OPINIÓN
Por Guillermo Robles Ramírez
El vaso medio seco de Torreón

Fíjese usted, amigo lector, cómo pasan los años y la cosa sigue igualita. Ya estamos a finales de abril del 2026, y aquí en Torreón, la Perla de La Laguna, el agua vuelve a ser tema de plática en las esquinas, en las tortillerías y hasta en las reuniones de familia.
La neta es que uno, con muchos años recorriendo el norte con libreta en mano, ya perdió la cuenta de cuántas veces hemos escrito sobre lo mismo. Porque el SIMAS, ese Sistema Municipal de Agua y Saneamiento que todavía lleva el mismo nombre de siempre, sigue siendo como un viejo enfermo que se mejora un rato y luego recae más fuerte.
Acuérdese nomás de aquel 2010. Yo andaba cubriendo la fuente municipal bajo la administración de Eduardo Olmos Castro, y no pasaba semana sin que llegaran las quejas. Once meses del año y ya teníamos escasez parcial o total en varias colonias, a pesar de que no fue un año de esos calores infernales que multiplican la demanda.
Desabasto, fugas por todos lados, conexiones sin medidor y una cartera vencida que daba miedo: más de 170 millones de pesos, con empresas y particulares que llevaban hasta diez años sin pagar un solo centavo.
La gente se colgaba de la red general como si el agua brotara del cielo, y muchos inspectores, pues… ya se imaginará usted, se hacían de la vista gorda con el tradicional “arreglo”.
El problema, la verdad, no era nomás de Torreón. Era, y sigue siendo, el cáncer que tiene a casi todos los SIMAS del estado. Falta de voluntad, o de visión, para hacerlos autosuficientes y dejar de ser la caja chica, mediana o grande de los ayuntamientos. Recuerden nomás: ¿cuántas veces hemos visto a los alcaldes prometer que esta vez sí lo arreglan?
Pero ahí va la cal en medio de tanta arena. En esos días llegó como gerente general Jesús Campos Villegas, un exbanquero al que se le reconocían sus buenos números en el mundo financiero. Y la neta, él y su equipo hicieron algo que valió la pena: metieron al padrón a más de tres mil usuarios que vivían del agua y el drenaje como si fuera un derecho divino sin pagar ni un centavo.
Una fuga de dinero y de líquido que venía arrastrándose por años, puro desorden administrativo de las autoridades pasadas. Desde octubre de ese 2010, eso se tradujo en más ingresos, y por un rato se respiró esperanza. “Ahora sí vamos a mejorar el servicio”, decían.
Y uno, como reportero, quería creerlo. ¿Y sabe qué? La cartera vencida de entonces parecía enorme. Pero mire cómo ha crecido el monstruo. Pasaron administraciones: después de Olmos vino Miguel Ángel Riquelme Solís del 2013 al 2016, luego el interino Jorge Luis Morán, Jorge Zermeño Infante con sus reelecciones hasta el 2021, un breve paso de Sergio Lara y, desde el 2022, con reelección para el 2025-2027, el actual alcalde Román Alberto Cepeda González.
Cambian los nombres en el palacio, cambian los gerentes, hoy está Roberto Escalante González al frente del SIMAS, pero el mal sigue ahí, arrastrándose como una deuda eterna.
Este mismo abril del 2026, otra vez las pipas en el oriente. Fallas en el pozo 76, apagones que dejan sin energía a las bombas, colonias como Villas del Sol y Jardines Universidad sin agua. Yo he visto de todo, pero duele ver que dieciséis años después seguimos con lo mismo.
Recuerdo una vez, por los noventa, cuando cubría una protesta en una colonia popular: una señora con cubetas en las manos me agarró del brazo y me dijo, “mire, periodista, aquí pagamos por lo que no nos dan”. La frase se me quedó grabada. Porque la cultura del “no pago” sigue seca a Coahuila, como bien decía un columnista hace unos días.
Hoy la cartera vencida ya ronda los 900 millones de pesos, según reportes del año pasado, y el adeudo con Conagua anda cerca de los 200 millones. Se han contratado agencias de cobranza para recuperar al menos 250 millones, hay descuentos y campañas para que los morosos se pongan al corriente.
Pero el siguiente pago impostergable es actualizar esa lista de deudores eternos, tener una cifra real de lo que se puede cobrar. Solo así se podrá medir la capacidad para invertir en lo que hace falta: cambiar tubería vieja donde las fugas se llevan casi la mitad del agua, arreglar los equipos de bombeo, y seguir atacando el arsénico en los pozos, ese fantasma que no se va ni con el programa Agua Saludable para La Laguna, que a veces se suspende por interconexiones y obras.
La verdad, yo he visto cómo este desorden administrativo se ha convertido en símbolo de vergüenza que pasa de un sexenio municipal a otro. Conexiones ilegales que siguen apareciendo, colectores que se caen siendo específico fueron 28 nada más en enero de este año, y una red que pide a gritos mantenimiento. Y mientras, el usuario de a pie sigue abriendo la llave con la esperanza de que salga algo más que promesas.
En fin, llevar al SIMAS Torreón a tener una economía sana no es un lujo, es una necesidad. Sería en beneficio de sus propios usuarios, de las familias laguneras que todos los días enfrentan el calor, el trabajo y la vida con un vaso de agua que debería ser seguro y pagado como debe ser. Porque la verdad, ya basta del dicho “…unas de cal por una y arena”, pero por mil. Ojalá que esta vez, con Cepeda y Escalante, las cosas por fin empiecen a fluir como debe ser el agua: limpia, constante y justa. (Premio Estatal de Periodismo 2011 y 2013, Presea Trayectoria Antonio Estrada Salazar 2018, finalista en Excelencia Periodística 2018 representando a México, Presea Trayectoria Humberto Gaona Silva 2023) www.intersip.org


