajar de peso a tanta población mexicana que sufre de la obesidad.  (Premio Estatal de Periodismo 2011 y 2013, Presea Trayectoria “Antonio Estrada Salazar” 2018) www.intersip.org