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Guillermo Robles

El Seguro que todavía nos sostiene

OPINIÓN

Por Guillermo Robles Ramírez

El Seguro que todavía nos sostiene

La otra tarde, mientras platicaba con un compadre de Torreón me contaba que su esposa había salido de la clínica 67 con la receta completa y sin esperar más de media hora. “Pos la cosa es que no todo está perdido”, me dijo. Y me quedé pensando en eso, porque desde hace años, y esto no es de ahora, el Instituto Mexicano del Seguro Social carga con críticas que a veces parecen más de oficio que de fondo.

Hace más de quince años, cuando todavía andaba uno con la libreta en la mano por las calles de Monclova o Piedras Negras, salió una encuesta nacional que levantó el propio Instituto a casi treinta mil derechohabientes. El setenta y siete por ciento dijo estar muy satisfecho o algo satisfecho con la atención médica y hospitalaria. El ochenta y cinco por ciento recomendaba la unidad donde lo habían atendido. Y de las medicinas, el setenta y ocho por ciento las recibió completas. Eran tiempos en que el Seguro cubría a unos treinta y seis millones de mexicanos. Uno escuchaba las quejas, las esperas, el maltrato de algún trabajador, el desabasto ocasional y sin embargo los números hablaban de otra cosa.

Hoy, en este 2026, la realidad es más grande y más compleja. El IMSS atiende ya a más de setenta y ocho millones de derechohabientes. Imagínense nomás la magnitud. Y las mediciones más recientes, las del INEGI a través de la Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental de 2025, muestran un panorama distinto: apenas el cuarenta y tres punto tres por ciento de los usuarios se declara satisfecho con los servicios del Instituto. Bajó respecto al cuarenta y ocho punto siete de 2023. En lugares como Baja California el descenso fue aún más marcado. La saturación de clínicas y hospitales aparece como el principal motivo de inconformidad, junto con la falta de medicamentos que todavía afecta a buena parte de la gente. Muchos terminan buscando atención privada, aunque paguen por lo mismo.

Pero fíjense… no todo se reduce a esa cifra. El propio Instituto sigue midiendo con su Encuesta Nacional de Calidad de la Atención, la de 2024, y ahí el porcentaje de satisfechos y muy satisfechos ronda el ochenta y cinco por ciento. Hay una distancia entre lo que dice quien se atiende y lo que registra la institución. Y en el norte de Coahuila uno lo ve todos los días. En Ramos Arizpe, en Arteaga, en Acuña, hay unidades donde el personal de enfermería y los médicos de base siguen sacando adelante jornadas que parecerían imposibles. He visto en la clínica de Saltillo cómo una enfermera le explica con paciencia a un anciano de la colonia Zacatecas el horario de su próxima cita, aunque la sala de espera esté llena. Y también he visto las caras de molestia cuando falta un medicamento básico o cuando la cita se atrasa dos horas.

¿Y saben qué? Eso de las esperas no es exclusivo del Seguro. Hasta con el médico particular uno se topa con retrasos y casi no protesta, aunque haya pagado. La diferencia es que aquí se atiende a decenas de millones. El maltrato de algunos trabajadores existe, sí, y no hay que callarlo. El desabasto tampoco. Pero generalizar es fácil y poco justo. Los que andamos en esto del periodismo desde hace décadas sabemos que las deficiencias se ven más cuando el servicio es masivo. En Torreón, por ejemplo, la Unidad de Medicina Familiar número 16 carga con una presión enorme por el crecimiento industrial de la región. Y aun así, la mayoría de la gente sale con su atención.

Lo que me parece necesario es no caer en el conformismo ni en la exageración. Sí hay que exigir mejores tiempos de espera, surtimiento completo de recetas y un trato más humano. Pero también reconocer que el Instituto sigue siendo, con todo y sus fallas, una red de contención que en muchos países de América Latina todavía envidian. Mientras una parte de los derechohabientes magnifica las quejas, hay otra que simplemente se atiende y sigue adelante. La encuesta de hace años mostraba satisfacción alta; la actual, más independiente, muestra un descenso claro. El contraste obliga a preguntarse qué se perdió en el camino y qué se puede recuperar.

Al final uno se pregunta, o platicando en cualquier esquina de Coahuila, si vale la pena seguir defendiendo lo que funciona mientras se corrige lo que no. Porque atender a más de setenta y ocho millones no es cosa menor. Y mientras existan esas unidades que, a pesar de todo, abren todos los días, el Seguro sigue siendo necesario. La pregunta de fondo, la que queda después de los números, es si vamos a seguir exigiendo con seriedad o si preferimos quedarnos solo en la queja fácil. (Premio Estatal de Periodismo 2011 y 2013, Presea Trayectoria Antonio Estrada Salazar 2018, finalista en Excelencia Periodística 2018 representando a México, Presea Trayectoria Humberto Gaona Silva 2023) www.intersip.org