OPINIÓN
Por Guillermo Robles Ramírez
Participaciones a media luz

Platicando con un funcionario me hace la observación de que en la Federación suenan las campanas de que la economía va mejor, que los impuestos entran más gordos y que hasta el petróleo ha tenido sus buenos ratos este año. Pues la cosa es que, mientras allá arriba presumiendo, acá abajo, en los estados y sobre todo en los municipios, el cinturón se sigue apretando mes con mes.
Yo he visto esto tantas veces en casi medio siglo de andar con la libreta bajo el brazo… y la verdad es que el patrón se repite con otra ropa. Ahora la Secretaría de Hacienda, con el maestro Édgar Amador Zamora al frente, reporta que en lo que va del año los ingresos tributarios han aguantado el tirón y que los petroleros, aunque con altibajos por la producción y el tipo de cambio, no se han caído del todo. La Presidenta Claudia Sheinbaum habla de recuperación y de que hay recursos. Empero, y aquí viene el pero que duele, a las entidades y a los ayuntamientos les llegan menos participaciones de las que se habían calendarizado. No hay mes en que no se sienta el recorte o la demora. En el primer semestre, según los propios números de Hacienda y de los centros de estudio del Congreso, las participaciones pagadas bajaron en términos reales casi un 3.6 por ciento a nivel nacional. Veintitrés estados recibieron menos. Algunos, como Campeche o Sinaloa, se llevaron golpes más fuertes; otros, como el nuestro, han sorteado mejor, pero nadie se salva del apretón.
Imagínense nomás lo que significa eso en un municipio de Coahuila. En Torreón o en Monclova, donde el gasto corriente se come casi todo y las obras de bacheo o de agua potable dependen de esos envíos. En Piedras Negras o en Acuña, fronterizos, donde el movimiento comercial exige que el dinero llegue a tiempo. Y en Saltillo, que es donde vivo desde hace ya casi tres décadas, uno plática con los del Ayuntamiento y le cuentan que tienen que echar mano de ahorros o de recortes en renglones que no eran de vida o muerte para no parar lo programado. La verdad yo he visto eso mismo en otras administraciones: cuando la Federación se queda con más de lo que le toca repartir, o cuando la recaudación federal participable se enfría por el ISR o por el petróleo, los de abajo son los que pagan el plato.
Esta semana se volvió a escuchar la queja, ahora desde las bancadas de oposición. No es el mismo legislador de hace dieciséis años, claro, pero el reclamo es casi calcado: que Hacienda ha aplicado otra vez la “mordida” a las participaciones, que suman ya miles de millones menos de lo esperado en lo que va del 2026, y que eso estrangula a los gobiernos locales. Se habla de que el golpe se siente más en las administraciones que no son del color oficial, aunque la realidad es que el problema es general. Coahuila, gobernado todavía por el tricolor con Manolo Jiménez, no ha tenido que cancelar obras grandes porque se anticipó, redujo gastos no indispensables y se puso el cinturón desde antes. Pero ¿hasta cuándo aguanta uno? Sabe a qué me refiero… la paciencia tiene límite cuando el pueblo espera que se termine el puente, que se paguen las nóminas a tiempo o que no se suban más los precios de la gasolina y el diésel, que también siguen dando brincos, aunque Hacienda meta estímulos.
Los ingresos por petróleo han tenido meses buenos, con la mezcla mexicana por arriba de los cincuenta y tantos dólares que se fijaron en el presupuesto. Y, sin embargo, las explicaciones de por qué se recortan o se retrasan las participaciones no llegan claras. Se dice que es por la debilidad de la recaudación participable, por el ISR que no creció como se esperaba, por compensaciones y descuentos. Pero a final de cuentas el dinero que por ley corresponde a estados y municipios se queda corto. Y mientras tanto, en la Ciudad de México se habla de que hay más ingresos que el año pasado y que la economía reacciona. Pues la conclusión es la de siempre: si hay, ¿por qué no llega a donde debe llegar?
Yo recuerdo pláticas en la plaza de Armas de Torreón, hace años, con alcaldes que se rascaban la cabeza preguntando lo mismo. Hoy es igual. El secretario de Hacienda debería subir a la tribuna y explicar con números claros por qué esa entrega incierta, por qué la inclinación o el desorden que deja a unos más apretados que a otros. Justo es el reclamo. Porque al cabo el que sufre es el ciudadano de a pie: el que espera la calle pavimentada en Ramos Arizpe, el que necesita el hospital en Arteaga o el que paga más por el combustible en la gasolinera de la carretera a Monclova.
Uno se queda pensando, con el café ya frío, si de verdad el federalismo funciona cuando el que tiene la bolsa grande decide cuánto suelta y cuándo. Mientras haya dinero arriba y abajo se sigan apretando, la tolerancia de los gobiernos locales y de la gente que los eligió, va a seguir llegando al colmo. Y eso, créanme, no es buen presagio para nadie. (Premio Estatal de Periodismo 2011 y 2013, Presea Trayectoria Antonio Estrada Salazar 2018, finalista en Excelencia Periodística 2018 representando a México, Presea Trayectoria Humberto Gaona Silva 2023) www.intersip.org



