Mi Columna
Dio el trapito y….
Carlos Robles Nava
Cada año, en México se desperdician o van a la basura, alrededor de diez millones de toneladas de alimentos de todo tipo y clase.
Para un país como el nuestro en donde un porcentaje importante de su población está en pobreza extrema, además de intolerable, es criminal.
El costo de esos 10 millones de toneladas de comida que por una u otra causa terminan en botes de basura, el terrenos baldíos, etc., se le estima un costo de 120 mil millones de pesos.
Estos datos fueron dados a conocer por el Secretario Federal de Desarrollo Social, José Antonio Meade Kuribreña, durante una gira de trabajo que realizó en diciembre pasado a Torreón, Coahuila y en donde exhorto a los allí presentes a hacer conciencia para no seguir cometiendo ese crimen al desperdiciar tantos millones de toneladas de alimentos.
El llamado y exhorto de Meade Kuribreña, además de sencillo fue incompleto, ya que él se concretó solo en convocar a la sociedad a corregir esa mala práctica o costumbre criminal de los mexicanos en un país como el nuestro en donde sufren hambre millones de familias.
Fue tan simple el pedimento del Secretario Federal de Desarrollo Social, que solo invitó a no echar a la basura o desperdiciar los alimentos, pero sin decir la parte vital de cómo corregir esa arraigada costumbre de los mexicanos.
Es decir, José Antonio Meade, le dio a los torreonenses el trapito, pero él se quedó con el remedio, al no expresar ni él cómo tampoco ninguno de sus colaboradores, los esquemas y sistemas de evitar que diez millones de toneladas anualmente terminen en la basura o se desperdicien.
El funcionario federal dijo una verdad irrefutable, ello sin duda alguna, pero los asistentes se quedaron viendo entre ellos con expresiones de ¿what?, pues debió haber dado ejemplos claros de cómo o de que manera puede evitarse que la comida comprada y no consumida por quienes tienen el poder adquisitivo de poseerla, no la desperdicien, además a que alimentos se refería, pues los hay naturales, procesados o elaborados, lo que en el primer caso permite cuando ya no son necesarios en un hogar, transmitirlos a alguna familia vulnerable, pero en el caso de comida ya preparada, aunque higiénicamente se encuentre en buen estado, se corren riesgos de intoxicación u otra enfermedad.
Muy positivo hubiese sido que Meade hubiera dado el remedio y no solo el trapito a los coahuilenses y en particular a los torreonenses aprovechando su estancia en ese municipio de La Laguna.
El llamado y la invitación del Secretario Federal de Desarrollo Social, seria trascendental les llegara a las organizaciones o corporaciones de cultivos, preferentemente de alimentos o fabricantes de productos lácteos que con regularidad tiran a las coladeras de sus ciudades, miles y miles de litros de líquidos lácteos como una expresión de protesta por los bajos precios o bien a los sembradores o cultivadores de tomate, cebolla, trigo, granos, etc., que emulan a los lecheros al arrojar a las calles sus cosechas cuando no encuentran buenos precios.
A final de cuentas, los laguneros coahuilenses se quedaron nomás con el trapito y ojalá en otra visita de Meade, les dé el remedio completo para no desperdiciar tanta comida. (www.intersip.org)
