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Guillermo Robles

Sigue siendo negocio

 

OPINIÓN

Por Guillermo Robles Ramírez

Sigue siendo negocio

 

Mucho hablamos quienes vivimos en Saltillo, del progreso y extraordinario crecimiento que ha tenido en los últimos años la ciudad capital. Nos sentimos anchos y vanidosos cuando presumimos los dos distribuidores viales, aquellos puentes que cruzan por el eje de la ciudad; las vialidades inteligentes y del centro metropolitano, sus camellones luciendo árboles de la región; el nuevo proyecto del alcalde saltillense, José María Fraustro Siller; para ampliar una de las principales avenidas de la capital, el V. Carranza a cuatro carriles.

Hay tantas y tantas cosas que en los últimos años se le ha agregado a la buena imagen de la ciudad capital que confirman que efectivamente hemos crecido y progresado mucho, pero por desgracia, seguimos siendo un rancho. ¡Claro!, un rancho grandote, pero no dejamos de ser rancho.

Las calles de Saltillo, insisto, lamentablemente con cualquier pretexto, son bloqueadas por desfiles, caravanas, carreras pedestres, circos, celebraciones de vírgenes, santos, inicio de la primavera, etc. De hecho, podríamos decir que las calles que son de todos, pero desafortunadamente están al mejor postor y, que con cualquier pretexto y motivo se obstruyen causando un caos vehicular. Aunque también hay que agregar que cada vez son más los camiones que surten al comercio de diferentes servicios como los refrescos, mercancía entre otros más que debido a sus dimensiones grandes invaden medio carril y parte de la banqueta, sin importar si hay un elemento de tránsito sin que le diga nada.

Pero aparte del caos vial que provocan en el primer cuadro de la capital de Coahuila, aquellos negocios de oficina e instituciones educativas son invadidas por el ensordecedor ruido que entra por el batiente de puertas y ventanas en la zona comercial, todo tipo de desfiles publicitarios. Los hay desde camiones de reconocidos refrescos que llevan adelante y atrás motocicletas, carros con altavoces para anunciar promociones, y circulando lentamente, provocando la molestia y enojo del resto de los conductores que necesitan continuar su camino. Es insoportable el ruido momentáneo que interrumpe las labores de oficina y estudios de ese sector.

El trepidante ruido de las bocinas de este tipo de publicidad siempre provocaba que retumben los ventanales de las oficinas y comercios de las calles que recorre el ¨ gran desfile ¨.

No es algo que suceda ocasionalmente, sino que cada vez es más frecuente, pues cuando no es para anunciar un refresco, es una pizza, o para promover alguna marca de cigarrillos, telefonías, autos, carrera automovilísticos, lucha libre, kermeses, peregrinaciones, etc.

Ignoro si el ingreso por el cobro de los permisos para usar y obstaculizar las calles de todos quienes vivimos en Saltillo, representa un ingreso importante como para anteponer el orden y buena imagen de la ciudad capital de Coahuila y que siga marcándose a la ciudad capital, pese a su crecimiento y progreso, como un rancho grandote. De lo que estoy seguro es de que el otorgamiento de esos permisos sigue siendo un buen negocio.

Aunque en la medida que escribo esta columna también me hace reflexionar y me cuestiono; ¿si realmente existe un permiso para ello o simplemente quienes promueven el ruido publicitario y culpable del tráfico causado por la misma campaña?, es decir, se cobra o no un permiso o simplemente se lo pasan por el arco del triunfo el reglamento de ecología sobre la contaminación del ruido. (Premio Estatal de Periodismo 2011 y 2013, Presea Trayectoria Antonio Estrada Salazar 2018, finalista en Excelencia Periodística 2018 representando a México) www.intersip.org