Noticias Coahuila, Lideres de Opinión, Reportaje SIP

Guillermo Robles

Después de dos siglos enterrado

OPINIÓN

Por Guillermo Robles Ramírez

Después de dos siglos enterrado

            La importancia al turismo y cultura para el desarrollo de una sociedad no solo es para su identidad comunitaria, sino también para el fortalecimiento de la economía de cualquier entidad debido a su derrame económico.

            Por lo general, éste tipo de inversiones es mucho más vistoso en aquellas partes donde existen playas o zonas arqueológicas, pero esas comunidades en donde carecen de ello no es motivo como para cerrarse las opciones, la cosa es buscarle oportunidades.

            Nunca hay que menospreciar el tamaño de la población porque existen comunidades que pueden tener una característica que los hacen únicos como algún alimento tradicional o alguna bebida, siendo la gastronomía de México una de las más reconocidas en el mundo por su variedad.

             Siempre hay algo nuevo que aprender de ello y hacerlo parte de uno o especial, aunque pasen siglos. Al menos ese fue el caso de la cabecera municipal de Torreón, Coahuila, en donde la historia después de dos siglos floreció nuevamente en 420 metros que se guardaron durante más de dos centenarios casi el doble de edad que la mismísima ciudad bajo la cual fue construida.

            Se trata del Canal de la Perla, en el municipio de Torreón, en donde el encuentro de esta obra hidráulica con los torreonenses actuales, luego de décadas de mutismo, ocurrió de una forma inesperada, ya que se descubrió una bóveda de acceso al hundirse un camión materialista que recababa escombro en acciones de pavimentación dentro del Centro Histórico.

            El hallazgo fue reportado primero al Ayuntamiento y, después, al Instituto Nacional de Antropología e Historia, que de inmediato valoró el lugar y estableció convenios con la administración municipal para iniciar la excavación y conservación.

            De México llegaron las arqueólogas María del Carmen Lechuga, Marisol Salas Díaz y Luz María Mejía, que trabajaron “peinando” el lugar, literalmente en el área, a través de toneladas de tierra, las cuales cubrían el 90 por ciento del canal.

            Fue así que se recabaron más de 100 piezas sepultadas en su interior, que ahora son valuados como vestigios históricos de la vida comunitaria en el poblado, a finales del siglo XIX y principios del XX.

            El Canal de la Perla fue un brazo del Canal Torreón, hoy perdido por completo, y sus orígenes se remontan al año de 1860, debe su nombre a la hacienda que regaba, propiedad en ese tiempo de Feliciano Cobián y que hoy es conocida como Ejido La Perla.

            Este tipo de infraestructura para hacerse del vital líquido fue muy común en esta región durante el siglo XIX, ya que se tiene registro de al menos 10 más, uno de las cuales, es el llamado “Sacramento”, aún está en uso dentro del municipio de Lerdo, Durango.

            Pero en el caso de la Perla, su línea estaba a cielo abierto antes de que se fundara la ciudad, en 1907. Al trazarla, se procedió al embovedado un año más tarde debido a que cruzaba el lugar exacto donde comienza el desarrollo urbano y, con el aumento de los agricultores en los alrededores, era necesario asegurar la higiene del sitio que ya para entonces se usaba como drenaje pluvial.

            El cierre del canal se construyó sólo en el área del centro, décadas después, conforme el crecimiento de su ciudad, los torreonenses utilizaron otro tipo de estructura para abastecerse de agua, principalmente las presas.

            De esta forma, el canal queda en desuso y aunque permanece a las afueras del tajo a cielo abierto, éste va llenándose de tierra por el escurrimiento de arena del Río Nazas y queda totalmente azolvado.

            En tanto, arriba del Canal de la Perla se instalaron los edificios más importantes de la época, que marcarían el desarrollo económico, cultural y social, tales como el Casino de la Laguna, en 1909, y actualmente único que conserva acceso subterráneo al cuerpo del acuífero a través del sótano; otro edificio de aquella época el Banco Chino (1908) donde ocurrió la matanza de los chinos  de manos de los alzados revolucionarios en 1911; el Banco de la Laguna (1907), que fue fundado para dar servicio a los agricultores; el Edificio 1907, que debe su nombre a la inscripción pétrea con que cuenta y fue utilizado en 1940 como taller de elaboración de vidrios espejos y emplomados; finalmente, el Edificio Guerra (1939), centro comercial donde se ubicó la Botica Coahuila.

            Aunque en 1976 la Secretaría del Patrimonio Nacional, del Gobierno Federal, cedió al Municipio los terrenos del canal, éste quedó en completo olvido hasta que le tocó, en pleno siglo XXI, regar nuevamente la historia ya no con agua sino con recuerdos.

            En la actualidad los ediles en turno han aprovechado los recursos para continuar con sus excavaciones, pero lo más importante de ello, es que estos túneles subterráneos han cobrado vida con la visita de muchos turistas, han dejado que su propia obra hidráulica hable por sí mismo.

            En la reinauguración el año pasado del Canal de la Perla, se proyectó hacerlo aún más un espacio turístico en donde tendría un corredor comercial y la posibilidad de un bar no solo para atraer a los laguneros sino a más turistas extranjeros a que la visiten, así como un área para la presentación de eventos musicales, culturales, etc.. (Premio Estatal de Periodismo 2011 y 2013) www.intersip.org