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Guillermo Robles

Alguien tiene que dar la cara

Hay un viejo refrán popular en donde dice “todo cambio es bueno”,  en la mayor parte de los casos es cierto, aunque existe sus excepciones. Ese es el caso del municipio de Saltillo en donde después de una administración priísta pasa a manos de los panistas y aunque se dice por ahí que las comparaciones son malas es inevitable por hacerlo.

OPINIÓN

Por Guillermo Robles Ramírez

Alguien tiene que dar la cara

Hay un viejo refrán popular en donde dice “todo cambio es bueno”,  en la mayor parte de los casos es cierto, aunque existe sus excepciones. Ese es el caso del municipio de Saltillo en donde después de una administración priísta pasa a manos de los panistas y aunque se dice por ahí que las comparaciones son malas es inevitable por hacerlo.

Sin tratar de ser partidista, en alguno en especial, los saltillenses ya han tenido en años anteriores administraciones panistas y su funcionalidad siempre ha sido buena en donde es difícil darse cuenta el color del partido que la administra por su excelente desempeño, sin embargo, desde que inició la administración del alcalde, Isidro López Villarreal, hombre bien intencionado y hasta considerado noble, tal parece que sus colaboradores han abusado de manera descarada de él a tal grado que se ha dicho no solo en los corredores de la Presidencia sino hasta en la comunidad que en Saltillo existen cinco alcaldes.

Los malos colaboradores o gabinete de trabajo es la clave no solo empresarialmente, sino también dentro de la política para que la percepción de la gente juzgue si un partido es bueno o malo y a su vez si el trabajo que desempeña el Presidente Municipal, es positivo o negativo. Aunque el Edil sea un buen político y persona que actúa de buena fe e intenciones, lamentablemente es el que está al frente como autoridad de la ciudad viéndose en la necesidad de tener que pagar justo por pecadores ante las “mamarrachadas” que hacen sus directivos.

Nada más por mencionar la incongruencia instalación de reductores de velocidad con dimensiones de 1.50 metros de rampa de cada lado, por 2 metros horizontal teniendo como resultado super bordos en lugares no estratégicos ya que éstos están ubicados en las esquinas de calles de un solo carril o poca afluencia de vehicular y en donde existe un semáforo. Además de su incoherencia de darle preferencia a reductores que al bacheo de la ciudad en donde cada vez son más los saltillenses que hacen llamar a su municipio como “Saltipozos”. Nunca antes en ninguna administración pasada la ciudad de Saltillo había estado tan llena de agujeros como un queso gruyere siendo todo un reto el esquivarlos para no dañar las llantas y amortiguadores de los vehículos.

La remodelación de la calle Juan Aldama como parte del Plan Parcial del Centro Histórico ha causado accidentes de peatones por mala colocación de paso en la obras, un caos vial sin ninguna vigilancia y menos un agente de tránsito quien dirija a los automovilistas siendo peleas diarias y ventadas de madres lo que se vive diariamente.

Un caso más es el de los taxistas cobrando cantidades exorbitantes como 50 pesos nada más por transitar a unas cuantas cuadras en el centro, justificando el cobro por la necesidad de rodear las obras que se están realizando.

Existen otras en la ciudad como la remodelación de fachadas y reparación e instalación de tuberías de Aguas de Saltillo en donde además de estar haciendo más pozos, todas éstas obras que se iniciaron al mismo tiempo no dan muchas opciones de rutas alternas siendo casi imposible transitar en el centro de la ciudad en donde por un lado los comerciantes ya están viéndose afectados por la poca afluencia de clientes que le sacan la vuelta tener que ir al centro y por consiguiente éste próximo Buen Fin seguramente será por lógica uno de los peores que tendrán.

Pero el tema medular y apremiante de la ciudadanía sigue siendo el tema de la seguridad en donde tal pareciera que “Saltipozos”, empieza a ser todo un manjar para las ratas de dos patas en donde cada vez empiezan a sofisticarse creando grupos bien organizados para perpetuar sus robos de manera impune porque simplemente Seguridad Pública no actúa por su ineficiente capacidad acompañado de su apatía por querer servir a los saltillenses.

Los robos a comerciantes y clientela han paralizado uno de las zonas residenciales más codiciadas al norte de Saltillo en donde ni siquiera un café se puede tomar sin el temor de ser víctima de robo.

Un grupo de delincuentes organizados o conocidos en el argot de seguridad como estudiosos entran a los domicilios con armas cortas amagando a la familia entera o algún miembro de ellos que se encuentra dentro de la casa habitación para ser despojado de todo aquello que represente valor.

Aquellas casas que cuentan con sistema de vigilancia como cámaras o cercos eléctricos y bardas altas han encontrado la manera de burlar la autoprotección.

A ningún alcalde o mucho menos a un gobernador cuya sede de poderes se encuentra en la ciudad de Saltillo, le gusta tener un entorno lleno de inseguridad entre sus ciudadanos, pues no deja de ser la presentación de su gobierno porque si la capital de Coahuila es insegura qué se puede esperar del resto y bajo ésta óptica cualquier inversionista dudaría en hacer una inversión por el temor de ser el día de mañana una víctima más. De nada servirán aquellos viajes del mandatario al extranjero para traer inversiones mientras prevalezca la inseguridad en nuestra entidad y para que dé frutos el trabajo del Gobernador, Rubén Moreira Valdez, es necesario que los 38 alcaldes de Coahuila se pongan las pilas para abatir cuando menos lo más sencillo en el tema de seguridad que es bajar el robo común que va en aumento y además con violencia. (Premio Estatal de Periodismo 2011 y 2013) www.intersip.org