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Qué comer ahora

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Qué comer ahora

Por Carlos Robles Nava

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El tipo de alimentos que ingerimos a diario los mexicanos, es la principal causa que puede generar el cáncer, esto encima del tabaquismo y las infecciones y, como dijo el ranchero, nomás eso nos faltaba, pero es la conclusión a que ha llegado un grupo de científicos investigadores de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Por ejemplo, explicó la doctora Magda Carvajal Moreno, del Instituto Nacional de Bilogía de la UNAM, se llegó a la conclusión de que las personas que consumen diariamente embutidos, cerveza, arroz, cacahuates, maíz, nueces, pistaches, chile, pollo, huevo y leche, consumen aflatoxinas, sustancias cancerígenas  que contienen los alimentos citados.

La bióloga hizo saber que en el estudio realizado se detectó que en el 95 por ciento en los alimentos que consumen en la capital del país, como el maíz blanco, mientras que en el maíz amarillo el 60 por ciento está contaminado con aflatoxinas.

Recalcó que las tortillas y sus derivados como tamales, sopes, y totopos contienen muchas de esas sustancias provenientes del hongo conocido como pergillus flavus.

Lo que comemos es el responsable del 36 por ciento de la incidencia del cáncer de páncreas, pulmón, hígado, colorrectal y cervicouterino.

En contraparte, recomendó que para contrarrestar el daño causado por esas sustancias cancerígenas, se deben de consumir zanahorias, espinacas, brócoli, jitomate, betabel, pimientos, moras y en general alimentos probióticos.

En el caso del cáncer como en otras enfermedades graves recurrentes en los mexicanos, estamos fallando en demasía en las prevención y generalmente vamos a consulta médica ya cuando la enfermedad está avanzada y lo mejor que puede ocurrir es que el atenderse sea al menos cuando inicia el mal que es el momento más indicado para contrarrestar sus efectos.

La cultura preventiva debe promoverse en los centros educativos a partir de los chamacos de quinto y sexto grado y con persistencia entre los estudiantes de secundaria, preparatoria y profesional.

En esta tarea tienen mucho que hacer los maestros y catedráticos que son los que después de los padres de familia tienen mayor contacto con la población de edades más vulnerables o sea la niñez y juventud.

La suma a estos programas preventivos de personal docente, ayudaría mucho no solo a detectar a tiempo que se presentan los primeros síntomas de enfermedades de cáncer, sino también de otros mucho males más que están calificados como graves y cuya incidencia va en aumento por la ausencia de una atención oportuna. (www.intersip.org)

 

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