Así lo conocí
Por Liliana García Navarro

Hoy quiero iniciar escribiendo de alguien muy conocido y admirado al cual yo conocí y estuvo en mi vida por unos años del cual aprendí las ganas de vivir y luchar saliendo adelante con valentía durante muchos años.
Hoy les quiero platicar de un hombre valiente; Don Carlos Robles Nava, quien venció una enfermedad. El cáncer que estuvo en su vida del cual venció con mucha valentía porque a pesar de la enfermedad él tenía muchas ganas de vivir, y conocer el mundo.
Fui testigo de sus anécdotas y vivencias con alegría y me decía muchas veces “señora Liliana yo quiero vivir… me gusta la vida”; y así fue como vivió con alegría y disfruto cada momento de su vida a pesar de su enfermedad, Don Carlos o Don Carlitos, como le decían la gente más cercana o con cariño, porque es muy sabido que la gente que tiene tiendita siempre se les antepone el “Don”.
Él era un hombre paternalista, amaba a sus hijos y los procuraba, dándoles siempre un buen consejo. Me platicaba muchas anécdotas de los cuales me hacía reír con su buen humor, le gustaba mucho viajar y sobre todo manejar en carretera. Me toco algunas veces acompañarlo con mi esposo y era muy ameno el viaje ya que contaba muchas historias tanto que se nos hacía muy corto el camino.
También fue un buen abuelo porque le encantaba disfrutar de sus nietos. Los hacía reír mucho; era un gran hombre del cual se le podía aprender muchas cosas. En lo personal aprendí de él muchas cosas; lo admiraba mucho por ser como era y sobre todo como escribía sus columnas. Me tocó verlo todos los días en su oficina y lo primero que hacía era leer el periódico y después escribía sus columnas, yo las leía disfrutando de sus columnas que escribió, hasta el último momento de su vida.
El me respetaba mucho y siempre me hablaba con respeto dándome siempre mi lugar como esposa de su hijo. Me hacía reír en la oficina cada vez que tenía oportunidad repitiéndome “no deje que la explote su marido señora, dígale que le pague el desayuno cuando menos”.
Así como Don Carlos siempre me respetó, me hubiera gustado mucho que también a él le hubieran respetado su última voluntad. En pláticas me decía “señora Liliana yo no quiero que me chamusquen… ya compre mi terrenito”; al final decidieron cremar su cuerpo. En una platica una amiga me dijo que a ella no le gustaría que le rezaran muchos rosarios en su funeral como acostumbran en su pueblo, se lo dijo a su mamá y ella le respondió “hija usted ya va a estar muerta, no tiene voz ni voto”, y tal parece que así le sucedió a Don Carlos.
En lo personal fue un gran orgullo conocerlo y convivir con Don Carlos, quien dejo un gran legado y sobre todo a su hijo Guillermo quien aprendió mucho de su padre, dándole el honor de seguir sus pasos en lo profesional.
Fui testigo que Don Carlos siempre fue un gran admirador de su hijo, Guillermo porque siempre lo leía cada vez que escribía su columna; felicitándolo cada vez que alguna de sus editoriales sobresalía para su gusto.
Recuerdo mucho que él platicaba que su mayor sueño era viajar a Grecia. Sueño que ya no pudo cumplir solo Dios sabe por qué. Lo único que puedo asegurar como su nuera que fui, es que fue un gran hombre quien vivió hasta donde Dios se lo permitió, siempre con mucha alegría y ganas de vivir, así lo conocí y siempre lo recordare así de feliz. Así como sus chistes, aunque los repitiera y uno que otro hasta los inventaba. Por siempre un hombre valiente que venció el cáncer. www.intersip.org




