OPINIÓN
Por Guillermo Robles Ramírez
Sobre un manto que ya no perdona

Hay una costumbre muy saltillense que yo he visto desde que vivo en esta ciudad: el recibo llega puntual, doblado en la reja o pegado en la puerta, con su vencimiento y su amenaza de corte, como si el agua también hubiera cumplido. La gente lo paga. Y luego se asoma a la llave. A veces sale un hilo. A veces no sale nada. Y uno se queda con esa pregunta vieja, la misma de hace dieciséis años, nada más que ahora con números más feos: ¿quién le está fallando a quién?
Aguas de Saltillo nació como empresa mixta. Municipio de un lado, socio privado del otro. En sus primeros años —hay que decirlo sin tapujos— mejoró lo que JAPAS y luego SIMAS habían convertido en un desastre. Ineficiencia, improductividad, saqueo. El ayuntamiento ponía mes con mes miles de pesos para completar nóminas. Las tomas nuevas y el drenaje se pagaban del erario y se le recortaba a lo demás. Cuando llegó Agsal, eso cambió. Las ampliaciones salieron de sus ingresos. Dejó de ser carga. Dio utilidades. Al amigo y al enemigo hay que reconocerles lo bueno y lo malo, no solo lo último.
Sin embargo, el problema es que el cangrejo no se jubiló. Este agosto la empresa anuncia un tercer megatanque en Loma Alta, de quince mil metros cúbicos, ochenta o noventa millones, con cargo a un crédito que pidió el año pasado. Habla de plan antisequía, de pozos nuevos, de un perro que huele fugas. Está bien. Nadie en su sano juicio celebra que se rompa un tubo. Pero fíjense ustedes lo que no cabe en el boletín: en 2024 la Conagua dejó escrito que el acuífero Saltillo–Ramos Arizpe no tiene volumen disponible para concesiones nuevas. El déficit anda por cincuenta y cuatro millones novecientos mil metros cúbicos al año. Hay más de mil ciento noventa títulos vigentes. Se extrae más de lo que la lluvia devuelve. Punto.
Entre 2013 y 2023 los pozos de la ciudad daban entre novecientos y mil treinta litros por segundo. En 2024 bajaron a ochocientos cuarenta. No es percepción de colonia. Es abatimiento. Ramos Arizpe se secó ocho de cuarenta pozos. En Arteaga colapsaron dos. Saltillo perfora y perfora, con veda federal encima desde 2013, porque la mancha urbana no espera a que el manto se recargue.
¿Y el servicio en la casa? Pues la cosa es que el tandeo nunca se fue del todo. Hay sectores con ciertos días. Hay quien tiene horas. Hay quien se quedó varios días en seco. El año pasado vecinos del Centro —Hidalgo, Bravo, General Cepeda— llegaron a las oficinas a decir lo mismo que se decía en 2010: fugas a la vista, recibo que sube, tinaco que no llena, pipa que se paga aparte. En el sur y el oriente se pidieron pipas gratis. Hay sesenta y siete zonas con tomas comunitarias, ahí donde la red formal no ha llegado. Imagínense nomás: la ciudad crece hacia Ramos y Arteaga, llegan naves y fraccionamientos, y en la orilla la gente sigue sacando agua de una llave compartida.
El recibo, en cambio, no se tandea. Llega completo. Agsal presume tarifa barata —unos doce pesos el millar de litros, dice la gerencia— y utilidades. Este año el municipio destinó sesenta millones de esas ganancias a más obra hidráulica. Correcto. También es correcto preguntar por qué, si hay utilidad y crédito de ciento cincuenta millones con BBVA y un plan de más de quinientos, la familia de la colonia sigue midiendo el tinaco con cubeta.
La empresa echa la culpa a los apagones de la CFE. El alcalde pide tarifa eléctrica más barata porque en horario punta cada pozo se pone carísimo y hay que apagar bombas. Sesenta y siete por ciento de los reportes, dijeron en su momento, venían de cortes de luz. Puede ser. Yo he cubierto colonias donde el tinaco está seco y el poste también. El acuífero no se vacía por un apagón. Se vacía porque somos muchos, porque llueve poco, porque hay mil ciento noventa concesiones y porque una parte del agua se va a la industria mientras el uso humano espera su tandeo.
En Torreón y Piedras Negras el SIMAS sigue siendo otro mundo, con sus propias filas y sus propios corajes. Aquí el modelo mixto se vendió como el remedio moderno. Lo fue, un rato. Después se acostumbró a cobrar como empresa y a explicar como gobierno. Cuando el servicio flaquea, habla de sequía y de CFE. Cuando el recibo se atrasa, habla de corte.
La verdad yo he visto las dos caras. Vi cómo en los primeros años dejó de oler a fracaso oficial. Y he visto, este año y el anterior, a gente con tina en el crucero, igualita a la de aquellos días. El cangrejo no es solo un gerente que se cansó. Es un sistema que factura hacia adelante y bombea hacia atrás, sobre un manto que ya no da para tanto anuncio.
Si Agsal quiere dejar de caminar de lado, que el recibo y el chorro lleguen el mismo día. Que las concesiones industriales no pesen más que la olla de la casa. Que el megatanque no sea la disculpa del tinaco vacío. El agua de Saltillo no es un eslogan. Es lo que queda debajo de esta tierra seca. Y se está acabando más aprisa que la paciencia de quien ya pagó. (Premio Estatal de Periodismo 2011 y 2013, Presea Trayectoria Antonio Estrada Salazar 2018, finalista en Excelencia Periodística 2018 representando a México, Presea Trayectoria Humberto Gaona Silva 2023) www.intersip.org



