Mi Columna
Adopta y no los matarán
Por Carlos Robles Nava

Entre 10 y 12 canes diariamente son sacrificados e incinerados por la Unidad de Control Canino de Saltillo, Coahuila, siendo esa la suerte de toda perra o perro que pulula sin dueño por las calles de colonias de todo nivel.
Del 2010 en adelante y hasta el pasado 2016, en la ciudad capital coahuilense ha crecido el número de canes callejeros que además son sacrificados porque no aparecen sus propietarios y su alza en año pasado fue de un 19 por ciento arriba del promedio general que se venia teniendo.
En los últimos 6 años, el número de esos animales sin dueño y sacrificados por la citada Unidad de Control Canino, ha subido de 2 mil 315 a 3 mil 735.
El año en que más se elevó la cantidad de canes callejeros fue en el 2012 debido al problema que causó la presencia de garrapatas en distintas colonias y por fortuna fue igual el período en que apareció una mayor cantidad de propietarios de esas mascotas capturadas por la Unidad de Control Canino, permitiendo esto el no sacrificio de estos animales, aunque en contrapartida a partir del mencionado año bajo sensiblemente el número de personas interesadas en una adopción.
Dueños de la raza pitbull y ante las versiones que circularon fuertemente sobre la supuesta bravura y ataques a humanos de esta raza canina, infinidad de dueños de éstos, sus originales amos, los arrojaron a las calles irresponsablemente y sin misericordia.
La actitud de esos propietarios de cachorros que sin más no pensarlo lanzan a la calle a su animal, los lleva automáticamente a la sentencia de una muerte segura porque aunque son rescatados por la Unidad Municipal de Control Canino, al poco tiempo, por desgracia, son incinerados ante la incapacidad económica de esa dependencia.
El costo que tiene para la Unidad Canina la permanencia de estos perros, es en promedio de 125 pesos diarios, lo que resulta oneroso para el presupuesto municipal.
Perro que llega al Centro de Control Canino de Saltillo, es animal que termina incinerado, pero antes se le aplica una mezcla de anestésicos para supuestamente tengan una muerte ausente de dolor ni padecimiento.
Esa es la realidad del final de todo can callejero que no tiene la fortuna de ser adoptado por una o un samaritano.
Anímate, adopta un can y no te arrepentirás. Al margen de que son llamados y reconocidos como el mejor amigo del hombre, son cariñosos, fieles y se convierten en una grata e separable compañía, sin faltar los casos en que al final son inseparables de tus pequeños hijos, además de agradecidos con son nuevos años.
Hacerte cargo y adoptar a un perro callejero, es impedir que no lo lleven a una muerte segura, recibiendo a cambio apego y agradecimiento con la cercana e inseparable compañía de quien salvaste ir a una muerte segura porque su anterior amo lo lanzó a la calle. (www.intersip.org)
