OPINIÓN
Por Guillermo Robles Ramírez
¿Ayuda o no tener un “Codigo”?
Antes la primera preocupación en los mexicanos era la salud sin embargo esto ha cambiado hace unos años atrás en donde el problema de la inseguridad en el país cada vez llega a ciudades donde antes existía la tranquilidad y nada más estaban como observadores de la violencia que ha derivado del crimen organizado, desde la pelea de plazas, ejecuciones, levantones, y enfrentamiento contra los diferentes corporativos de seguridad.
En el caso de Satillo ya se estaba convirtiendo como algo cotidiano el escuchar de la comarca lagunera alto índice de violencias, pero ahora la noticias se escriben con nuevos capítulos en donde ahora dicen los laguneros «también de allá, refiriéndose a la capital de Coahuila, ya se escuchan cosas», y hasta hace pocos años Saltillo dejó de respirar un ambiente de tranquilidad y seguridad de cual siempre se distinguió durante años, pero a raíz de que empezó a salpicar la violencia que impera el crimen organizado a nivel nacional; para los saltillenses le cambio su estilo vida en muchos aspectos comenzando desde la manera de los antros lugares de diversión para los jóvenes.
Una nueva cultura de seguridad empieza a dar sus primeros pasos conocido como la activación del Código Rojo, mismo que ha generado dudas entre la población si funciona o no porque los elementos de seguridad siempre llegan tarde pero también generando confusión porque una gran parte de la ciudadanía desconoce su verdadero funcionamiento y ante su deficiente efectividad para desarticular alguna acción ilícita no hay resultados positivos.
El “Código Rojo” en un principio era solamente para que los diferentes cuerpos de seguridad se integraran para convertirse en uno solo trabajando en conjunto para sofocar cualquier calamidad que ponga en riesgo la seguridad de la población civil, sin embargo, hay quienes piensan que también ese “Código Rojo”, es para alertar a la población de manera individual siendo esto imposible logísticamente de llevarlo a cabo, sucediendo lo mismo en el ámbito laboral, educacional y comercial.
Aunque las autoridades locales tomaron medidas para no dejar que éstos crecieran, al parecer surgió un nuevo enemigo para la sociedad. Al igual que las cucarachas escondidas en lo más oscuro; y bajo la sombra de la delincuencia organizada, han sacado provecho ante la sicosis de los verdaderos criminales para hacer de las suyas.
Son aquellas organizaciones criminales “patitos” que ostentan con el nombre de alguna compañía criminal para aterrorizar a la gente, abriéndose camino por hacerse pasar como miembro de aquellos grupos o usurpando el nombre de ellos para justificar las causas.
Todos esos malandrines, ladroncillos o piratas también conocidos como “similares”, han resultado ser como una especie de plaga más difícil de controlar o combatir los ilícitos “planeados” para montar toda una escena criminal fingiendo un auto-robo o en su defecto un auto-secuestro, traicionando toda la confianza de los dueños quienes les dieron la oportunidad para ganarse la vida de una manera digna.
Ahora la moda de éstos malandrines que dizque planean todo, sin embargo, siempre dejan un cabo suelto poniéndolos al descubierto la falla del crimen perfecto; dejando entre ver ante las autoridades, que se tratan solamente de un auto-robo donde también se ve involucrado personal de confianza que laboran en la misma empresa sabiendo la vulnerabilidad de la misma para después hacerse pasar como víctimas.
El número de casos registrados dentro de las diferentes corporaciones de seguridad tanto locales como estatales va en aumenta donde un trabajador resulta ser víctima ya sea del secuestro o robo donde fueron despojados del dinero no solamente de la empresa sino hasta de ellos mismos.
Piensan que con eso ya la libraron sin considerar que las autoridades estatales ya tiene mucho trabajo de por sí; pero también menosprecian los métodos de investigación que tienen pero cuando menos piensan éstos sinvergüenzas; siempre” truenan” por alguna parte, después de que son careados nuevamente por la Procuraduría General de Justicia del Estado de Coahuila terminando por confesar la verdad de las cosas, escuchando repetidas veces, la famosa frase “se me hiso fácil”; pero no sabiendo que declararse ante cualquier autoridad en falsedad también están incurriendo en un delito que tarde o temprano lo pagan dentro de la cárcel, y si piensan éstas personas que ahí termina todo, pueden estar muy equivocados ya que cuando se enteren los verdaderos profesionales en ésta carrera ilícita, no se andan con rodeos por la usurpación de actividades delictivas.
Por otro lado, debería de buscarse por parte de las autoridades magnificar el aviso de un Código Rojo, suspendiendo momentáneamente la transmisión de medios electrónicos como televisivos y estaciones de radio para alertar a la población dando instrucciones de las medidas de contingencia y si se suspenden clases o las medidas tomadas en el sector educativo, para acabar con la psicosis de correr a alta velocidad, pasándose semáforos en rojos para recoger a sus hijos a sus lugares de estudios, provocando accidentes viales. En conclusión, el código rojo como su color lo indica, es peligro, alerta y prevención para una desgracia, pero hay que decírselo y explicárselo a la sociedad. (Premio Estatal de Periodismo 2011 y 2013) www.intersip.org
