Mi Columna
y serán
Por Carlos Robles Nava

Sin excepción, en Coahuila las Direcciones Municipales de Desarrollo Urbano y Obras Públicas están cortados con las mismas tijeras al ser intolerantes con algunos ciudadanos y “pasalones” o pasivos con otros en definiciones sobre cumplimiento de reglas de urbanización o en general en cuestiones de construcciones de todo tipo.
Para aquellos que no tienen la fortuna de estar dentro del agrado o aceptación de los “jefes” de las áreas municipales de Obras Públicas y Desarrollo Urbano, las exigencias son hartas, además de que hay casos de necedades e innecesarias.
Son varios los fraccionamientos calificados como de primera en donde supuestamente y con apego a la ley, sobre ningún motivo e interés deben hacerse subdivisiones de terrenos, sin embargo, los hay y no son pocos, negándose ese permiso a los que no son del agrado, conocidos de los jefes y hasta porque no llegaron al precio, según son comentarios que se hacen en el interior de esas dependencias.
Esto es una demostración que con “dinero baila el chango” y de que los desprotegidos son por su escasa o nula relación con mandos medianos públicos.
Además similar situación se tiene en la aprobación para su instalación de pequeñas o medianas tiendas en el interior de esos fraccionamientos de “primera”, autorizaciones oficiales que no se conceden a cualquiera más que a los muy cercanos con los jerarcas o a los que saben agradecer y corresponder bien el favor recibido, comprobándose con realizar un simple recorrido por esos asentamientos de primer nivel.
Por esas razones surge la insistente pregunta sobre con quienes son muy bravas las autoridades municipales de Desarrollo Urbano y Obras Públicas, asegurando que sus altos mandos son comparados a los “perros” por su agresividad, sobrando ejemplos de que a unos se les aplica todo el rigor de la ley y con muchos hay tolerancia y protección de acuerdo al “peso” de la influencia que siempre se ha medida en pesos y centavos.
Esta anómala situación ha existido de muchos años atrás y se incrementa al final de cada administración municipal aprovechándose la premura de los jerarcas por dar por concluida su administración dejando “riendas sueltas” a mandos medianos e inferiores para que hagan su “agosto”.
A cuatro meses de que lleguen a su terminación las administraciones locales, hay oficinas municipales donde sus mandos medios tienen “visitantes” en demasía porque cuando no son los que acuden a aprovechar “a río revuelto, ganancia de pescador” gestionando y pagando muy bien autorizaciones de permisos de construcción, cambios de domicilios, divisiones urganas, etc., son los que llegan a esas oficinas públicas a revalidar los derechos de placas de servicio público urbano u otros trámites inaccesibles hasta hace tres o cuatro meses atrás.
Esta “película” no es nueva, los ciudadanos tienen años viendo lo mismo sin cambio alguno y por el contrario, cada vez son más los oportunistas que aprovechan la revoltura y prisa de los que tienen que abandonar el “barco” por cambio administrativo. (www.intersip.org)

