OPINIÓN
Por Guillermo Robles Ramírez
Mi yerno gringo y el patriotismo que olvidamos

El pasado Martes 5 de mayo del 2026, me llegó un mensajito de mi yerno. Ese güerito estadounidense, casado con mi hija desde hace años, me mandó un emoji de pingüinos tocando guitarras mexicanas, con sombreros jarochos y todo el show, y abajo nomás: “HAPPY CINCO DE MAYO”. Yo me quedé mirando la pantalla como idiota. La neta, pensé: mejor mi yerno gringo recuerda esta fecha que un chingo de mexicanos de a pie. ¿Y sabe qué? Eso me dolió más que cualquier resaca de tequila.
Quiero que sepan ustedes, que pertenezco a esa generación que todavía tuvo Civismo, Valores y Ética como materias aparte en la primaria y la secundaria, junto con las Ciencias Sociales. Luego las quitaron, las cambiaron por otras cosas que, la verdad, a mí no me convencen. Y mire cómo nos ha ido. Observo un México sin civismo, sin patriotismo y, menos aún, sin ese amor a la patria que antes se respiraba en las escuelas y en las plazas.
Lo ves clarito cada vez que hay una marcha, sea feminista o de lo que sea, pero sobre todo en las que organizan las féminas: monumentos rayados, estatuas de héroes que parecen haber pasado por pandilleros. Ni respeto ni madres. Es el mismo desmadre que uno veía en los ochenta cuando cubría manifestaciones en el norte, en Torreón o Saltillo, pero ahora con celulares y redes sociales de por medio.
Por eso, aquí va mi granito de arena, aunque ya esté viejo y escriba todavía a mano en mi libreta antes de pasarlo a la computadora. Quiero recordarle a los jóvenes y, sobre todo, a las autoridades, porque ellos son los que mandan, con o sin año electoral, que el Martes pasado se conmemoró la Batalla de Puebla.
Esa victoria del 5 de mayo de 1862 contra los franceses no fue cualquier cosita. Vino después de la Guerra de Reforma, ese pleito civil del 57 entre liberales que querían separar a la Iglesia del gobierno y conservadores que la defendían a capa y espada. Al final, en el 61, el país quedó en la ruina. Benito Juárez, como presidente, no tuvo de otra más que suspender el pago de la deuda externa. Y ahí se armó el relajo: Inglaterra, España y Francia se enojaron y mandaron sus tropas para cobrarnos a la fuerza.
Pero el 5 de mayo, en Puebla, los nuestros les dieron una lección. Creían que la ciudad caería fácil, y no. Alrededor de 460 franceses muertos o heridos, contra apenas 83 mexicanos. Una derrota histórica para Napoleón III. Yo, que he cubierto tantos 5 de mayo en mi carrera, sé que esa fecha siempre ha sido más ceremonial aquí, más de desfiles en Puebla y poco más.
El pasado martes, por ejemplo, la presidenta Claudia Sheinbaum encabezó el acto en el Mausoleo de Ignacio Zaragoza, con desfile cívico-militar y todo el protocolo. Habló de soberanía, de que nadie desde afuera nos dicta cómo vivir. Bien dicho, pero… ¿y el resto del país? Poco se sintió. En las ciudades grandes, en el norte donde yo vivo, la gente siguió su día como si nada. Unos cuantos puestos de tacos, alguna escuela con acto, y ya.
Ahora contraste a eso con lo que pasa del otro lado. En Estados Unidos, el 5 de mayo es casi fiesta nacional para los mexicoamericanos. Desfiles, fiestas temáticas, cerveza a raudales, hasta la Casa Blanca ha hecho eventos oficiales. Y eso viene de lejos.
Empezó en California en los años 60 con el movimiento chicano, que lo usó para pelear contra la segregación y afirmar su identidad. Muchos gringos lo confunden todavía con el Día de la Independencia, creen que fue cuando nos liberamos de España. Error garrafal, pero da igual: lo celebran con más ganas que nosotros. La verdad es que, equivocados o no, allá lo viven con fervor. Aquí, apatía pura.
¿Y sabe qué me da más risa y más coraje al mismo tiempo? Que nuestros antepasados pelearon contra invasores extranjeros con uñas y dientes, por una causa social, por la patria. Hoy, en cambio, dejamos que gobernadores, funcionarios y hasta presidentes saqueen las arcas sin que nadie mueva un dedo. ¿Cómo es posible que hayamos vencido a los franceses en Puebla y no podamos con el robo de los de casa?
Los valores cívicos se quedaron guardados en los libros de historia, como reliquias de museo. En las escuelas, aunque ahora con la Nueva Escuela Mexicana se habla de “formación cívica y ética”, la verdad es que ya no se siente lo mismo. Los chamacos aprenden fechas, pero no el orgullo. Yo lo he visto en diferentes comunidades : niños que saben más de influencers que de Zaragoza o de Juárez.
Recuerden en las marchas que hemos visto estos años. Monumentos pintarrajeados, estatuas de héroes que parecen basura. ¿Dónde quedó ese respeto que nos inculcaban de chiquillos? Yo recuerdo, en los setenta, cuando era un joven en Torreón, cómo la gente se paraba en seco ante la bandera. Hoy, pues… ni los maestros lo viven con ganas. Y las nuevas generaciones, criadas sin esa materia aparte, crecen con el celular en la mano y la patria en segundo plano.
La incongruencia es brutal. Mi yerno, ese gringo que ni siquiera nació aquí, me manda pingüinos con sombrero celebrando la Batalla de Puebla. Y yo, mexicano de pura cepa, tengo que explicarle a mis nietos qué pasó ese día porque en la escuela apenas lo mencionan de pasada. ¿Qué estamos haciendo mal? Hemos permitido que el saqueo venga de dentro, que el patriotismo se convierta en algo de museo. Nuestros revolucionarios peleaban por algo real; ahora la lucha social se diluye en memes y en enojos de Twitter.
¡Ande no!… autoridades, jóvenes, compatriotas: no esperemos a que un gringo nos recuerde quiénes somos. La Batalla de Puebla nos enseñó que los de abajo podemos ganar cuando nos unimos. El martes pasado fue 5 de mayo. Mañana puede ser tarde si seguimos dejando que el amor a la patria se nos escape como agua entre los dedos. Piense nomás en eso mientras siguen leyendo esta columna. Porque duele, caray. Duele ver que un pingüino con sombrero tenga más orgullo mexicano que muchos de los nuestros. (Premio Estatal de Periodismo 2011 y 2013, Presea Trayectoria Antonio Estrada Salazar 2018, finalista en Excelencia Periodística 2018 representando a México, Presea Trayectoria Humberto Gaona Silva 2023) www.intersip.org


