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Guillermo Robles

La fantasía del apagón

OPINIÓN

Por Guillermo Robles Ramírez

La fantasía del apagón

El tema del apagón analógico cobra vida cada vez que se acerca la fecha límite para que las diferentes compañías televisivas puedan transmitir de manera digital su programación.

Lo han hecho tan popular que se habla de que según la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos determinó que la fecha a más tardar es el 31 de diciembre de 2015, es decir, lo es algo que está considerado dentro de la Carta Magna como derecho por ser ciudadano, incongruente e ilógico que se crea tal cosa pues desde su creación solamente ha tenido reformas insignificantes y otras en donde en lugar de arreglar solamente han provocado más vacíos para poder ejercer el derecho de los ciudadanos, como también así sus garantías.

Mucho se ha hablado sobre la necesidad de tener que hacer una verdadera reforma de estructura puesto que para aquella época fue muy funcional cumpliendo aparentemente la justa existencia y propósitos por la cual fueron creadas, pero en la actualidad se viven otras circunstancias donde las necesidades sociales y económicas son muy diferentes a las de 1931, quedando atrapado en el tiempo muchos artículos que no aplican después de casi más de ochenta años después, dejando hoyos o vacíos en muchos de sus artículos y que también para funciones prácticas de crecimiento e inversiones nacionales e internacionales y en lugar de ayudar generan una problemática para el desarrollo del país.

Bajo falsos derechos y sobre todo más allá de las obligaciones del gobierno mexicano en lugar de regular y estrangular los huecos legales aprovechados tanto para el crimen organizado así como los “pseudo políticos” organizados que solamente saquean las arcas de la nación, han inventado nuevas maneras de sacarle provecho negociaciones entre empresarios y políticos como el apagón analógico haciendo de ello una obligación por parte de las autoridades el tener que suministrar a más del 90 por ciento de la población, es decir, un poquito más de 100 millones de mexicanos al último censo por parte del Instituto Nacional de Estadística y Geografía.

Para comenzar no es necesario comprar una televisión nueva para poder recibir la señal digital, porque la analógica se puede conectar a un decodificador o en su defecto adquirir una antena de tipo interior o exterior que permita recibir la señal digital o tampoco es necesario contratar un servicio por cable o satelital.

Solo basta con detenerse para analizar quién se benefició de todo esto, obviamente en primer lugar la cadenas televisoras nacionales para continuar transmitiendo su señal, y haciendo una comparación con China en donde solamente tienen dos canales abiertos en donde uno de ellos pertenece al gobierno, motivo suficiente como para no tener en qué entretenerse  en la televisión y como resultado no hay distracciones en donde los chinos no tienen otra opción más que la de ser productivo.

Si cualquiera pensara que con eso se reactivó la economía mexicana también están muy equivocados porque el ochenta por ciento de esas nuevas televisiones que muchos políticos usaron como producto de mercadotecnia para promocionarse en el mercado mexicano andan en un promedio entre mil y mil setecientos pantallas de 19 pulgadas y en el supuesto caso que fuera así estamos hablando en que solamente en 100 millones de mexicanos esto representa una 170 mil millones de pesos en la compra de televisiones, sin embargo más del 80 por ciento de éstos equipos televisivos fueron hechos en China con un costo de 700 pesos cada una y lo facturado para que todos salgan ganando es solamente cosa de echar a volar la imaginación porque como se estila en México la política es el mejor negocio que te reditúa.

Pero lo más patético de todo es que el gobierno no es el que está pagando las televisiones regaladas sino aquellos quienes están dentro de la economía formal mexicana que estamos manteniendo a todos los políticos con sus negocios sucios, las cadenas televisivas, y a aquellos connacionales que reciben una televisión para la transmisión digital que tan pronto la reciben misma que la están vendiendo a precio malbaratado para gastárselo en todo menos en lo necesario y en otros casos hasta regalando las “teles”, para quedar bien con algún compadre o familiar. (Premio Estatal de Periodismo 2011 y 2013) www.intersip.org