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Carlos Robles

Es barril sin fondo

Mi Columna

Es barril sin fondo

Por Carlos Robles Nava

En todo un barril sin fondo se han convertido las enormes inversiones que realiza la mayoría de los municipios coahuilenses en señalización de sus calles, sea prohibiendo el estacionamiento vehicular para indicar los puntos para descenso y ascenso de personas con discapacidad, lo mismo para estacionamiento de vehículos con gente con problemas motrices, para marcar zonas escolares o también para fijar la velocidad máxima en zonas escolares, etc.

Aunque no existe una cantidad exacta, al menos hecha pública por alguno de los gobiernos municipales de la entidad, lo gastado en señalización representa varios millones de pesos de manera particular en las comunidades de mayor población.

Lo malo y diría lo peor es que esas señales de hecho nadie las respeta y es mucho decir, ni siquiera las patrulleros de los cuerpos policiacos y de tránsito o vialidad, así como los funcionarios de los distintos niveles que se protegen invocando impunidad oficial, sin tenerla, pues debe entenderse que todos coludos o todos rabones, es decir, las leyes no establecen que por ser legislador de cualquier nivel o funcionario público les concede el privilegio de no respetar las señales o normativas de buen gobierno como lo es en este caso la señalización en general.

Porqué esos millones de pesos no son aplicados a otras áreas en donde se refleje un beneficio real o llegue a grupos ciudadanos vulnerables que nada tiene y todo necesitan, en vez de votarse sin ningún fin ni beneficio.

Ejemplos hay infinidad, como lo es la reciente rehabilitación de la calle Allende de Saltillo, Coahuila, cuyas obras costaron varias decenas de millones de pesos, disponiendo la autoridad local orden en el estacionamiento vehicular, el que por decidía e indiferencia de los jefes de tránsito y policía, decenas de conductores se estacionan diariamente en áreas en donde desde un principio se instalaron señales marcando la prohibición de estacionarse, medida que se la pasan por el arco del triunfo y las autoridades de tránsito no solo se hacen ciegas, sino que toleran y lo permiten socarronamente demostrándolo cuando pasan las patrullas por esas calles y no proceden su disimulo para no actuar, provocando esa tolerancia que en crezca el número de conductores que están acostumbrándose a estacionarse en donde hay señales sobre su prohibición.

Justo es lo mismo que ocurre en las áreas de ascenso y descenso de los discapacitados en la calle Victoria y afuera de edificios públicos y particulares que aunque lo tienen señalizado, con toda  tranquilidad alardean de su abuso haciendo uso de esas áreas e impidiendo lo utilice alguien que realmente requiera de ese espacio por su inmovilidad.

Y, no solo es Saltillo, quien adolece de esta apatía e indiferencia de las autoridades de vialidad tránsito, sino que es la misma canción o cantaleta que se presenta en Torreón, Monclova, Piedras Negras y Ciudad Acuña, por mencionar las poblaciones coahuilenses en donde más ocurren estas violaciones, sin importar el costo de estos programas de señalización.

En las mismas áreas o alrededor de los edificios de las Presidencias Municipales de Piedras Negras y Ciudad Acuña, se ha hecho normal pasarse por el arco del triunfo la señalización, pese a que sus propios alcaldes, Fernando Purón y Lenin Evaristo Pérez Rivera, respectivamente, cuando llegan a sus oficinas ven con indiferencia la falta de respeto de muchos conductores al violar las reglas de vialidad.

Otra de las “piedritas” es que más se tarda en mejorar la imagen de las calles de los centros históricos que los comerciantes en sacar a la banqueta su mercancía, dando un mal aspecto. (www.intersip.org)