Noticias Coahuila, Lideres de Opinión, Reportaje SIP

Liliana García

Overoles que tejen el mañana de Coahuila

Overoles que tejen el mañana de Coahuila

Por Liliana García Navarro

23 Abril 2026.- Una parte fundamental del progreso de nuestra región son las mujeres que cada mañana se ponen el overol y salen a trabajar antes de que salga el sol. Claro que todos sabemos que Saltillo y sus alrededores han crecido mucho en estos años, tanto en población como en infraestructura, pero detrás de ese crecimiento hay historias que merecen ser contadas con respeto y admiración.

Yo, que llevo dieciocho años viviendo en esta ciudad, he visto cómo la industria automotriz ha cambiado la vida de tantas familias, y sobre todo cómo las mujeres han sido el motor silencioso que mantiene todo en marcha, sin quejarse, sin pedir aplausos.

El pasado miércoles 15 de abril de 2026, en una feria de empleo en Ramos Arizpe, me topé con doña Lupe, una operaria de toda la vida. Con esa sonrisa cansada pero firme que solo tienen las mujeres del norte, me platicó: “Miré, yo entré aquí hace más de veinte años cuando apenas sabíamos qué era un airbag. Hoy mis hijas ya programan robots y yo les enseño a no bajar la mirada”.

Sus palabras me llegaron derecho al corazón. Porque uno piensa que la maquila es puro ruido, soldadura y turnos largos, pero detrás de cada overol hay una madre, una hija, una esposa que lucha por sacar adelante a su familia sin descuidar nada, y eso, la verdad, es admirable.

En 2025 la industria automotriz en Ramos Arizpe y Arteaga generó empleos formales, aunque el estado cerró el año con una pérdida neta de más de veintidós mil fuentes de trabajo, incluyendo recortes en General Motors.

A pesar de todo eso, las mujeres siguen siendo el corazón de las líneas de ensamble. Antes se les llamaba “mano de obra barata”; hoy, con los nuevos tiempos y la tecnología, son ellas las que calibran sensores, revisan la calidad con ojos que no fallan y hasta estudian turnos vespertinos para aprender inglés.

Piensen nomás cuántas familias dependen de ese sueldo que llega puntual a fin de mes y que permite pagar la luz, la comida y, sobre todo, la educación de los hijos. Yo lo he visto de cerca.

Me acuerdo de aquellas tardes de los noventa, cuando las primeras plantas empezaban a llegar a la región. Una señora, con las manos llenas de grasa, pero la frente bien alta, me confesó entre lágrimas que su primer sueldo le permitió sacar adelante a tres hijos sin depender de nadie. “Ya no soy la que espera en la puerta”, me dijo con la voz quebrada.

Hoy, con los recortes de enero de 2026 en GM, la cosa se ha puesto dura otra vez, pero el espíritu de estas mujeres no cambia para nada. Las operarias ya no solo arman autos; están aprendiendo inglés en las mismas líneas y empujando a sus hijas a ser ingenieras. “La verdad, yo quiero que mi hija no tenga que elegir entre familia y trabajo”, me platicó otra mujer trabajadora el otro día en Arteaga, y se me quedó grabado.

Todo mi respeto para estas mujeres coahuilenses que se levantan antes del amanecer, le dan de comer a su familia y, de paso, le dan de comer al país entero. Sin postureo, sin discursos vacíos de esos que a veces se escuchan por ahí.

En Ramos Arizpe, donde las plantas siguen latiendo a pesar de los tropiezos económicos, ellas mantienen vivo el sueño de un Coahuila industrial pero humano, con corazón.

Porque el verdadero progreso no se mide solo en toneladas de autos exportados ni en cifras del IMSS. Se mide en cuántas de estas mujeres pueden decir con la cabeza en alto: “yo lo logré”. Se mide en cuántas hijas ven a su mamá con overol y piensan que el futuro sí es posible, que sí se puede.

Mientras camino por las calles de Saltillo y veo a las muchachas saliendo del turno de noche, cansadas, pero con la mirada firme, pienso que esa es la revolución que no sale en los noticieros nacionales, pero que aquí en Coahuila se siente en el aire todos los días. La que se construye con sudor, paciencia y mucho coraje norteño.

Las mujeres que cosen futuro con overol y valor merecen todo nuestro agradecimiento y admiración. Porque su labor, como la de tantas madres y trabajadoras que he mencionado en otras columnas, es la que realmente sostiene a las familias y a nuestra tierra. Todo mi respeto y mi cariño para ellas. Que Dios las bendiga y les dé fuerza para seguir adelante, siempre. www.intersip.org