Mi Columna
¿Hasta ahora?
Por Carlos Robles Nava

Desde hace años fui un convencido de que si a los rateros les “pegaban” o actuaban por donde más les doliera, bajarían los hurtos y esto por una simple razón, los únicos lugares donde pueden vender, empeñar las prendas ajenas robadas es donde no les piden ni exigen factura u origen de lo que se dejará en supuesta garantía por el dinero recibido.
Esos lugares no son otras partes que las casas de empeño, montepíos o bazares que en el pasado y muy en el pasado, jamás eran molestados por los “investigadores” y “rastreadores” de los objetos robados.
Todavía hace dos o tres meses, los dueños de esos negocios que compran todo lo mal habido, jamás recibían la “visita” de una autoridad policiaca para verificar si lo empeñado tenía una procedencia honesta.
Ignoro las razones por las que a partir de agosto pasado, agentes policiacos iniciaron visitas de inspecciones en los mencionados negocios y al menos hasta el momento han decomisado una enorme cantidad de mercancía sin papeles que demuestren su legal origen.
Se han requisado televisores, radios, muebles diversos, celulares y una interminable variedad de mercancía que no fueron sustentadas con documentos que se trata de objetos legales.
El descaro, pero más que eso, la complicidad entre investigadores policiacos y los propietarios de esos establecimiento de pignoración se comprueba cuando nuestros “detectives” son conminados por sus jefes inmediatos de que tienen que aparecer los objetos denunciados oficialmente como robados y ante la presión de quienes tienen la influencia y el poder de ser “recomendados”, como “por arte de magia” en un santiamén aparece lo hurtado recuperándolo su verdadero propietario.
La “barrida” o combate que están llevando a cabo los cuerpos policiacos ha tenido buenos y efectivos resultados mostrándolo la cantidad de artículos mal habidos y recuperados.
Lo que nuestras autoridades policiacas, al menos la Procuraduría de Justicia del Estado, por ahora no ha dicho cómo y si se procederá conforme a la ley contra los compradores de los artículos robados que estaban conscientes de que eran producto de latrocinios.
Todos, es decir, los dueños de las casas de empeño y las autoridades de la Procuraduría guardan un silencio sepulcral que no hay que ser demasiado inteligente para interpretarlo como una clara complicidad entre los que compran todo lo que sea ajeno y sin factura y los agentes policiacos encargados de hacer las pesquisas respectivas.
El próximo gobierno estatal que está por entrar a partir de diciembre 2017, debe tomar nota para no seguir manteniendo esta coloquial convivencia entre rateros y apara-chuecos o compradores de todo lo mal habido, que por cierto, las ganancias de los propietarios de montepíos vaya que son muy fructíferas y para hacer esa estimación solamente hay que tomar en cuenta que lo robado siempre será valuado al más bajo costo y vendido a precio alto, sobre todo si son alhajas.
Qué caso tiene que nuestra Entidad siga en su ascendente progreso como una de las más prosperas, si seguimos protegiendo negocios chuecos y no se actúa en donde los mismos cuerpos policiacos saben de la existencia y el origen de tantos robos. (www.intersip.org)

