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Guillermo Robles

Papel membretado y volcadura a la vista

OPINIÓN

Por Guillermo Robles Ramírez

Papel membretado y volcadura a la vista

De pronto me llegan recuerdos de mi papá de esos viajes largos que hacíamos en Coahuila. De Saltillo a Monclova, de Torreón hacia Candela, o rumbo a Piedras Negras siendo la mayoría viajes de trabajo. También recuerdo esos camiones de pasajeros en donde la parte a tras una placa anunciando algún ISO de calidad y seguridad.

Sin embargo en este septiembre de 2026 sigue pasando lo de siempre en las carreteras de Coahuila. Las líneas foráneas, esas que cubren nuestras rutas de toda la vida, como los Coahuilenses y otras parecidas; andan presumiendo certificados de “alta calidad” que les dan empresas particulares. ISO 9001 y sellos parecidos. Hoy casi todas las que se respetan tienen uno colgado en la oficina o en la página. Pos la cosa es que ese papel no frena una volcadura ni evita que un pasajero salga volando cuando el camión se sale del camino.

La semana pasada, o la anterior, otra vez se oyó de un percance feo por estos rumbos. No es el primero ni será el último. En lo que va del año el estado ha visto subir los lesionados y los muertos en accidentes de tránsito. En los primeros meses ya se contaban decenas de fallecidos y cientos de heridos. Nacionalmente las volcaduras no bajan. Y en nuestras carreteras la 57, la Monclova-Candela, esos tramos llenos de baches y curvas, los camiones de pasajeros siguen protagonizando las noticias más tristes. Un muerto, veinte lesionados, el autobús en el barranco. Mecánica floja, exceso de velocidad, conductor que no midió. Los gerentes salen a decir que fue el camino, que los hoyancos. Un conductor prudente evadió el bache si no iba a toda velocidad.

Después del golpe, lo de siempre. Días enteros y la empresa no aparece con el dinero para el hospital ni para los deudos. Las pertenencias se extravían y ya nadie las reclama porque cansa. Familias que tienen que ir a “tomar” las instalaciones para que les hagan caso. Yo cubrí casos así hace años en Monclova y en Saltillo, y la escena no ha cambiado mucho. La gente se desespera porque nadie responde.

Y fíjense en esto que me parece de lo más grave: esos camiones casi nunca traen cinturón de seguridad en los asientos de los pasajeros. El del chofer sí, porque la norma lo pide. Pero uno se sienta atrás y no hay ni dónde agarrarse. El reglamento federal dice que hay que usarlos si el vehículo los trae. Como la mayoría de estas unidades foráneas regionales no los traen, pues no hay obligación real. Imagínense nomás. En un choque o una volcadura la gente sale disparada, se golpea contra el asiento de adelante o contra el piso. Lesiones graves, muertes que tal vez se pudieron evitar. Sabe a qué me refiero. Uno viaja con la familia y no hay forma de sujetarse.

Esa certificación de calidad que tanto anuncian… ¿quién la paga y quién la revisa de verdad? Los usuarios de Coahuila la vieron con extrañeza desde que la dieron. Porque el que sube diario sabe cómo van las unidades: asientos rotos, aire que no jala, y sobre todo la sensación de que el camión ya cumplió su tiempo. Las autoridades del transporte federal la SICT, la Dirección General de Autotransporte, parecen tolerar todo. Quejas acumuladas, accidentes repetidos, y la apatía sigue. Un sello de una empresa particular no sustituye la revisión seria. Hay que meterse a las terminales, abrir el cofre, checar frenos, llantas, dirección, y también el interior: si hay cinturones, si los asientos están firmes, si las salidas de emergencia funcionan.

Yo he platicado con choferes en las centrales de Saltillo y de Ramos. Algunos reconocen que las jornadas son largas y que las unidades salen con lo que hay. Otros se encogen de hombros. La impunidad se siente. Mientras tanto, los miles de pasajeros que usan estas líneas seguien confiando en que esta vez sí llegaran bien. Pero la confianza se agota.

Lo que hace falta no es otro certificado colgado en la pared. Es que la autoridad correspondiente deje de mirar para otro lado y haga lo que le toca: supervisión constante, mecánica y de cabina, no nada más cuando hay un muerto en el camino. Que se obligue de una vez a poner cinturones en todos los asientos de los foráneos, o que por lo menos se revise si las unidades viejas pueden seguir rodando. Porque un papel dice “calidad” y la carretera dice otra cosa.

Uno se queda pensando, bajo estos árboles de la Alameda o frente al escritorio, si de verdad vamos a seguir aceptando que la seguridad de la gente que viaja por Coahuila dependa de un sello que cualquiera puede comprar. La próxima vez que suban a uno de esos camiones, fíjense bien en el asiento. Ahí está la diferencia entre llegar a casa o no. (Premio Estatal de Periodismo 2011 y 2013, Presea Trayectoria Antonio Estrada Salazar 2018, finalista en Excelencia Periodística 2018 representando a México, Presea Trayectoria Humberto Gaona Silva 2023) www.intersip.org