Monday, 10/12/2018 | 19:38 UTC-6
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Degenera la corrupción

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Mi Columna

Degenera la corrupción

Por Carlos Robles Nava

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El gobierno de Andrés López Obrador, desde antes de iniciar oficialmente su gestión, fue insistente y repetitivo que acabará con la corrupción en las áreas públicas gubernamentales, lo que de antemano se reconoce que sería una medida sana y ejemplar, aunque los mexicanos esperan que su promesa no que quede en eso: Una simple promesa.

Sin embargo, este flagelo se ha enquistado demasiado al grado de que hasta las instituciones públicas más nobles y de mayor requerimiento por la comunidad como lo son las que imparten servicios de salud han caído en las garras de ese cáncer, por lo que harán sino imposible, sí difícil su total desaparición.

Es posible que el crecimiento de ese delito de robarse, apoderarse, desviar, saquear, etc., recursos  públicos, se deba como resultado de la ceguera o indiferencia de nuestras máximas y medianas autoridades gubernamentales para actuar y solapar esos actos delictivos que si bien es cierto fueron cometidos a una dependencia pública, no debemos olvidar que a final de cuentas se trata de impuestos pagados por todos los mexicanos.

Las penalidades instituidas en ese tipo de delito, además de suaves y “elásticas” por llamarlas de alguna manera por la forma como algunas se han aplicado como es el de simplemente que los saqueadores reintegren el dinero robado y “santo remedio”.

Muchos importantes funcionarios “resuelven” el delito cometido, huyendo del país y dejar que las cosas se “enfríen” o se olviden y como ejemplos existen muchos en la actualidad, además de los cometidos en el reciente pasado y en el muy pasado tiempo.

Y, para dar un ejemplo de esa elasticidad que demuestra que nuestras mismas autoridades facilitan que los saqueadores o rateros de fondos públicos salgan bien librados está la manipulación que por casi un millón de pesos en distintas partidas recientemente se hizo al sistema del Seguro Popular de Coahuila, tras una revisión de las cuentas a esa dependencia hecha por la Auditoria Superior de la Federación.

El saqueo y corrupción detectada por la ASF consistió en pagar sueldos a personal dado de baja meses antes; pagar salarios a trabajadores sindicalizados y que estaban “comisionados” en el Seguro Popular de Coahuila; y no reportar pagos a la Secretaría de Hacienda de los impuestos retenidos a los trabajadores, dándosele otro uso a esos dineros.

Todo se resolvió con la exigencia de la Auditoria Superior de la Federación de que los saqueadores regresaran el dinero, así de fácil, en vez de turnar los hechos a la Procuraduría de Justicia, como se hace en todo delito, porque lo cometido fue un abuso de confianza, por más que se pretenda presentarlo como que el dinero lo tomaron prestado.

Este caso, por su monto, son migajas para los saqueos multimillonarios cometidos por años y años a las arcas públicas de otras dependencias gubernamentales que en infinidad de casos se trata de cientos y hasta millones de pesos.

Mientras se siga actuando con esa blandura y “nobleza” que en mí país le llaman pendejez o complicidad, la corrupción oficial seguirá adelante con el silencio de nosotros los mexicanos que vemos y conocemos de esos saqueos y nos mantenemos tranquilos e indiferentes. (www.intersip.org)

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