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Carlos Robles

¿ Y con que ojos…?

Mi Columna

¿ Y con que ojos…?

Por Carlos Robles Nava

Representantes de los restauranteros de Saltillo, Coahuila., están  pidiendo a la autoridad local, la asignación de policías encubiertos o camuflajeados” de civiles, como parte de una estrategia para detener la ola de latrocinios que se ha registrado desde meses atrás.

La idea, en efecto, es buena y sería positiva como un intento para reducir los latrocinios, empero, lo importante que no expresan son varias interrogantes de dónde sacará el Municipio tantos policías, quien les pagarán, con cuanto colaborarán los restauranteros y otras dudas e  incógnitas más que conlleva la propuesta de estos comerciantes de comida elaborada.

No defendemos a las autoridades locales, pero no debe escaparse a nuestra memoria realidades como el hecho de que todo plan, proyecto, etc., conlleva a un gasto y ese dinero no lo tiene el ayuntamiento actual, ni lo tuvieron las administraciones pasadas, además de que hacer policías no es cuestión de un día a otro, hay que convocar, entrenarlos y capacitarlos para luego pasarlos a la famosa y cuestionada prueba de confiabilidad que en muchos de los casos son recursos echados a un barril sin fondos por su manutención e internación durante los meses de preparación, para que al poco tiempo se les declare “desacreditables”, es decir, pierden la confianza.

Saltillo cuenta con 807 mil habitantes y los parámetros nacionales de seguridad indican que el mínimo de policías que debe se tienen poco más de medio policía por cada mil saltillenses, cuando que el mínimo a tener son 1,600 o sean dos por cada mil habitantes como mínimo.

De los mil policías hay que quitar los descansos, los policías asignados a oficinas públicas, los enviados a proteger viviendas de funcionarios y, además a los mismos funcionarios, lo que viene a reducir la cantidad de polis con que realmente se cuenta para vigilar la capital.

En consecuencia es imposible que a los restauranteros les “cuaje” o se les haga el tener el privilegio de contar en cada una de esas negociaciones un policía, además de que ese planteamiento no sería factible ni siquiera de un policía por cuadra y menos, para tener un gendarme en cada colonia, pues Saltillo según cálculos reservados cuenta con más de ochocientas colonias y fraccionamientos de todo tipo, es decir, residenciales, semi residenciales, de “medio pelo” y las marginadas.

No faltarán los optimistas que señalen que los fraccionamientos cerrados cuentan ya con vigilancia y que los bancos tienen sus “policías”, sin embargo y sin menospreciar, debemos ser conscientes de que los policías de colonias cerradas son, simples porteros de caseta, pues no hay que olvidar que los hurtos en ese tipo de sectores registran una incidencia alta y eso que tienen “vigilancia” y si nos ubicamos y volteamos a los bancos, sus dizque guardias son, igualmente sin lastimar, abre puertas y para darles la bienvenida a los clientes.

Total, no hay que olvidar ni hacer a un lado que toda propuesta o proyecto requiere de dinero y ese es el que no hay suficiente en las arcas públicas municipales para contratar más policías, porque como dice la raza ¿con qué ojos Petra?, es decir con que lana. (www.intersip.org)