OPINIÓN
Por Guillermo Robles Ramírez
Hilos sueltos del obrero olvidado

Hoy es Primero de Mayo del 2026 y aquí estamos, con el calendario abierto en un día que para muchos ya nomás significa “no chamo”. Sin más vueltas. Un asueto que se planea con la misma cara de “por fin” que cualquier puente largo, pero sin ese peso de la historia que antes lo hacía distinto.
Yo, que sigo garabateando en mi libreta como cuando empecé en Torreón, lo miro y se me hace un nudo. Porque antes el trabajador sabía por qué descansaba: por Chicago, por Cananea, por Río Blanco, por aquella jornada de ocho horas que no cayó del cielo, se la arrancaron a la vida a golpes.
Honestamente es que el mundo sigue festejando a su manera. Italia con sus macroconciertos en Roma que jalan gente de todos lados. Francia mezclando el día con el Muguet, esa flor de lirio que se regala pa’traer suerte. Aquí, recuerdo, que antes eran marchas de a millones por las calles, con banderas al viento y el pecho hinchado. Hoy… pues ya ven. Algunos sindicatos como la CTM en Acapulco retoman el desfile después de cinco años, otros en Xalapa o Hermosillo sacan contingentes, pero la mayoría optó por mesas de diálogo y convites cerrados. Seguridad, dicen. Flojera o indiferencia, pienso yo a veces.
El día se ha prestado para cualquier otra bronca menos la laboral, y los que tienen chamba formal tampoco le encuentran mucho chiste: al patrón le sirve para echarle más horas con el mismo sueldo. “Tómalo o déjalo”, y uno traga saliva porque la canasta alimentaria en las ciudades anda por los dos mil quinientos setenta y un pesos mensuales por persona, según el INEGI de marzo, y el salario mínimo general se quedó en trescientos quince con cuatro centavos diarios este año. Subió, sí, pero para una familia sigue siendo malabares.
Yo me acuerdo, de adolescente y también en mis tiempos de reportero por la Laguna, de ver a los obreros salir en bola el Primero de Mayo. Había un orgullo, un “esto es nuestro”. Ahora pláticas con la gente en la calle y te dicen que sí, que el salario mínimo ha mejorado, que el gobierno ha empujado, pero que las oportunidades reales se siguen achicando.
La informalidad que anda por el cincuenta y cuatro puntos ocho por ciento, según la última ENOE. Desempleo que no baja del todo. Y fíjese: mientras en otros países conmemoran el avance sindical con orgullo, aquí parecemos más ocupados en planear el descanso que en honrar la pelea. Es como si el país, que por lógica debería avanzar más porque “trabaja menos” en teoría, terminara avanzando menos.
Y hoy, precisamente hoy, entra en vigor el periodo de transición de la reforma a la jornada laboral que impulsó la presidenta Sheinbaum: dos horas menos por año hasta llegar a las cuarenta en 2030. Suena bonito, ¿verdad? Más tiempo para la familia, para uno mismo. Pero la realidad es terca. Los patrones ya andan apretados con cuotas, deducciones y falta de estímulos. Algunos contratan menos, alargan los periodos de prueba, y los jóvenes se van porque no ven para dónde.
La carga se reparte entre menos hombros y el sueldo no alcanza. Uno se pregunta, en voz baja, si tanto descanso propuesto no estará dejando al país más rezagado justo cuando más falta hace productividad.
No es que antes fuera el paraíso, ni mucho menos. Pero había apego al día. Los líderes sindicales recordaban a los mártires, levantaban la jornada de ocho horas como bandera.
Hoy, la realidad es que muchos de esos mismos grupos parecen más metidos en morder el hueso político, en sus acuerdos en lo oscuro, que en la clase trabajadora de a pie. La gente sigue sumergida en sus necesidades, convertida en marioneta de una causa que ya no le pertenece del todo.
Y no es solo el Primero de Mayo. Pasado mañana, el 3, toca el Día de la Santa Cruz, el del albañil, esa tradición del siglo XVI que se va diluyendo porque ya casi no se ven las cruces de madera con flores y papel china en las obras.
También es el Día Mundial de la Libertad de Prensa, y ahí duele de verdad: México sigue entre los más peligrosos para los compañeros periodistas. Denuncias, cifras de asesinatos que se quedan en el aire. En lugar de festejar, deberíamos aterrizar apoyo de verdad, leyes que protejan, un fondo para las familias. Pero eso se queda en el olvido, como hecho aislado.
El panorama es amargo, ¿no? Por segunda ocasión gobierna la Cuarta Transformación, se han hecho cosas en lo laboral en donde sí hay que reconocerlo, pero falta ese “algo” que no llega. Los incrementos al salario mínimo se dan, sí, pero luego vienen los ajustes en las cuotas y los patrones recortan. La jornada de cuarenta horas arranca su transición justo hoy, y aunque suena a victoria obrera, uno siente que en un país con tanta informalidad y productividad que no despega, el descanso extra podría terminar pesando más sobre los hombros de los que menos pueden.
A comparación con otros países mientras en Europa presumen semanas cortas con economías que caminan, aquí seguimos batallando con lo de siempre. Los obreros de la construcción, los del comercio, los profesionistas… todos en la misma lancha porque ni siquiera se llega a un barco. Y los líderes sindicales, pues, pidiendo más, siempre más, como en la pirinola: toma todo o deja todo.
Yo no vivo en el pasado, pero ¡caray!, cuando uno ve cómo se ha diluido el sentido social del Primero de Mayo, cómo se ha perdido el desfile masivo, la memoria de los mártires, el orgullo obrero… se queda uno pensando. Hoy será un día más de descanso para muchos. Para otros, solo otro día de cargar con más trabajo.
Y la lucha, esa que se conmemoraba con marchas y no con mesas de diálogo por “seguridad”, se va quedando en el olvido. Ojalá no. Ojalá algún día volvamos a recordar por qué descansamos: no solo para recargar pilas, sino porque otros pelearon para que pudiéramos hacerlo con dignidad. Mientras tanto, aquí seguimos, con más asueto en el calendario y menos alma en el corazón. (Premio Estatal de Periodismo 2011 y 2013, Presea Trayectoria Antonio Estrada Salazar 2018, finalista en Excelencia Periodística 2018 representando a México, Presea Trayectoria Humberto Gaona Silva 2023) www.intersip.org


