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Guillermo Robles

Se la sacaron sin cachito

OPINIÓN

Por Guillermo Robles Ramírez

Se la sacaron sin cachito

Recuerdo cuando tenía la oficina en la Calle Victoria en el centro, y veía el puesto del lotero con sus tiras de colores. Gente que deja veinte, cincuenta pesos con la esperanza de que esta vez sí. Yo los veo desde hace años. Les pregunto a veces cómo les ha ido y casi siempre la respuesta es la misma: “pues no, don, otra vez no tocó”. Y uno se queda pensando que la suerte, cuando llega de verdad, casi nunca entra por la ventanilla donde se venden los cachitos. Mi padre cuando estuvo en vida siempre compraba con mucha fe un cachito con la esperanza de sacarse algo y solo me decía, “al menos me saqué el reintegro”.

En este país hay oficinas y empresas del Estado cuyos trabajadores viven como si les hubiera caído el premio mayor todas las quincenas. No hablo de un rumor de cantina. Lo he visto en reportajes, en cuentas públicas y en las quejas que llegan de gente que paga impuestos en Torreón, en Monclova, en Piedras Negras y aquí mismo. Pemex y la CFE siguen siendo el ejemplo más visible. Este año los petroleros cerraron un aumento integral de siete y medio por ciento. La CFE destina decenas de miles de millones a prestaciones. Nadie dice que el trabajador de base no merezca un sueldo digno. El problema es otro: el paquete extra, el de afuera, el que se paga con lo que todos aportamos y que a veces parece diseñado para un club cerrado.

La Lotería Nacional entra en esa lista desde hace décadas. Se presenta como institución de beneficencia. El slogan suena bonito. Pero quienes han estado adentro, por concurso, por recomendación o por simple milagro administrativo; han gozado de un trato que al resto de los mexicanos le da más coraje que envidia. Están en el ISSSTE, como corresponde. Y encima, la entidad les ha mantenido un servicio médico propio, con clínicas particulares, hospitalizaciones y medicamentos por fuera. Eso no es nuevo. En 2009 y 2010 ya se hablaba de cientos de millones adicionales. Lo que sí cambió es el envoltorio. La Lotería se fusionó con Pronósticos. Han pasado directores. Hoy está Olivia Salomón. Los nombres de 2010 ya no mandan. Elba Esther Gordillo, que en aquellos años pesaba en recomendaciones del SNTE, anda en otros pleitos: en febrero de este mismo 2026 la Corte le confirmó que debe pagar más de diecinueve millones de ISR de ejercicios viejos. La maestra ya no opera la lotería. El privilegio, en cambio, se quedó.

Hace poco todavía se contrataba servicio médico integral para empleados, jubilados, derechohabientes y hasta para vendedores ambulantes de billetes. Hay procedimientos internos de 2025 para censar a quién le toca esa atención. Imagínense nomás. El trabajador común de Saltillo o de Ramos Arizpe se forma en el ISSSTE o en lo que haya, espera medicamento y reza. Allá, una receta se podía ir a las nubes. En aquella auditoría de hace dieciséis años aparecieron surtidos de medio millón de pesos en una sola receta y familias que en un año recibían medicinas por un millón. Había recetas de setenta mil, de cuatro, de cinco. Robo de medicamentos. Administradores que llegaron con las uñas largas. No voy a repetir cifras viejas como si fueran de ayer. Sería trampa. Lo que sí es de ahora es que el esquema de atención extra no se evaporó con el cambio de sexenio ni con la fusión.

Y como si fuera poco, en temporadas recientes se ha escuchado otra queja: empleados de dependencias a los que les “sugieren” comprar cachitos para sorteos especiales. La institución que presume beneficencia pidiendo que los de adentro le echen la mano a la venta. Uno no sabe si reír o encogerse.

La verdad yo he visto, en más de cuarenta años de oficio, cómo ciertas paraestatales se convierten en refugio. Entran por capacidad… o no. Quedan familiares, amigos, gente del sindicato de turno. No todos son malos. Sería injusto decirlo. Pero basta con que una parte administre con descuido o con hambre para que el dinero de la asistencia pública se vaya por la coladera de las clínicas privadas y de las prestaciones que nadie audita con el rigor que debería. La Lotería enteró a la Tesorería alrededor de dos mil millones el año pasado. También gastó cientos de millones en servicios personales y miles de millones en operación. Los números andan en la Cuenta Pública. Cualquiera puede ir a verlos. Lo que no aparece tan claro es cuánto de ese gasto extra en salud de empleados se justifica cuando ya existe el ISSSTE.

¿Y saben qué? Lo que más lastima no es el sueldo. Es la doble vara. El mismo Estado que predica austeridad para abajo sostiene islas de confort para unos cuantos. En Coahuila lo sentimos de cerca cuando el recibo de la luz sube o cuando el hospital tarda. Uno se pregunta para quién trabaja realmente esa “beneficencia”.

La pregunta que queda, y que no se resuelve con un sorteo, es simple: ¿hasta cuándo vamos a seguir pagando la suerte de los que nunca compraron boleto? (Premio Estatal de Periodismo 2011 y 2013, Presea Trayectoria Antonio Estrada Salazar 2018, finalista en Excelencia Periodística 2018 representando a México, Presea Trayectoria Humberto Gaona Silva 2023) www.intersip.org