Con motivo de este Día de Brujas, cultura extranjera si es que se le puede considerar así y sin justificar su causa ya que en nuestro país tenemos realmente días a celebrar reconocidas internacionalmente como parte de nuestra cultura que así es por el Día de Los Muertos.
OPINIÓN
Por Guillermo Robles Ramírez
El demonio de Zapalinamé
Con motivo de este Día de Brujas, cultura extranjera si es que se le puede considerar así y sin justificar su causa ya que en nuestro país tenemos realmente días a celebrar reconocidas internacionalmente como parte de nuestra cultura que así es por el Día de Los Muertos.
Mas no obstante en éste día la gente lo celebra como noche de Halloween con una mezcla de cultura mexicana hay quienes a la falta de credibilidad a los cuentos de miedo gringos que lo único que causan es risa, a diferencia los mexicanos tenemos muchas leyendas enriquecidas en temas y enseñanzas.
En esta ocasión compartiré una muy de nuestra entidad y que va acorde al día, es decir, hablar de los muertos y cosas tenebrosas hay una leyenda que un compañero periodista, Juan Bosco Tovar Grimaldo, que trabajó bastantes años en Agencia de Noticias SIP, me narró y lo comparto con ustedes:
Ya varios campesinos habían visto rondar por las rancherías de la sierra de Zapalinamé, una especie de aves, siempre por las tardes o noches, pero con algo de credibilidad a lo que con tanta insistencia contaban.
Para muchos aún sigue siendo el tema para iniciar pláticas entre los campesinos que a la luz de una lumbre comentan las ocasiones en que habían visto el animal, el que para muchos era el mismo demonio convertido en un enorme buitre. Otros prefieren llamarle la “cosa mala”.
Decían quienes se habían atrevido seguir su rumbo que esa cosa se perdía en las viejas tapias de lo que habría sido la hacienda Los Alamos, y que consideraban era su guarida; pero nadie se ha atrevido a asegurarlo, aunque el viejo ventanal daba apariencia de una entrada perfecta por el tamaño de esa enorme ave.
Por el día, esas ruinas eran el refugio de los malvivientes que aprovechando el temor de los campesinos se metían sólo para drogarse y por la lejanía con la ciudad, pasaba desapercibida para las autoridades, sin embargo, una noche de septiembre la historia de la vieja casona y del ave daría mayores argumentos a los campesinos para narrar lo que ahí sucedió a un par de drogadictos, de los cuales uno ya no vivió para contarlo, pero su compañero aún no entiende que pasó esa noche, mientras se da vueltas en la celda del penal.
Eran días lluviosos y, por la noche la llovizna hacía imposible la visibilidad. Las corporaciones policíacas recibieron el llamado de auxilio de parte de los mismos campesinos que advertían una gresca entre pandilleros en la hacienda abandonada por los gritos desesperados que escuchaban de la oscuridad.
Al llegar los policías al lugar yacía el cuerpo de un joven con las vísceras expuestas y su vientre totalmente desgarrado, mientras su mirada reflejaba ese temor a la muerte y en el rincón su compañero de alucine buscaba en silencio y con sollozo una explicación a lo que había sucedido.
Al ser cuestionado sobre lo que había pasado solo dijo: “No se jefe, estábamos en el “chemo”, cuando una águila se paró en el marco de la ventana y no dejaba pasar la luz. El Chato la quiso espantar y el animal se le echó encima y con sus garras quiso llevárselo, pero no pudo sacarlo por la ventana, y yo le lancé unos riscazos y luego lo dejó caer ahí donde está”.
Para la ley no hubo lugar el alegato del joven. “Tú lo mataste, se te metió el diablo con el resistol y lo picaste. Pero ¿dónde está el arma. Con qué te lo echaste, quién te ayudó?. Una a una las interrogantes de la autoridad encontraban respuestas rápidas de aquel desorbitado adolescente, quien una vez más contó al representante de la ley el ataque de que habrían sido víctimas por parte de esa enorme ave.
“T’as” mariguano, cuál águila, capaz que vas a sacar que unos elefantes y tigres te ayudaron a matarlo. Vas p’arriba cabrón, le dijo el policía mientras lo esposaba en los tubos de la patrulla.
Para el juez fue más práctico y fácil declarar homicidio doloso del compañero que bajo los influjos de la droga, lo atacó de manera desquiciada y su sentencia fue una condena en el penal de Saltillo, pero para los campesinos sigue siendo el tema de comentarios cuando hablan del demonio de Zapalinamé, el cual según quienes han visto el ave, siguen usando lo poco que queda de lo que fuera la hacienda de Los Alamos. (Premio Estatal de Periodismo 2011 y 2013) www.intersip.org

