OPINIÓN
Por Guillermo Robles Ramírez
Sed de futuro: agua y nearshoring ante el nuevo Congreso

Fíjese usted cómo corren los días en Saltillo. Uno sale a la Alameda, se sienta bajo los árboles que todavía dan sombra fresca en abril, y de pronto la plática con los compañeros de siempre gira hacia lo mismo: el trabajo que llega, las plantas que se abren, pero también esa inquietud que nadie quiere decir en voz alta.
Tras la jornada electoral de este pasado domingo 7 de junio, Coahuila cuenta ya con un nuevo Congreso local. Los 25 diputados electos, 16 de mayoría relativa y 9 de representación proporcional, asumirán en las próximas semanas una responsabilidad estratégica: definir el rumbo económico y social del estado para los próximos tres años.
Y honestamente, es que hay un tema que no puede quedarse en el tintero de las campañas. Porque el Nearshoring nos está pintando un futuro brillante, pero el agua… ¿hay?, el agua nos está recordando que sin ella todo se queda en promesas.
Mire, yo he caminado este estado de norte a sur durante más de 35 años. Desde las mañanas polvorientas de Torreón, donde el calor de la Laguna te pega como bofetada, hasta las sierras frescas de Arteaga que todavía guardan un poco de ese aire puro de la mañana. Y siempre, siempre, el agua ha sido la que manda.
Ahora, con el Nearshoring bien plantado, Coahuila lidera rankings de competitividad. La ubicación fronteriza, la infraestructura, las políticas que atraen inversión… todo eso es verdad. Llegan proyectos automotrices, aeroespaciales, manufactureros. Empleo, ingresos, desarrollo. ¡Y eso es muy bueno!.
Pero hay que tomar en cuenta, las presas binacionales La Amistad y Falcón siguen operando con niveles bajos. En reportes recientes de mayo, La Amistad anda alrededor del 19 por ciento y Falcón por debajo del 18. Sequía persistente, como siempre en el norte. Y la industria que viene es intensiva en agua. Compite directo con el campo y con el consumo de las familias.
¿Y saben qué?. Ni durante las campañas que estuvieron en su apogeo no se habló con la profundidad que merece esta compatibilidad entre inversión y certeza hídrica; así como tampoco hubo algún debate del tema.
Por esta razón, el Congreso Local que los coahuilenses eligieron el domingo 7 de junio enfrenta una encomienda de enorme trascendencia, que supera con mucho la simple ocupación de las bancas legislativas o la emisión de discursos desde la tribuna. Los 25 diputados que integrarán la LXIV Legislatura tendrán, en las próximas semanas, la alta responsabilidad de marcar el rumbo económico y social del estado para los próximos tres años.
Se trata de una tarea que va más allá de las formalidades del cargo; implica tomar decisiones estratégicas, priorizar agendas reales y construir las bases sólidas sobre las cuales Coahuila pueda seguir creciendo de manera sostenible y equilibrada. En sus manos queda, por tanto, la posibilidad de convertir los retos actuales en oportunidades concretas para el futuro de todas las familias del estado.
No se trata de frenar el Nearshoring. Al contrario. Se trata de blindarlo. Porque el agua ya dejó de ser solo un asunto ambiental para convertirse en factor decisivo de competitividad.
Los reportes de Conagua, del IMCO y hasta del World Economic Forum lo dicen clarito: sin una gestión integral, la escasez puede cortar de tajo el crecimiento que tanto celebramos.
La verdad, yo he visto de cerca cómo duele esto. Recuerdo una tarde en Ramos Arizpe, platicando con un ingeniero de una planta recién llegada y, al mismo tiempo, con un ejidatario de por allá que me enseñaba sus surcos resecos. El ingeniero hablaba orgulloso de empleos y exportaciones; el ejidatario solo movía la cabeza y decía “pues sí, pero el agua…”.
Esa imagen se me quedó grabada. Porque el progreso no puede ser de unos cuantos mientras otros se quedan con la sed. Y ahí es donde entra la gente. No solo el gobierno ni solo los diputados. Nosotros, los coahuilenses de a pie, tenemos que empujar para que se creen las reformas necesarias. Reformas que mantengan el agua y abran también la puerta a inversiones que no dependan tanto de este recurso tan escaso.
Piensen nomás. Urge que desde las primeras sesiones el nuevo Congreso impulse estrategias de reutilización y tratamiento de aguas residuales en los parques industriales que están brotando por todos lados. Que se revise con transparencia las concesiones de agua, para equilibrar los usos productivos sin que nadie se quede atrás. Que se den incentivos reales a las tecnologías de bajo consumo hídrico en las nuevas inversiones. Y que haya mayor coordinación con la Federación y los municipios fronterizos como Acuña, Piedras Negras, esa frontera viva que palpita todos los días, para anticipar riesgos y no andar apagando incendios cuando ya es tarde.
No es poca cosa. El Congreso tendrá los instrumentos presupuestales, normativos y de fiscalización para construir ese equilibrio. Pero la verdad, lector, es que esto no se logra solo desde el Palacio Legislativo. La población tiene que estar atenta, exigir, participar. Porque si nosotros no pedimos que se diversifiquen las opciones de inversión, que lleguen también proyectos más inteligentes con el agua, que no la chupen como esponja, entonces el Nearshoring puede convertirse en un crecimiento efímero.
Y eso, usted y yo lo sabemos, no les sirve a las generaciones que vienen. Yo, que he cubierto tantas historias en Monclova, donde el acero forja gente derecha y trabajadora, o en Saltillo, donde las mañanas todavía invitan a soñar con un Coahuila grande, les digo con el corazón en la mano: este es el momento.
El Nearshoring llegó para quedarse, sí. Pero solo será sostenible si lo construimos sobre bases sólidas. Y la base más sólida, la más urgente, es el agua.
A veces uno piensa que con tanto anuncio de inversión ya todo está resuelto. Pero la realidad del norte nos enseña otra cosa. La sequía no negocia. El Río Bravo no espera. Y Coahuila tiene la oportunidad histórica de demostrar que puede crecer económicamente sin comprometer su recurso más estratégico. Los coahuilenses esperamos y exigimos, que los diputados electos asuman este reto con visión de largo plazo. Que no sea solo discurso de campaña, sino acción concreta.
Porque al final del día, cuando uno se sienta aquí en la Alameda y ve a las familias paseando, a los jóvenes buscando futuro, a los abuelos contando historias de cuando el agua era más generosa, uno entiende que esto no es solo política. Es vida. Es el norte que nos vio nacer. Y ese norte merece un desarrollo verdadero, duradero, que no se quede en el papel ni en las estadísticas bonitas.
La agenda no admite demoras. El agua y el Nearshoring tienen que caminar de la mano. Y para eso, gobierno, Congreso y, sobre todo, la gente de Coahuila, tenemos que remar juntos. Fíjense nomás qué cosa tan sencilla y complicada al mismo tiempo. Pero si lo hacemos bien, dentro de unos años podremos mirar atrás y decir: aquí sí supimos hacerlo. Aquí el progreso no se comió al futuro. (Premio Estatal de Periodismo 2011 y 2013, Presea Trayectoria Antonio Estrada Salazar 2018, finalista en Excelencia Periodística 2018 representando a México, Presea Trayectoria Humberto Gaona Silva 2023) www.intersip.org

