OPINIÓN
Por Guillermo Robles Ramírez
Doble moral en la Plaza Mayor

No es lo mismo ver los toros desde la barrera que torear, y así fue como se vieron las cosas desde la banqueta de la Plaza Mayor. El pasado martes 21 de abril de 2026, poco después de las ocho de la mañana, más de mil doscientos trabajadores del Ayuntamiento de Torreón cerraron con cadenas y candados los accesos a la Presidencia Municipal.
La misma plaza donde uno va a pagar el predial o a quejarse del bache amaneció muda. Ni ventanillas, ni trámites, ni un alma adentro. Solo pancartas y caras serias. Tres horas después, todo había terminado. Los inspectores de Plazas y Mercados volvieron a sus puestos. Pero la herida, lagunera, esa quedó abierta y sangrando.
La verdad es que uno, con más de cuarenta años cubriendo estos pleitos del norte, ya ha visto de todo. He llenado libretas a mano con tinta que se borra, sentado en cafés con funcionarios o algunos quienes alguna vez lo fueron, o platicando con gente que viene a desahogarse.
Pero este paro tenía un sabor distinto. No era por sueldo ni por prima. Era por desconfianza pura. Rosalva Rodríguez Silerio, la secretaria general del sindicato, lo soltó sin rodeos: “No nos notificaron, no nos dieron pruebas, simplemente nos corrieron de nuestros puestos”. Veintidós inspectores, suspendidos de la noche a la mañana.
Acusados de irregularidades, de corrupción en los mercados, de quién sabe qué. Y sin un papel en la mano, sin audiencia, nada. Y del otro lado, el alcalde Román Alberto Cepeda González y su equipo respondieron con lo de siempre: “Hay quejas ciudadanas, hay observaciones de Contraloría y la ley dice que esos puestos son de confianza”.
Y como decimos en los laguneros, “!ande no!”, no más piensen en lo que pasó al mismo tiempo. Mientras los inspectores estaban en la calle, la Auditoría Superior del Estado de Coahuila ya había señalado, en su informe del ejercicio 2024, más de 421 millones de pesos aplicados de manera irregular en Torreón. Cientos de observaciones.
Y la Auditoría Superior de la Federación, en febrero de este 2026, soltó otra bomba: 378 millones de pesos en probable daño al erario por falta de documentación comprobatoria. Facturas que no cuadran, pagos sin respaldo, incluso a empresas que levantan sospechas. Eso sin contar los 57.9 millones del 2022 que la ASF ya turnó a la Fiscalía General de la República porque nunca se aclararon en dos años.
¿Y sabe qué? El alcalde sigue en su silla. Sin suspensión. Sin que le cierren las puertas del palacio. Sin que nadie le ponga candados a su oficina. Ahí está la grieta que duele de verdad.
Los 22 inspectores caen en horas por “irregularidades” que nadie ha probado todavía. El alcalde, con cientos de millones señalados por las dos auditorías más serias del país, sigue dando informes, anunciando obras y hasta cambiando el organigrama como si nada.
La gente en la plaza lo comenta bajito, pero con rabia: “Robán”, le dicen algunos. “Mientras corren a los de abajo por chismes, al de arriba ni lo rozan”. Rumores, sí. Pero rumores que nacen de ver cómo el agua escasea en colonias enteras y la gente murmura que los recursos se fueron por otro lado. Rumores que se escuchan en las esquinas de Juárez y Acuña, donde el taxista te suelta: “!Ande no!… yo entiendo a los trabajadores, pero también entiendo que si cierran todo perdemos nosotros… y mientras, al mero mero nadie lo toca”.
La verdad, yo he visto esta película antes. En 2016 y 2018, bajo otras administraciones, el mismo sindicato emplazó a huelga por aumentos y condiciones. Se resolvía con un café y una promesa. Pero nunca con este sabor a doble moral.
Y el motivo fueron en esta ocasión, los de Plazas y Mercados, esos que cobran derechos y verifican ambulantes, siempre han sido el eslabón más débil.
Gente que gana poco, que aguanta el sol y las quejas del pueblo. Algunos se pasan de listos, claro. Pero correrlos sin pruebas mientras arriba hay millones sin justificar… eso huele a cinismo. A hipocresía pura. El sindicato torció el brazo en tres horas. El alcalde no cedió por generosidad; cedió porque el peso de los cuerpos en la puerta era más fuerte que cualquier auditoría que él pueda ignorar.
Y la gente de Torreón, la de a pie, la que paga impuestos y sufre el calor que no perdona, se queda con la sensación de que el palacio ya no es de todos. Es de unos cuantos que saben moverse. Doña Lupe, que va cada mes a pagar su recibo, se regresó rezongando aquel martes: “Otra vez los pleitos de arriba mientras nosotros esperamos”.
Un comerciante de la colonia Centro me platicó después: “¡Al chile!…, si a los inspectores los suspenden por sospechas, ¿por qué al alcalde con 378 millones de la federación no le pasa nada?”. Esa pregunta flota en el aire lagunero. Porque aquí en el norte todavía creemos que la ley debe ser pareja. Pero la realidad enseña otra cosa: para los de abajo, suspensión inmediata. Para el de arriba, blindaje total.
Yo no vengo a defender a nadie. Ni al sindicato ni al alcalde. Los sindicatos municipales no son santos; representan a gente que limpia calles y atiende mercados, pero también hay quien se acomoda. Y el alcalde tiene derecho a defenderse, a decir que algunas irregularidades vienen de atrás o que las está aclarando.
Pero cuando las auditorías estatales y federales gritan al mismo tiempo y nadie mueve un dedo para suspenderlo, mientras sí mueven montañas para correr a 22 empleados… ahí se ve el doble rasero. Ahí se siente la hipocresía. Y la gente, que no es tonta, lo huele. Por eso el paro no fue solo por los inspectores. Fue un grito de “¿y nosotros qué?”.
Al final del día, las puertas se abrieron. Los inspectores regresaron. La presidencia volvió a la normalidad. Pero algo quedó flotando: esa sensación de que en Torreón la justicia es selectiva. Que las irregularidades duelen más cuando las comete el de abajo. Y que la confianza, esa que se rompe fácil, tarda mucho en volver. La verdad y lo digo porque soy de allá, en estas tierras laguneras nunca han faltado los pleitos. Lo que falta, a veces, es que se resuelvan con la misma vara para todos. (Premio Estatal de Periodismo 2011 y 2013, Presea Trayectoria Antonio Estrada Salazar 2018, finalista en Excelencia Periodística 2018 representando a México, Presea Trayectoria Humberto Gaona Silva 2023) www.intersip.org



