Mi Columna
La vejez vehicular
Por Carlos Robles Nava

Entre el 2008 y el 2016, México ha registrado variadas altas y bajas en la importación de vehículos usados, sin que esto haya reducido el “envejecimiento” de las unidades motrices que circulan en el país.
En los últimos nueve años han influido dos razones en la reducción de la importación de vehículos usados, siendo éstas la negativa dada por la Suprema Corte de Justicia de la Nación a los amparos que a diestra y siniestra expedían Jueces Federales de Distrito que caían en la tentación de la corrupción, pues los contrabandistas vehiculares les llegaban al precio a esos deshonestos funcionarios judiciales federales hasta que la S.C.J.N., les marco un alto, aunque tarde y después de que México fue inundado de tanta chatarra contaminante.
La otra razón fue las alzas y normativas instituidas en el pago de impuestos por la importación establecidas por Hacienda y Crédito Público, aunado a las medidas de vigilancia para detener el paso no solo por los puentes internacionales, sino por veredas y caminos de terracería por regiones inhóspitas colindantes a la frontera de México con los Estados Unidos, sumándose la compra de “conciencia” de elementos aduanales.
En el 2008 la importación legal de vehículos usados fue de un millón 31 mil 048, mientras que en el 2009 se desplomó a solo 272 mil 909; en el 2010, 470 mil 483; 2011 596 mil 889; en el 2012 fueron 458 mil 114; en el 2013, 664 mil 209; 2014, volvió a bajar a 455 mil 372; en el 2015 siguió el desplome a 179 mil 577 y, en el 2016 cayó solo a 127 mil 882 unidades.
Se estima, al menos así lo hace saber la Asociación Mexicana de la Industria Automotriz, AMIA, en los 9 años mencionados la caída de importación de estos vehículos usados ha sido de aproximadamente entre un 65 y70 por ciento comparativamente a lo que venía sucediendo en el pasado.
Empero, por otro lado hay que decirlo y no ocultarse, por años y años la corrupción se apoderó de la gente de Hacienda y me refiero a agentes aduanales o fiscales quienes eran “comprados” por las mafias de falsas organizaciones dizque “protectoras” del patrimonio familia como ONAPPAFA, FRENOS, UCD y otros cuyos líderes encontraron en esas corruptelas una forma de vida placentera, viviendo de los clientes que capturaban vendiéndoles vehículos desechos de las tierras del Tío Sam que convirtió a México como su patio trasero para mandarnos toda la basura que a ellos les afectaba.
Hay mucho que señalar y responsabilizar en este sucio negocio como es los oídos sordos que por años hicieron gobernadores de diversos Estados del País a quienes los contrabandistas se las ingeniaban para “repartirles del pastel”, es decir, fuertes cantidades fueron a dar a manos de muchos mandatarios estatales.
Igual la bandera de los ONAPPAFAS fue que si los Estados no se hacían los ciegos, las consecuencias las pagarían en las elecciones inmediatas a celebrarse, lo que siempre fue una vil mentira, pues con o sin esa bandera, la entrada de los “chocolates” no paro.
En la actualidad, quienes deseen un coche “gringo” pueden hacerlo con toda legalidad, aunque hay que pagar los impuestos correctos y someterse a normativas anticontaminantes establecidas por las autoridades mexicanas. (www.intersip.org)
