Mi Columna
Se pudo, porque se pudo
Por Carlos Robles Nava
Por casi 30 años, México fue inundado y saturado de chatarra automotriz procedente de los Estados Unidos, convirtiendo a nuestro país en patio trasero de los “güeros”, calificativo rechazado por nuestras propias autoridades mexicanas e igual por las estadounidenses.
La introducción de vehículos chuecos, chocolates o ilegales en esas tres decenas de años, se estima en varios millones y no faltan los que rechazan esa cantidad, solo hay que considerar que en promedio del contrabando automotriz al principio alcanzó el millón anual de chatarra motriz y en los últimos diez años, se incrementó hasta a un millón y medio cada año.
Fue tan intensa esa ilegalidad que las calles de ciudades de las entidades al otro extremo de México, es decir, fronterizas del Sur como Chiapas, Campeche y Tabasco, se saturaron de unidades “chocolates”.
No faltaban los incrédulos que se preguntaban “como habían llegado tantos vehículos ilegales, pues entre las fronteras del Norte y Sur de México, eran un “chingo” de kilómetros”.
La respuesta fácil y “guasona” era: “Pues, esos miles de “chuecos” pasaron por los puentes fronterizos del Norte de México y llegaron transitando por las carreteras de la República Mexicana”.
Pocos agregaban que el contrabando automotriz era más que todo, por las autoridades corruptas que se tenía cuidando los puentes de la frontera Norte y las que supuestamente vigilaban las carreteras nacionales.
Autoridades federales, estatales y municipales, se pasaban la responsabilidad y culpas de un lado a otro, con el pretexto que no correspondía a esas jerarquías detener la pasada de los ilegales, siendo esto aprovechado por diferentes organizaciones dizque defensores del patrimonio familiar, refiriéndose a gente “jodida” que no tenía para comprar una unidad automotriz nacional.
El pretexto resultaba inapropiado, pues fue comprobado que resultaba más costoso pasar un “chueco” que un “legal”, si se sumaban los “moches”, extorsiones y “gratificaciones” pedidas por los “custodios” de los puentes fronterizos, luego los embutes a los policías federales de camino que junto con cuerpos policiacos estatales con “facultades” de cobrar “peaje” a todo quien conducía un “chueco” y más adelante, lo que tenían que entregar a las policías y agentes viales para permitir el paso de los “chocolates”.
Esto fue realmente un verdadero negocio, pero para los que pasaban por los puentes y trasladaban a los “ilegales” hasta su destino y dependiendo de la Entidad y ciudad a donde se tenía que “entregar la mercancía”.
El pretexto para seguir siendo el patio trasero de los gringos, fue pregonado por todos los niveles de autoridades, pues de haber actuado, terminaría con el jugoso negocio de pocos.
Pues bien, lo que no se pudo por varios años, ya se pudo y solo fue cuestión de que se decidieran de actuar las distintas autoridades.
Como resultado de esa decisión, que no tiene nada oculto y solo fue necesario actuar y aplicar los controles y exigencias marcadas en las correspondientes leyes, que gracias a ello, se ha reducido en un 24 por ciento la entrada ilegal a México de los vehículos “chuecos”.
De que se puede, se puede y en la medida en que se actúe, serán menos los “chocolates” que veamos rodar sobre las carpetas asfálticas de las calles y carreteras mexicanas. (www.intersip.org)


