Mi Columna
Se llama Lola
Por Carlos Robles Nava
En mi niñez y juventud había pocos perros y de hecho era inexistente eso de la adopción de cachorros como su venta callejera y no había sacrificios generalizados de canes, probablemente porque no inundaban las calles como ahora, pues hay quienes afirman que en cada ciudad de Coahuila, tenemos igual de población canina que humana, ¿será?.
Los tiempos han cambiado radicalmente y para mí ha sido todo un mundo nuevo, eso de la protección a los cachorros y el rechazo a su maltrato, lo que coincido como un cambio en nuestra vida, porque todo ser vivo tiene derecho a eso, a la vida.
De mis cinco hijos, tres hombres y dos mujeres, el segundo de mis hombres y la segunda y última de las mujeres, desde pequeños han sido proclives a las macotas, particularmente perros, aunque la pequeña de la familia, Lorena, lo ha sido hasta de conejos.
De pequeñas y pequeños mis críos, han tenido mascotas en diferentes etapas de su vida, los varones llegaron a tener hasta hembra y macho de la raza Collins, conocidos como Lassie y en el caso de la “chiquita” de la casa, Lorena, su última mascota ha sido una pequeña perra de raza “callejera”, pues cuando llegó a sus manos se suponía era Schauzer, pero eso fue siempre una creencia y una ilusión por su aspecto, simplemente no sabemos de que raza proviene.
Un día de marzo de este año, llegó a la obra en proceso de una casa que mi Lorena construye en la colonia Los Doctores, en Saltillo y a partir de ahí la perra no se ha separado de Lorena ni resto de la familia.
Famélica y en condiciones inhumanas por el maltrato que recibió en sus primeros años con quien sabe que familia de donde se fugo o echaron a la calle, llegó al hogar de los Robles la perra que ahora lleva el nombre de “Lola”, retirándole el apodo de “La Naca” que al principio le habían “bautizado” los albañiles.
“Lola”, fue una afortunada al caer en deplorables condiciones en manos de Lorena, por desgracia o fortuna, según sea el caso, ya “cargada” de ocho cachorritos que arribaron felizmente.
Se ha convertido en inseparable de mi Lorena y se ha ganado el afecto y cariño de quien esto escribe y como si fuese poco hasta de mi esposa Magdalena, que no ha sido muy, muy afecta que digamos a las mascotas.
Por mi parte, comparto el mismo cariño por las mascotas que mi hija Lorena. Respecto a mi segunda hija, que cuida de una gata junto con su marido, Paul Ferguson, quien sin casi conocerla, ya hasta pide huesos para “Lola” cuando acude a un restaurante.
Acepto y reconozco que “Lola” se ha ganado el cariño de toda la familia, expresa su agradecimiento moviendo a toda velocidad su cola, lamiendo las manos, acercándose a la familia y volviéndose obediente y tranquila cuando se le baña. Es inseparable de Lorena y viceversa.
Su presencia me ha motivado que entienda lo que antes no comprendí, como lo es el por qué hay que proteger a los animales, la titánica labor que hacen los grupos de adopción de mascotas y, lo principal, sino no tienes decisión de tener una mascota, no la adoptes o compres para al poco tiempo arrojarla a la calle a su suerte, que en ocasiones es desafortunada para ser maltratada y vapuleada por inhumanos.
Adoptar una mascota, obliga y compromete. Sino no lo entiendes, no adoptes, son seres vivientes que igual que nosotros tienen expresiones de agradecimiento, lealtad y cariño para quienes les brindan una mejor vida. (www.intersip.org)


