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Se dicen y, contradicen

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Se dicen y, contradicen

Por Carlos Robles Nava

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Hay disposiciones y reglamentaciones de las autoridades municipales de Coahuila que la gran mayoría de los ciudadanos no las entienden, además de que desorientan y sobretodo que se desdicen y hablan mal del criterio y decisiones que toman los ayuntamientos.

Por mencionar un claro ejemplo de esas contradicciones, ¿de qué han servido las intensas campañas de prevención y combate a las adicciones? y por aludir a una de esas prohibiciones está la relacionada con las bebidas embriagantes.

Se exhorta a la juventud a que evite la ingesta de bebidas alcoholizadas; a que si se toma, no se maneje; a que los menores de edad no se embriaguen; que los padres de familia estén pendientes de que sus hijos menores, no vayan a antros o lugares donde se expenden bebidas etílicas, que el alcohol es un mal consejero, etc.”.

Por otro lado, los cabildos siguen autorizado cada vez más permisos o concesiones para la venta de cerveza, vino y otros tipos de bebidas con alcohol.

A lo más que llegan es a no permitir más negocios con venta de alcohol en sectores ya saturados de bare3s, discotecas o lugares con bebidas embriagantes, pero dejan abierta la opción para que fuera del área prohibida, pueden ir a vender sus “venenos”.

Por tanto, quedan en el aire las campañas contra las adicciones y en las que se derrocharon recursos públicos que pudieron haber servido para obras de beneficio comunitario.

En la sesión de cabildo de Saltillo, Coah., de mediados de noviembre pasado, se aprobó la prohibición al Norte de la ciudad de antros y en general de ningún establecimientos donde se vendan bebidas alcohólicas.

Fuera del área donde se estableció la prohibición y que es concretamente a lo largo de los bulevares Pedro Figueroa y Cuauhtémoc, no más nuevos negocios con productos etílicos, pero “fuera de esas arterias, donde se quiera”.

Los miembros del Cabildo, advierten que esa parte del Norte de Saltillo, está saturada de “bebederos” o “aguajes” etílicos, además de que los vecinos ya no toleran más ruido de los locales que además de alcohol, tienen música a todo volumen, como tampoco el tráfico de vehículos conducidos por gente beoda, ebria o concretamente borracha, por el peligro que representan.

Sin embargo, esta decisión del Cabildo da la impresión y obedece más que nada a una petición que extraoficialmente se sabe fue hecha por la Cámara Restaurantera por estar saturados dichos bulevares de tabernas, bares, cervecerías, cantinas, etc., disfrazadas de restaurantes.

Nuestras autoridades locales, olvidan o se hacen las occisas en el sentido de que son las empresas o fábricas cerveceras las que tienen en su poder la mayor cantidad de concesiones para la venta de cerveza y demás bebidas alcohólicas y que no requieren del permiso o autorización del ayuntamiento, puesto que ya tienen ese documento.

Por lo tanto, es más que suficiente con que esos monopolios cerveceros quieran abrir más negocios disfrazados de restaurantes que en honor a la verdad son reales y verdaderos “aguajes”, donde más del 70 por ciento de sus ventas están sostenidas con la expedición de cerveza y otras bebidas etílicas.

A las cosas hay que llamarlas por su nombre y no tratar simulaciones para engañar y mentir a la comunidad. (www.intersip.org)

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