Mi Columna
Hay que esperar más
Por Carlos Robles Nava
Hace 22 años y cinco meses y justo en mes enero de 1994, Canadá, Estados Unidos y México, suscribieron el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), identificado en México simplemente como el TLC, buscándose con ese convenio comercial incrementar las exportaciones entre los tres países, aunque en honor a la verdad, se ha concentrado solamente entre nuestro país y Estados Unidos.
Los comentarios sobre los resultados de este tratado, una vez transcurridos sus primeros 22 años, son tan variados que podríamos decir que empatan entre los que opinan en contra y a favor.
Lo más curioso y sorprendente es que el sector empresarial nacional, tras dos decenas de años transcurridos, al menos durante el mes de enero exponiendo la “urgencias de actuar”, así como replantear, fortalecer y relanzar el tan mencionado TLC, “porque todavía son muchas las áreas de oportunidad para México”.
Hágame usted el favor, en el caso del Consejo Coordinador Empresarial que dejó transcurrir 22 años y hasta ahora hace una “revisión” y llega a la conclusión poniendo en punta de lanza la urgente necesidad de hacer el “replanteamiento” de este viejo contrato, convenio, acuerdo o como se le quiera llamar, cuando que los vecinos del Tío Sam, se preocupan por vender más y no en buscarle seis patas al gato si solo tiene cuatro, por más que le busquen.
El Consejo Coordinador Empresarial, recientemente opino que este acuerdo comercial ha entrado a una fase de relativo estancamiento, señalando que las condiciones están dadas para detonar un vigoroso repunte de la competitividad y el dinamismo económico de la región que compartimos.
Además, destacó expresó una visión compartida y una agenda clara de líneas estratégicas donde el desarrollo regional y la participación de los gobiernos estatales serán fundamentales”.
Propone, por otra parte, trabajar por una mejor conectividad, corredores logísticos y una mayor cooperación en educación e innovación.
Para el sector campesino, al menos las declaraciones de sus dirigentes nacionales y estatales, incluyendo al de Coahuila, el TLC trajo más miseria, hambre y necesidades y algunas de sus organizaciones plantean que jamás debió haberse hecho “semejante” acuerdo comercial.
Empero, los números son el mejor indicativo y orientador respecto a después de 22 años, cuál ha sido la ganancia de México, que de acuerdo a números oficiales entre 1994 y el 2015, nuestro país ha vendido a los estadounidenses cinco veces más partiendo comparativamente a l994.
La industria automotriz es una muestra palpable de lo que trajo a los mexicanos el cuestionado Tratado de Libre Comercio; igualmente la multiplicación de empresas trasnacionales que han encontrado toda una enorme oportunidad de establecer una gran variedad de su ramo.
Si es cierto que a partir de hace 22 años, la producción del área rural de México se desplomo, pero nada tuvo que ver el TLCAN, sino fue el “apretón” que dio precisamente el gobierno federal de Carlos Salinas de Gortari, a los créditos a ejidatarios que con desorden y una elevada corrupción con toda facilidad otorgaban o soltaban dinero vía créditos que normalmente no se recuperaban, los tres bancos nacionales destinados al financiamiento de los campesinos.
En aquellos años, se trataba de los Bancos Nacionales de Crédito Rural, Agrícola y Agropecuario, que se convirtieron en barriles sin fondo, pues se prestaba más y se recuperaba o regresaban a las bóvedas de los mencionados bancos, menos de la mitad y ese porcentaje fue en “buenos” tiempos productivos del campo mexicano.
Las cosas hay que llamarlas por su nombre, aunque duela, respetando en este caso la opinión de quienes den puntos adversos y en contra al Tratado de Libre Comercio. (www.intersip.org)

