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Guillermo Robles

Un día guardado en el baúl

OPINIÓN

Por Guillermo Robles Ramírez

Un día guardado en el baúl

En una reunión improvisada pero llena de cariño con unas cuantas amistades, aprovechando que hoy es día de asueto, se me ocurrió preguntarles si sabían el motivo real del descanso. La carcajada no se hizo esperar. Alguien soltó de inmediato que eso era lo de menos, que a casi todos los mexicanos nos pasa igual: el feriado llega y punto, sin más reflexión.

Y es que, en el fondo, muchos lo vemos solo como un derecho laboral ganado, un respiro obligatorio, sin detenernos a pensar en su origen o en lo que representa. Ese conformismo tan nuestro, esa mediocridad cómoda de conformarnos con saber que «…es descanso obligatorio y ya…», ha ido diluyendo el sentido cívico que deberíamos tener todos.

Me pregunto seriamente si, a estas alturas, nos hemos ganado de verdad ese día libre, o ¿solo lo disfrutamos porque la ley lo manda?. Y si es un derecho conquistado con sangre y lucha, ¿qué hemos hecho nosotros, en lo personal, para defenderlo, preservarlo o al menos entenderlo?; ¿cuántos hemos salido a la calle a exigir que se cumpla la ley, o a protestar cada vez que no se respetan tus derechos?

Para comprobar que no exagero, basta con salir y preguntarle a la primera persona que pase: «¿Por qué el lunes no se trabajó?» o, mejor aún: «¿Qué se conmemora el 5 de febrero próximo?».

Y estoy seguro que las respuestas suelen ser desconcertantes: «Ni idea…», «Pues quién sabe», «A mí qué me importa», o directamente un silencio incómodo seguido de una sonrisa que dice más de ignorancia que de indiferencia.

Esas frases se repiten una y otra vez, como un eco que refleja lo desconectados que estamos de nuestra propia historia. El 5 de febrero marca la promulgación de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos de 1917, esa Carta Magna que, con sus luces y sombras, sigue siendo la norma fundamental que rige al país.

Es un documento nacido de la Revolución, que incorporó derechos sociales avanzados para su época: el reparto de tierras, la protección al trabajo, la educación laica y gratuita, la soberanía sobre los recursos naturales.

Sin embargo, con el paso de los años, ha sufrido cientos de modificaciones. Según datos oficiales de la Cámara de Diputados y otras fuentes, hasta octubre de 2025 se han publicado alrededor de 278 decretos de reforma, que han tocado más de 800 veces distintos artículos. Algunos cálculos hablan de más de 270 reformas constitucionales en total desde 1917, dejando solo un puñado de artículos, quizá unos 17 o 19, en su redacción original.

Seis presidentes en particular concentraron buena parte de esos cambios, pero lo cierto es que cada nuevo gobierno llega y le pone su «parche»; una adición aquí, una supresión allá, sin una revisión profunda.

Con el tiempo, esa fecha ha perdido peso. El 5 de febrero ya no se vive como celebración de un pacto social fundacional, sino como un pretexto para un puente largo o un día extra de descanso. El primer lunes de febrero, que en años recientes ha caído cerca, como en 2026 fue el 2 de febrero, se convierte en asueto obligatorio por ley, pero pocos recuerdan por qué.

Para muchos, la Constitución es solo un montón de páginas con palabras bonitas, leyes que suenan bien en el papel pero que en la realidad se doblan o se rompen según quien tenga el poder, el dinero o las influencias políticas.

La corrupción en instituciones municipales, estatales y federales ha hecho que derechos constitucionales se interpreten a modo, que la justicia se vuelva selectiva y que vacíos legales se aprovechen para beneficiar a unos cuantos.

Hay quien dice que la Constitución de 1917 ya no está bien hecha para los tiempos actuales, es decir, tiene demasiadas garantías individuales, es rígida en algunos puntos, y no se ha actualizado lo suficiente para enfrentar retos modernos como el comercio internacional, los tratados globales, como el T-MEC, la digitalización, la migración masiva o las nuevas formas de desigualdad.

Sus grandes reformas originales que fueron, solo tres modificaciones sustanciales en su historia respondieron a los ideales de la época posrevolucionaria, con Venustiano Carranza al frente: garantizar la propiedad de la tierra, la seguridad de las personas, los derechos laborales y la soberanía nacional.

Desde entonces, lo que hemos visto son «remedios» temporales, parches que no resuelven problemas de fondo. Muchas reformas, sobre todo desde los años 80 y 90, parecen pensadas más para favorecer intereses políticos, empresariales o sindicales que para mejorar la vida del mexicano común.

Se habla de «transformaciones» que en la práctica exprimen más al bolsillo familiar con menos poder adquisitivo, sin generar empleos dignos ni detonadores de crecimiento real. Y, al contrario, solo aumentan la precariedad, el hambre y la desconfianza. Y mientras tanto, líderes sindicales aferrados al «hueso» y políticos que de la noche a la mañana se convierten en grandes empresarios gracias a conexiones públicas.

Es cierto que las leyes secundarias no pueden contradecir la Constitución, pero en la práctica el sistema se ha vuelto disfuncional. La gente siente que «en México no hay leyes» porque la aplicación es arbitraria, la impunidad reina y la corrupción permea todo. Por eso, para muchos, celebrar el 5 de febrero suena vacío: ¿qué hay que festejar si la Carta Magna se ha convertido en un instrumento que a veces protege más a los poderosos que a los ciudadanos de a pie?

Una Constitución, obsoleta o no, siempre será clave en cualquier nación. Ahí están escritos los derechos y obligaciones que permiten que una sociedad funcione con cierto orden y armonía. Pero la realidad mexicana clama por una reestructuración de fondo; no más parches, sino una actualización seria que responda a un país inserto en la globalización, con desafíos que en 1917 nadie imaginaba. Hace más de 109 años se promulgó pensando en un México rural, agrario y posbélico; hoy necesitamos una que mire al futuro sin perder su esencia social.

Al final, la pregunta queda en el aire: ¿por qué hemos dejado que un día tan importante se reduzca a un simple descanso? ¿Qué opinas tú? ¿Crees que vale la pena recuperar el sentido de esa fecha, o ya es tarde para que la Constitución vuelva a ser algo más que un recuerdo guardado en el baúl? (Premio Estatal de Periodismo 2011 y 2013, Presea Trayectoria Antonio Estrada Salazar 2018, finalista en Excelencia Periodística 2018 representando a México, Presea Trayectoria Humberto Gaona Silva 2023) www.intersip.org