La tecnología rateril o delictiva, es cada vez más recurrente entre aquellos menores, jóvenes y adultos para cometer sus fechorías o que viven de la ingenuidad y buena fe o como dice la raza, pendejez de quienes caen en sus redes, es decir, víctimas del ingenio de las nuevas generaciones de algunos y en ocasiones hasta de muchos ciudadanos.
Mi columna
Que les crea su mamacita
Por Carlos Robles Nava
La tecnología rateril o delictiva, es cada vez más recurrente entre aquellos menores, jóvenes y adultos para cometer sus fechorías o que viven de la ingenuidad y buena fe o como dice la raza, pendejez de quienes caen en sus redes, es decir, víctimas del ingenio de las nuevas generaciones de algunos y en ocasiones hasta de muchos ciudadanos.
No es solo en la delincuencia organizada por las millonarias ganancias que deja su “actividad”, en donde los sistemas de trasiego, venta, producción, etc., de drogas se han impuesto los sistemas tecnológicos más sofisticados y adelantados de estos tiempos.
La construcción de túneles de los cárteles para cruzar la frontera, se realizan con una precisión para llegar al punto justo que ellos se proponen incluyendo hasta en el interior de una casa dándose el placer de escoger si la salida se ubicará en la sala, recámara o un baño.
Quién no recuerda la habitación del hotel de una o dos estrellas donde por meses se refugió el jefe máximo del cártel con más renombre en México y me refiero al Chapo Guzmán. El baño de su cuarto tenía un avanzado mecanismo para ocultarse tras una puerta finamente escondida en uno de los muros del baño o sanitario de esa habitación hotelera.
La ocupación de los “halcones” dotados de radios, cámaras y otros artefactos de avanzada tecnología; el uso de los llamados “drones” para vigilar los recorridos de los militares y policías de distintos niveles encargados de combatir todo lo huela a droga; esos mismos “drones” para pasar estupefacientes de todo tipo de la frontera Sur o sea México al Norte, las tierras del Tío Sam y otra sin fin lista de cómo en estos años, gracias a la tecnología que no solo ha servido para hacer males, sino también para el buen progreso de la humanidad en infinidad de cosas, se ha incorporado al comercio de las drogas.
La “capacitación y entrenamiento” de los vendedores y compradores de droga ha sido igual de modernizada con pláticas de “orientación” para cuando el ejército o policías detienen a un “puchador” o narco menudeo, siendo tan larga la lista o formas que en esta ocasión nos ocuparemos de una sola y que son las “clases” dadas a los vendedores al menudeo o mini comercio de yerba santa o sea la mariguana, cocaína, cristal u otro tipo de droga.
Ejemplo claro del tema es lo ocurrido el sábado pasado cuando en el cruce del bulevar Isidro López Zertuche y José García de Letona, los policías de la patrulla 12730 auxiliaron a dos personas, un hombre y una mujer, a quienes momentos antes dos maleantes los amenazaron y amagaron con una pistola y navaja, robándoles las pertenencias que llevaban consigo.
Seguidos los dos rateros por los patrulleros, solo lograron dar alcance a uno de los sinvergüenzas sujetos, mientras el segundo escapó tomando las vías del ferrocarril que pasan por ese rumbo.
El delincuente detenido resulto ser Omar Cervantes Maldonado, de 26 años y avecindado en la colonia Universidad, encontrando en su poder una pistola corta de “postas” y como buen ratero echó la falsedad y mentira del siglo: Robaba con mi compañero (el que escapó), porque los “Zetas nos obligaron conla amenaza de hacer daño a nuestras familias, sino no robábamos a los peatones”.
Según el mentiroso ratero, por eso andaba delinquiendo porque los “Zetas” se lo ordenaron y seguramente esos “Zetas” les dieron esa pistola de postas o municiones, cuando que las que porta gente de ese cártel traen armas cortas y largas de lo mejor.
Me tachan de incrédulo y por lo pronto, que a Omar Cervantes Maldonado, esa patraña se la crea su santa madre si es que todavía vive.
Justo es lo mismo que ocurre con gente de cruceros implorando la caridad pública y que en general “venden” el concepto está enferma mi mamacita o papacito e inclusive cuando se les agota ese repertorio “enferman” al hermano, abuela o abuela, etc.
Dicen que la burra no era arisca, sino que se fue haciendo. Probablemente por lo vivido me he convertido en incrédulo, además de que desde mis inicios como reportero, cuatro años “cubri” fuentes policiacas lo que me obligaba a entrar al penal de Torreón, Coahuila, donde trabajaba y residía y me acostumbre a la socorrida frase de los internos “jefecito, yo no robe, o yo no maté. No hice nada, soy inocente”.
Entendí que en las cárceles hay puros inocentes y que se los crea sus mamacitas, igual que a Omar Cervantes Maldonado.(www.intersip.org)

