Saturday, 15/12/2018 | 11:18 UTC-6
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Tronados en prevención

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            OPINIÓN

            Por Guillermo Robles Ramírez

             Tronados en prevención

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Hace 33 años atrás nuestro país quedó marcado por un desastre natural que a la fecha hemos sido recordados en todo el mundo. No solamente por su tamaño de tragedia, sino porque también México sacó lo mejor de nuestra gente.

La unificación de muchos ciudadanos para sacar adelante un propósito que no se había visto antes como en épocas de la Independencia de México, así como la misma Revolución Mexicana, pero que en esta ocasión esa solidaridad de todos los mexicanos tenía un solo fin.

Ayer se conmemoró lo que se conoce en nuestro país como el terremoto de México de 1985; marcando la historia como el más trágico ocurrido hasta la fecha. También conocido como simplemente el terremoto de 1985.

En aquel año estaba al mando de la República Mexicana, el ex presidente Miguel de la Madrid, quien junto con el resto de los mexicanos le tocó vivir uno de los peores desastres ocurridos en toda América Latina, golpeando en toda la costa Oeste de la ciudad de México.

Y aunque no se sabe con precisión la cantidad exacta de víctimas fallidas por la misma censura o control que existía en aquellos años en los medios de comunicación; no fue hasta años después que se logró sacar una estimación oficial.

Un aproximado de 6 y 7 mil personas fallecidas teniendo su variedad final hasta unas 10 mil personas, pero no fue hasta con la apertura de la información que se determinó arriba de los 40 mil muertos.

Aunque en un principio México no quiso recibir ninguna ayuda extranjera, fue el Ejercito Mexicano y la Cruz Roja Mexicana, quienes se llevaron los principales créditos, así como algunos ciudadanos héroes que con el tiempo se convirtieron personajes para recordarse no solo en la historia sino que también colaboraron en otros desastres similares al ocurrido en 1985.

Precisamente en ese año fue cuando debutó la Cruz Roja Mexicana en ese tipo de desastres naturales siendo la prueba más dura que había enfrentado por la magnitud del siniestro con tal efecto que a simple vista el desbastador temblor dejó a su paso edificios caídos, gente clamando ayuda, desaparecidos ante lo que había pasado sin poder creer lo que observaban.

De inmediato, la Benemérita Institución se coordinó para trabajar en labores de rescate, a pico y pala, ya que en ese entonces el equipamiento era nulo, sin embargo, pese a las dificultades se logró apoyar y ayudar por días, sacando gente que yacía entre los escombros.

Muchas anécdotas fueron las pláticas después de ocurrido el temblor siendo siempre esas conversaciones llenas de sentimientos encontrados. Aquellos quienes sobrevivieron lo relataban con lágrimas de alegría, así como con lágrimas de tristeza por quienes no solo perdieron a familiares o seres queridos sino también las hay amargas historias relatando la perdida de todo incluyendo su único patrimonio.

A 33 años de la conmemoración del terremoto de 1985 son muy pocas cuartillas, palabras y letras para poder describir lo que sucedió en nuestro país en este espacio editorial, pero al igual de corto que mi columna de Opinión están nuestras autoridades que muy a pesar del siniestro ha sido muy a cuenta gotas las prevenciones tomadas posterior al terremoto en donde ha sido más por parte de la iniciativa privada de tomar providencia en la construcción de nuevos edificios con sus amortiguadores para terremotos y aquellos que sobrevivieron adaptarles a su medida este tipo de equipamientos.

Más allá de ello, el nulo proceder de cada uno de los diferentes departamentos instituciones como el de Protección Civil o simplemente autoridades de otros niveles tanto municipales, estatales y federales en hacer una cultura de ello ante desastres naturales.

Una mofa es la manera de conmemorarlo con simulacros de evacuación a pocos días para recodar el terremoto del 85, en donde lo único que se ve es como si fuera un acto social lleno de risas, y caras de ignorancia de no saber qué hacer ni mucho menos hacia donde dirigirse.

Un simulacro en donde las puertas o salidas de emergencia siempre están cerradas con pasador y en otros casos hasta con cadenas y candados.

Ya pasaron más de tres décadas y seguimos en pañales con cero culturas de prevención de seguridad, accidentes y menos cultura para prevenir ante desastres naturales, aun sabiendo que en ciertas entidades federales se repiten cíclicamente eventualidades de la naturaleza que pueden terminar en desgracia como es el tiempo de lluvia, huracanes solo por mencionar las más comunes y sino solo basta con echar un vistazo a las noticias de nuestro país. (Premio Estatal de Periodismo 2011 y 2013, Presea Trayectoria “Antonio Estrada Salazar” 2018) www.intersip.org

 

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